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En Uruguay el período de gobierno de Luis Alberto Lacalle (Partido Nacional), entre 1990 y 1995, se caracterizó por una ofensiva ideológica y práctica del neoliberalismo, que se propuso privatizar propiedades y actividades del Estado, reduciendo su papel regulador, desmantelar el Estado de Bienestar y las leyes laborales, y propagandear una visión de la vida que cantaba loas a la perfección del mercado y a las virtudes del individualismo y el consumismo. Un primer MERCOSUR neoliberal (Menem en Argentina, Collor de Mello en Brasil y el general Rodríguez en Paraguay) justificó la rebaja de aranceles y la desindustrialización, que generaron desocupación y marginación social como nunca antes se había visto en el país.
Esta ruptura del tejido social tendría consecuencias también en lo político. En un contexto de explosiva desocupación y empobrecimiento se debilitaron los sindicatos y organizaciones sociales, y se incrementaron las ocupaciones de tierras y los “asentamientos” en el cinturón montevideano.
La resistencia se expresó en un referéndum que derogó algunas privatizaciones de empresas estatales, con un 72.5% de los votos.
El Frente Amplio fue golpeado por la crisis del socialismo real y por diferencias acerca de la acción política de cara a las elecciones de 1994. Se produjo un recambio de liderazgo al quedar en amplia minoría la postura de Seregni y el senador Astori, que propugnaban firmar un acuerdo sobre reforma constitucional con los partidos tradicionales, resignando un posible triunfo. Se da la ampliación de la izquierda con el Encuentro Progresista, se define la fórmula Tabaré Vázquez – Nin Novoa, y el general Seregni renuncia a la presidencia de la coalición. Paralelamente a este cambio de conducción se da una aceleración de la centralización del poder en el núcleo dirigente, desvaneciéndose las intermediaciones entre este grupo y los votantes.
En las elecciones triunfa el Partido Colorado y Sanguinetti vuelve al gobierno, pero se acortan las distancias entre lemas: 631.000 votos los colorados, 607.000 el Partido Nacional, y 603.000 el Encuentro Progresista. En Montevideo volvió a ganar la izquierda, con un 44%, y Arana será el intendente.
Las fuerzas internas de la izquierda se reordenaron así: el grupo del senador Astori 240.000 votos, los socialistas 110.000, la Vertiente 56.000, el Partido Comunista 56.000, el MPP 44.000, Nin Novoa (que pasara del Partido Nacional al Encuentro Progresista) 31.000, CONFA (ex comunistas) 31.000, Demócratas Cristianos (que volvieron a la izquierda) 19.000. El PVP, obtuvo 6.500 sufragios.
El desarrollo y el accionar del MPP en este sexenio tuvo aspectos positivos, en su implantación y su trabajo social y político, oponiéndose al empuje neoliberal, logrando un lugar en la izquierda y en la política uruguaya. También aparecieron tempranas contradicciones internas entre “un” MPP que participaba en el gobierno de Montevideo y “otro” que se movilizaba contra algunas políticas del mismo gobierno.
El Primer Congreso del MPP en 1990 había definido una “estrategia política de poder popular” que combinaría la movilización desde abajo con las acciones de la administración frenteamplista, pero en la práctica no se operó esa conjunción. En el Segundo Congreso, realizado en mayo de 1994, se produce el alejamiento del PVP, que planteaba respaldar al gobierno de izquierda con una política más transaccional. Entre los que no se van quedan planteadas las diferencias que llevarán a la división de 1999, y que tienen que ver con esa actitud frente a la institucionalidad.
Un momento difícil en este sexenio fue la represión en torno al Hospital Filtro, en agosto de 1994, donde mucha gente manifestaba por el derecho de asilo de ciudadanos vascos que iban a ser extraditados a España acusados de pertenecer a ETA. Además de los muertos y heridos que quedaron en las calles tras la acción policial, el gobierno cerró la radio CX 44, perteneciente al MLN.
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