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El 6 de abril se presentó el MPP en una conferencia de prensa. Las mayores novedades estaban en lo organizativo, donde se establecía que los grupos de base eran “la columna vertebral del movimiento”, que la dirección política sería elegida por el voto secreto de todos los militantes, y que lo mismo se haría para definir las listas de candidatos electorales, prácticas desconocidas hasta ese momento en la política uruguaya. De momento, entre la dirección y las bases quedó un amplio espacio vacío que de inmediato fue llenado por grandes asambleas donde se discutía todo, donde se expresaban mil voces de forma igualitaria.
Luego vendría el tiempo de la creación de direcciones intermedias y departamentales, buscando crear estructuras más estables que dieran continuidad, coherencia y eficiencia.
Otras definiciones importantes apuntaban a amalgamar esa rara mezcla de organizaciones políticas y militantes independientes, que debían confluir “en un pie de igualdad” en los grupos de base. Las organizaciones, decían los documentos, “no están obligadas a disolverse ni a renunciar a su propia identidad”. Allí estaban el MLN, el PVP (Partido por la Victoria del Pueblo, de raíces anarquistas), el MRO (Movimiento Revolucionario Oriental, que desarrollara lucha armada antes de la dictadura), y el PST (Partido Socialista de los Trabajadores, de definición trotskista, vinculado a la Cuarta Internacional).
Fuera del MPP había grupos de otro tipo que tampoco querían disolverse ni renunciar a su identidad: el 4 de mayo, en pleno día, estalló una bomba en la puerta del local del PVP. El 18 de mayo se realizó el primer acto público del MPP, al que asistieron de 6 a 7.000 personas. La consigna principal marcaba el momento político: “con el FA sin exclusiones, contra el hambre y la impunidad”. El 20 de mayo el Frente Amplio aprobó el ingreso del MLN, abriendo un amplio campo para el desarrollo del MPP.
El 6 de julio el MLN comunicó su decisión de no presentar candidatos propios para las elecciones nacionales de noviembre. Se ubicó esa inusual postura en el campo de lo emotivo, en la subjetividad de “viejos militantes que han sido dirigentes en un proceso donde se cometieron errores que costaron vidas humanas y se cosechó una derrota”. Y también se hizo referencia al proceso de reconstrucción del MLN, aún no culminado, donde se intentaba no perder “el más mínimo gramo de energía revolucionaria, tratando de ir con todo nuestro pasado a cuestas, lo que hace que tengamos una relación más lenta con nuestra propia historia”. Los candidatos del MPP salieron de una elección popular abierta, donde votaron 9.000 personas.
El MPP decidió que establecería para sus parlamentarios un salario “que proporcione una vida decorosa y que en carácter de única entrada asegure un correcto desempeño y dedicación a la tarea”. Estos representantes se comprometieron a “brindar informes populares cada seis meses” en lugares públicos, a micrófono abierto, para “recibir críticas y sugerencias”. Asimismo se obligaron a entregar las bancas si la organización lo solicitaba.
En noviembre triunfó el Partido Nacional (720.000 votos), seguido por el Partido Colorado (560.000), y detrás el FA (395.000, casi los mismos de 1984). El Nuevo Espacio, escindido del FA, obtuvo 166.000. En Montevideo, ciudad que tiene la mitad de la población del país, triunfó el Frente Amplio.
Dentro de la izquierda predominó el Partido Comunista con sus aliados (185.000 votos), luego los socialistas (88.000), la Vertiente Artiguista (nuevo reagrupamiento, 62.000), y el MPP (42.000). Con estos votos el MPP obtuvo dos diputados y dos ediles en la Junta Departamental de Montevideo. Algunos emepepistas integraron el gabinete del primer intendente de izquierda de la capital, Tabaré Vázquez.
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