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Un compañero que se ganó el reconocimiento y tuvo el privilegio de llegar a los más encumbrados puestos de lucha en cada una de las organizaciones en las que militó.
Sin duda alguna sus cualidades personales le valieron que se le confiaran las mas altas responsabilidades a las que cualquier militante de izquierda pueda llegar a tener y , sin embargo, jamás andaba diciendo por ahí que tenía tales o cuales “cargos”.
Es más, muchas compañeras y muchos compañeros con quienes compartía regularmente ni siquiera saben, y seguramente se sorprenderán, al enterarse todas las actividades militantes y responsabilidades que le habían sido confiadas.
Daniel era un militante de izquierda muy especial.
Se encontraba consigo mismo en la militancia, esa era su vida.
Conocer la realidad, para transformarla.
Ir a la raíz del problema, para encontrar la solución.
Un radical de verdad, no de los que ahora quiere vender la prensa.
Radical no se es por aparentar estar un poco más a la izquierda que el otro, por estar en contra de, o a favor de, o por gritar un poco más que el otro.
Daniel tuvo, toda su vida, una práctica de militancia radical en el sentido mismo de su esencia.
Desde la raíz del problema, proponía la solución.
Tenía, entre otras tantas, una gran virtud: una capacidad de análisis de 360º realmente envidiable.
Era capaz de analizar una situación desde todos los ángulos posibles que estuvieran a su alcance, o de los que él tuviera información.
Enriquecía cualquier discusión, aunque no se compartiera la opinión que tenía.
Permitía discutir con altura y elevaba la mira siempre un paso más adelante.
Capaz de discutir durante horas defendiendo sus convicciones, pero incapaz de faltar el respeto o insultar.
Duro, pero muy respetuoso.
No era nada fácil discutir políticamente, aún compartiendo parcialmente su posición.
Tenía una cualidad más que destacable: sabía de lo que hablaba; y si no sabía lo reconocía, se informaba, estudiaba y después discutía.
No tenía pelos en la lengua, ni sombras que le asustaran; no debía favores y decía lo que pensaba sin importarle con quien se tuviera que enfrentar.
Le valió reconocimientos, pero también ingratitudes y falsedades de quienes (aunque disfrazados de “compañeros”) se esconden tras las miserias humanas que afloran en los comunes de los mortales.
Era un militante de perfil bajo, con un gran compromiso.
El era de los que hacía lo que se debe hacer, sin alharacas.
Si se tiene una responsabilidad, hay que cumplirla, y punto.
Cuando no se puede cumplir o se tiene la convicción que no se está cumpliendo a cabalidad, uno debe dar un paso al costado y dejar el paso a quienes lo hagan a conciencia; esa era su práctica.
Su vida militante la desarrolló plenamente en todos los ámbitos en los que nos podamos imaginar a un revolucionario de izquierda: tenía una base en la militancia social, una base en la militancia progresista, una base en la militancia ideológica revolucionaria, una base en la militancia política territorial de izquierda.
Concebía su vida como una militancia.
Su organización base, era su familia.
Te transmitía la necesidad que tenía de estar con Ismael (su hijo) y con Patricia (su compañera). El andaba con el impreso de los horarios del 582 en el bolsillo para planificar su tiempo, porque tenía que ponerle límite a su participación en las reuniones para poder estar (aunque sea), un rato por día con su familia.
Realmente disfrutaba cuando estaba de vacaciones. Ahí se sentía que de alguna manera compensaba todo el tiempo que le restaba durante el año.
Nos contaba de lo importante que era tener esas caminatas, de ir a la playa; de ese tiempo propio de entera disposición y de ese tiempo de disfrute y de goce para con su familia.
Era un tipo muy estructurado al que le costaba romper los moldes clásicos, pero se esforzaba y mucho por entender la nueva realidad de la juventud, pues le desvelaba entender mejor a Ismael: por ayudarlo, sin hacerle; por orientar, sin decir qué hay que hacer; porque hiciera su propia experiencia de vida, con los temores naturales que todos tenemos.
Daniel, fue un luchador de toda la vida.
Militante sindical desde siempre.
Un trabajador.
Un trabajador comprometido con su clase y comprometido con la idea revolucionaria de transformación social.
Comenzó su militancia en la orgánica del movimiento sindical, en la UNTMRA. En momentos de efervescencia militante, a la salida de la dictadura encabezó, junto a otros compañeros, más de una huelga.
Eternas e interminables discusiones de tendencias; largas y ricas tertulias sobre tácticas y estrategias, sobre procesos de acumulación y sobre cambios revolucionarios, sobre pactos y lucha, tiñeron su militancia, forjaron su personalidad e imprimieron una matriz que le permitió desenvolverse en la vida con éxitos y fracasos circunstanciales, ya que en definitiva, todos son experiencia acumulada para la siguiente lucha.
