Cuentas Rendidas en la Coyuntura | P. Sosa, Ec. G. Cultelli

Rendición de Cuentas, Udelar Parlamento Educación Astori

 

“Sin tirar el niño, el agua y la bañera juntas”, al decir de Alejandro “Pacha” Sánchez, o sea, sin dejar de reconocer que el proceso frenteamplista ha incrementado -por ejemplo- el gasto educativo por alumno como nunca antes, entre tantos y tantos avances que ha tenido Uruguay en estos 12 años, lo más importante es trabajar por dónde seguir avanzando, sobre todo en esta ajustada coyuntura.

Si observamos la coyuntura mundial y regional, aún estamos lejos de pensar la estabilidad necesaria, al menos para vislumbrar los efectos en el mediano plazo de los cambios mundiales a nivel imperial que estamos viviendo, en el marco de una crisis de los países centrales y con repercusiones regionales que aún no parecen ceder sino que, por el contrario, se alzan dando base a la singularidad del ciclo actual.

A nivel nacional, y en dicho marco externo que no podría caracterizarse como muy feliz que digamos, una vez más se demuestra la importancia de la política económica pasada inmediata para definir el presente. O sea, gracias a la inversión realizada en las empresas públicas en años pasados, no corrimos la misma suerte que otros países, pudiendo mantener el crecimiento e incluso, ya para este último año, se podría hablar de empujarlo. Es que desde 2015 la mayor parte del aumento del PBI se justifica en la producción y comercialización de las empresas públicas.

El crecimiento para 2015 fue de apenas 0,5%, para 2016 fue de 1,5%, teniendo en cuenta que el aumento interanual del PBI superó el 4% entre los primeros trimestres de 2016 y 2017. Sin embargo, la Rendición de Cuentas, y dado el escenario tan inestable que señalamos antes, estima un muy moderado aumento del 2% para 2017. “Muy moderado” porque basta observar que, con la variación interanual ya acaecida, aseguramos desde el primer trimestre el 1%; dicho de otra manera: si el resto de 2017 no tuviera más crecimiento, igual asegurábamos un piso del 1%, por tanto es presumible que al cierre de 2017 el PBI se comporte por encima de la última previsión citada. Diversos analistas privados corrigieron al alza sus pronósticos, promediando el 3%, y el Banco Mundial proyecta un 2,8%.

De todas maneras, no resulta oportuno situar el corazón de la discusión en si estimamos que el PBI pueda crecer medio punto más o menos. Hoy más que nunca la discusión tiene que estar situada en la mejora de la distribución de los ingresos, sobre todo de la riqueza acumulada, y ello con el fin de continuar creciendo en momentos en que muy poco podemos esperar de la inversión que no sea pública, por el flaco dinamismo del sector privado; y ese estímulo a la inversión pública depende en mucho de políticas orientadoras especialmente concretas y específicas, dada la vulnerabilidad de los mercados antes mencionada. 

Recordemos al mismo tiempo que además del consumo o inversión pública, lo que ha sostenido hasta ahora el crecimiento es el consumo de los hogares, por lo que sería muy poco oportuno ajustar por el lado de los ingresos de la población, o sea salarios y por ende pasividades, reconociendo que estos han mantenido su senda ascendente, aunque a un ritmo menor.

Es la hora, es la hora…

De lo expuesto surgen las medidas que venimos planteando desde el año pasado: estudiar y limitar exoneraciones; aumentar 50% las tasas del Impuesto al Patrimonio (por ejemplo, de 0,70% a 1,05%), lo que implicaría más de 90 millones de dólares (datos 2016); re-crear el Impuesto a las Herencias que como tal ya no existe en Uruguay (existe a las Transferencias Patrimoniales); llevar al 12% el IRPF.I al reparto de dividendos (equiparando las tasas), con una recaudación adicional estimada en más de 20 millones de dólares. 

A estas medidas que gravan la riqueza se agregan otras que resuelven inequidades: gravar las compras por internet al exterior; gravar las remesas al exterior, vinculándolo a un estudio relacionado a los países con que Uruguay tiene acuerdos de protección de inversiones; eliminar (o al menos limitar) la devolución FONASA, teniendo presente que en 2016 el déficit de FONASA ascendió a 526 millones de dólares y que por concepto de reintegro de esos aportes se desviaron hacia los que más tienen 125 millones de dólares; agregándose la reforma de la Caja Militar y el impuesto que la sostiene, ya en discusión en el Parlamento. 

Se reconoce además que un aspecto de otras medidas propuestas también se incorpora en esta Rendición de Cuentas, como una parte de lo planteado relativo a los juegos de azar (IRPF a los premios), aunque aún no hemos logrado gravar a los juegos de casino y otros. 

La cuestión impositiva es discutida en todas partes, pero hay que tener presente que en Uruguay la presión fiscal (el peso de los ingresos públicos tributarios en el PBI) es baja. Por ejemplo, si lo comparamos con los 76 países de la OCDE, Uruguay se encuentra en el lugar 46, por debajo de Brasil, Argentina y otros de la región. Para que se tenga una idea: mientras que en países como Francia, Italia, Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia y Suecia la presión fiscal supera con creces el 40% del PBI, en Australia el 27% y en Nueva Zelanda el 32%, en Uruguay apenas supera el 25%, quedando por debajo de países de la región como Brasil y Argentina. 

En síntesis, si no cambiamos un poco la pisada por este lado, resulta muy difícil hablar de estímulo real a la inversión y por ende a la producción futura, por lo tanto al empleo, y también resultará difícil aumentar gastos necesarios como los relativos a la educación, al sistema de cuidados, pensar una renta básica universal real y tangible, o mejor aún, pasar de la categoría salario mínimo a salario digno para las y los más pobres.

 

                                                                         Ec. H. Tajam, Ec. G. Cultelli, D. Reyes y P. Sosa - www.economiapolitica.uy