El Movimiento de Participación Popular fue presentado públicamente el 6 de abril de 1989,pero su proceso fundacional se extendió por lo menos a lo largo de un año. En el nombre se marcaban dos concepciones identificatorias: en primer lugar el movimiento y no el partido, una forma organizativa que esquivara la rigidez que caracterizaba otros modelos; y en segundo término la participación, dato esencial en los ochenta, no sólo como reacción a la dictadura sino como crítica a una izquierda que se había centralizado y cerrado a la hora de definir la estrategia para la transición.
El 16 de abril fue derrotada la opción de la izquierda en el referéndum para derogar la ley de Caducidad, y el 28 sobrevino la muerte de Raúl Sendic. Por los mismos días se concretó la división del Frente Amplio: los sectores que se retiraron y conformaron otro partido llamado Nuevo Espacio habían recibido la mitad de los votos de la coalición en 1984. Entre otras cosas estos disidentes criticaban el perfil sesentista de una izquierda no “modernizada”, lo que ahora parecía reforzarse con el probable ingreso de los tupamaros.
En este sexenio ocurrió la fragmentación de la URSS, en medio de disturbios internos y guerras regionales. La Unión Europea se erigió en heredera de la Europa del Este. Estados Unidos acentuó su ofensiva, en el Golfo Pérsico y en América Latina, invadiendo Panamá en 1990, creando condiciones para la derrota electoral sandinista, y fortaleciendo la presencia militar “contra el terrorismo y el narcotráfico”.
El debilitamiento de la movilización social había contribuido a situar las expectativas y esperanzas de cambio casi exclusivamente en un posible triunfo electoral de la izquierda, que debía darse en 1999. La cruda imposición del neoliberalismo en Argentina había desembocado en espontáneos estallidos sociales, pero en Uruguay operaban diferentes mecanismos de amortiguación: esa posible cercanía de un triunfo electoral, la alta organicidad –aún en medio de la crisis- del movimiento popular, el claro predominio de una postura conciliadora en la izquierda política, la existencia de sectores sociales con espacios para ceder sin caer en el abismo de la pobreza...
El MLN - MPP del 2000, por boca de Mujica, redondea una visión histórica, una mirada al presente, y un presentimiento del futuro, que se traducen en una línea política que va a presidir los esfuerzos de estas organizaciones hasta hoy. En setiembre de 2001, poco antes de la crisis que conmovería al país, el MPP realizó su Quinto Congreso. Allí se decía: “De ser una organización trabada por sus contradicciones internas, el MPP pasó a ser una organización con iniciativa política, aciertos importantes en la coyuntura, con presencia en el Frente Amplio, siendo también puerta de entrada hacia la base de los partidos tradicionales.
El Frente Amplio asume el gobierno en un país que se caía a pedazos y no se vislumbraba ninguna salida. En el FA, por lo tanto, se ubicó el debate sobre el carácter de la salida de la crisis y de la recesión, la base son los seis documentos programáticos; Uruguay Democrático, Uruguay Social, Uruguay Productivo, Uruguay Innovador, Uruguay Integrado, y Uruguay Cultural.
Al tiempo que se procesaba la competencia electoral en lo departamental y municipal, -abril y mayo de 2010- el nuevo gobierno nacional movía sus piezas en el tablero regional. El presidente Mujica dejaba planteados varios temas pendientes de resolución con la Republica Argentina y lograba un compromiso -con la presidenta Cristina Fernández- de profundizar el dialogo luego del fallo de La Haya.
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