Ingresó a la Intendencia de Montevideo (por concurso) en noviembre de 1993.
Como no podía ser de otra manera, hizo su trillo, sembró las semillas y cosechó parte de lo que sembró.
Seguirá PRESENTE y cosechará todo lo que sembró.
Con una práctica de la militancia social no partidizada, sino política, logró el reconocimiento de sus compañeras y compañeros de trabajo.
Miembro, por tanto, del Comité de Base de su sector de trabajo (Tránsito); miembro alterno en distintos períodos del Consejo Ejecutivo de ADEOM; y llegó al último Congreso del PIT-CNT, siendo miembro de la Mesa Representativa (es decir, integrante de la Dirección Política del Movimiento Sindical).
Sustentado en las definiciones de estrategia y táctica de las organizaciones políticas en las que militaba (MLN- Tupamaros y MPP), practicaba la tesis de que el movimiento sindical si bien debía analizar todo políticamente (pues se mueve en medio de la política), no debía actuar en base a intereses político-partidarios, sino en base a intereses de clase.
Ello le obligaba a un análisis político permanente y en la concepción radical más pura encontrar los motivos del problema y buscar los mejores caminos que fueran posibles de acuerdo a la visión estratégica. atendiendo al problema no como el centro de la vida sino como una coyuntura más de las tantas que deberemos sortear los trabajadores en camino hacia la liberación.
Fue siempre un impulsor de la organización de los trabajadores, allí donde le tocó militar.
En algunos casos esas organizaciones perduraron, en otros fueron vapuleadas por la vida, pero sembraron semillas de experiencia que en algún momento se recogerán; lo cierto es que sin dudas fueron todas una experiencia para quienes participaron y allí quedó una acumulación que algún día florecerá.
Daniel, el Tupa. Cultivó los valores revolucionarios como pocos.
Un compañero con el prestigio que su práctica de vida le había dado, le valió el reconocimiento de ser electo y actualmente era miembro del Comité Central del MLN-Tupamaros.
Uno de los legados más importantes que nos dejó es la práctica de los Valores Ideológicos Básicos.
Un militante que con humildad, abnegación, entrega, espíritu de sacrificio, ética, honestidad, respeto por las personas y por las organizaciones en donde participa, supo hacer de estos valores un estandarte de su paso entre nosotros.
No daba un paso sin pensar, y siempre pensaba dos pasos más para adelante.
Armonizaba la estrategia y la táctica como muy pocos tienen la cualidad de hacerlo.
Tan inteligente como humilde, ejemplo de buena persona; a la hora de moverse en la militancia tenía bien claro que lo importante no era que se dijera que la propuesta surgía de sus neuronas, sino que lo importante era que las cosas se hicieran, porque su objetivo estaba mucho más allá de las vanidades y del reconocimiento personal.
En el MPP encontraba la expresión militante territorial y de la orgánica política social, y ahí desarrollaba su vínculo de militancia con todo el país. Venía de ocupar importantes responsabilidades en el Ejecutivo de la organización política y actualmente participaba de la Dirección Nacional del MPP.
Militaba, lógicamente, en la Agrupación de Base de Municipales (por su trabajo) y consecuentemente con ello participaba de la orgánica del Regional Montevideo y del Frente Social.
Siempre crítico y autocrítico, como buen revolucionario, aportaba una experiencia y un conocimiento que nos enriquecía.
Daniel, El Comandante, una semana antes de dejarnos físicamente, cuando aún podía hablar algo, ante el requerimiento de una enfermera se autodefinió como: “soy Tupamaro y de Peñarol”.
Daniel, El Comandante, nos ha dejado físicamente, pero no se ha ido de entre nosotros. Recibió el reconocimiento de una inmensa cantidad de compañeras y compañeros; la solidaridad que brindó como práctica de vida le fué retribuída. Las sinceras acciones de solidaridad que se le brindaron a sus seres queridos, así como las expresiones de dolor por su partida, son solo un ejemplo de ello.
Daniel, El Comandante, está presente en cada lucha de los trabajadores que abracen esa concepción de liberación de la clase; está presente en cada movilización del pueblo que tenga por objeto la Liberación Nacional y el Socialismo.
Daniel, El Comandante, está presente todos los días y nos conmina a seguir su ejemplo de practicar e inculcar esos Valores Ideológicos Básicos que nos impregnó a todos quienes compartimos la militancia.
DANIEL JOHNSTON
PRESENTE
Agrupación MPP Municipales
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