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Esos documentos expresan las medidas que unía las tareas de la etapa –recuperar la capacidad ociosa instalada en el país, el desarrollo de la producción y el trabajo, poner el sistema financiero al servicio del país productivo, desarrollar las formas democráticas más avanzadas- con el intento de redistribuir el ingreso, y la incorporación de los sectores más sumergidos y marginados a la sociedad y a la lucha por los cambios de fondo.
Durante el periodo de gobierno del FA (2005-2010) se logró, entre otras cosas, que el PBI superara los 40 mil millones de dólares. La inversión supera el 20 por ciento del PBI, y probablemente sobrepase esa cifra: el objetivo del equipo económico es llegar a 25 por ciento. En 2005 era el 12 por ciento. El desempleo bajó, en diciembre, a 5,4 por ciento: cifra record en el Uruguay. La pobreza en Uruguay bajó en estos años del 39,7 por ciento en 2004 a 18,6 por ciento en 2010, como porcentaje de personas. Y bajó del 29,6 por ciento al 12,6 por ciento en hogares pobres. De la indigencia salieron más de 100 mil compatriotas, aun con la crisis internacional que nos afectó en 2008.
Se ha apoyado el esfuerzo de diferentes colectivos de trabajadores que lucharon por recuperar y reabrir empresas que habían sido cerradas. Siguen aumentando los ingresos de las familias. Hacia febrero de 2005 había caído un 20 por ciento el salario real promedio: al 1º de marzo del 2010 se habían recuperado y superado esa caída.
Se diversifica cada vez más la matriz energética: se supera las 2200 Megas la producción de energía eléctrica, y los acuerdos internacionales que el Uruguay ha suscripto parece asegurarle tranquilidad en cuanto al uso energético. Se aumentó notoriamente la cantidad de trabajadores que aportan al BPS. Al mismo tiempo con la habilitación de los consejos de salarios también creció la cantidad de trabajadores sindicalizados.
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