.
.
.
El trabajo hacia fuera pasó a ser el eje principal de desarrollo, lo que permitió plantear un discurso que nos proyectó a sectores muy amplios de nuestra sociedad. También crecieron nuestras ideas en sectores que antes no considerábamos como pueblo: los productores rurales y sectores de la pequeña y mediana industria y del comercio”.
En las elecciones de 1999 el Frente Amplio obtuvo el triunfo en la primera vuelta, con el 39% de los votos, pero la oportuna reforma constitucional recién impuesta obligaba a una segunda vuelta, donde el Partido Colorado sumó su 32% al 22 del Partido Nacional, resultando presidente Jorge Batlle.
Dentro del FA fue mayoría el Partido Socialista (26%), luego el sector del senador Astori (20%), y en tercer lugar el MPP, que llega al 14%, unos 120.000 votos, el triple de los obtenidos cinco años antes. Mujica es elegido senador.
Estos resultados marcaban necesidades perentorias de cara al 2004: “aportar al FA un horizonte de propuestas de gobierno que hagan viable ante nuestro pueblo una real alternativa de cambio”, integrar en el MPP el “heterogéneo social y político” convocado sin perder el rumbo estratégico, crear un nuevo espacio político sobre las coincidencias tácticas y programáticas aparecidas en el quehacer político.
En ese Quinto Congreso hubo otras definiciones. Respecto a las relaciones internacionales se priorizaba la integración en el MERCOSUR para evitar un peligroso aislamiento, y posicionados como bloque “establecer líneas de trabajo y acuerdo con países emergentes, tales como India, China, Sudáfrica y otros”, tras la idea de armar contrapesos colectivos al poder de Estados Unidos.
Para adentro de las fronteras se ponía énfasis en los cambios ocurridos en la sociedad, donde la desocupación y la desregulación laboral exigían darle centralidad estratégica a leyes de negociación colectiva y fuero sindical, para modificar la situación salarial, organizativa y las condiciones de trabajo.
En cuanto a la clase dominante, se veía un bloque gravitante conformado por los grandes exportadores agroindustriales, las grandes cadenas comerciales y el sistema bancario (incluyendo propietarios de bancos y depositantes), elite complementada por los dueños de los grandes medios de comunicación y sectores de la burocracia gubernamental. El programa de este conjunto era sencillo: “más desregulación, más apertura, más desmonopolización y menos gasto público”. Por fuera de este círculo el MPP observaba “un conjunto de medianos empresarios, comerciantes, ganaderos” cuyas contradicciones con los anteriores eran remarcadas de cara a la definición de estrategias políticas.
Estas diferencias y nucleamientos se hicieron visibles en el año 2001 en la gran movilización nacional de la Concertación por un País Productivo, que unió al PIT - CNT con gremios empresariales. A las críticas lanzadas desde la izquierda, el senador Mujica respondió que “en la vida hay intereses comunes en una coyuntura y hay intereses contrapuestos en el largo camino”, y que “la desindustrialización crea un proletariado más paupérrimo, más prisionero de la ley de la necesidad, más difícil de concienciar”.
El Sexto Congreso del MPP, llevado a cabo en marzo de 2004, ocho meses antes de las elecciones que se preveía dieran el gobierno a la izquierda, puso como centro la consigna “Hacia la Refundación Nacional”. “Parece un retroceso hablar de refundación nacional, pero en la etapa actual el programa de transición ya no puede apoyarse en las consignas de 1965, porque mataron el país productivo y los excedentes de producción que antes se pretendía redistribuir ya no alcanzan. Hoy es necesario iniciar un proceso de reconstrucción del aparato productivo, del entramado social y de las relaciones de solidaridad y de cooperación que durante tanto tiempo caracterizaron al pueblo oriental”.
En la política de alianzas se consolida el Espacio 609, incorporando grupos políticos que provienen de los partidos tradicionales como “Claveles Rojos” y “Columna Blanca”; y personalidades de la izquierda como Alberto Couriel entre otros, constituyendo una vía de entrada de militancia que pertenecía a sectores que hasta ese momento nunca habían adherido al Frente Amplio.
Ver las limitaciones no significaba cerrar el desarrollo del proceso: el programa de transición serviría para desarrollar “apoyos nacionales e internacionales que permitan la profundización”, entendiendo por apoyos “financiamiento, mercado interno, comercio hacia fuera, apoyo tecnológico y sobre todo organización de los pueblos”. Se veía esa etapa centrada en un desarrollo del mercado interno y la industria nacional, apoyada “indefectiblemente en el agro y la agroindustria, en el trabajo con materia prima nacional, leche, carne, cuero, lana y cereales”. Asimismo era necesario “desarrollar al sujeto social, organizado y capaz de organizar, base fundamental de la refundación nacional”.
Para esta refundación era esencial obtener el gobierno nacional, y para esto había que acumular enfrentando al enemigo principal, “combinando la lucha institucional, la lucha de masas y la lucha política”, articulando estos factores “con una gran flexibilidad táctica”.
Siguiendo la idea de elaborar propuestas y equipos para un proceso de cambio social el MPP creó a mediados de 2002 el Centro Artiguista por los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (CADESYC), “un ámbito académico y político para el estudio, el seguimiento y la elaboración de propuestas”. Dentro de los muchos trabajos realizados cabe destacar la “Propuesta de estrategia de desarrollo agroindustrial para un país productivo en un gobierno progresista”, donde se asocian crecimiento y empleo, aumento de la producción y “una inserción propia en el mundo, en una situación de menor dependencia”. Crecer e invertir, recuperando empleo, salarios y mercado interno, dándole a la fuerza de trabajo “un lugar en el futuro de este país, con participación en la construcción social alternativa”, ubicando como “actor central en el proceso económico” al productor uruguayo que vive en el campo trabajando familiarmente.
Para que esto se convirtiera en realidad se planteaban algunas “ideas fuerza centrales”: el rol activo y orientador del Estado, la solución impostergable al endeudamiento interno del sector productivo, la necesidad de inversiones y de un sistema financiero acorde al país productivo que se quiere alcanzar, y una política de tierras que cuide los suelos y el agua, y frene la especulación y la extranjerización. Asimismo se mencionó la dignificación del trabajo y del trabajador, y el asociacionismo como línea de trabajo de futuro.
En las elecciones de 2004, por fin, la izquierda triunfó en primera vuelta, con el 50.4% de los votos, que fueron 1.125.000. El 29.3% de esos sufragios los obtuvo el MPP, unos 328.000 votos, logrando 6 senadores y 19 diputados. En las elecciones municipales de mayo de 2005 el MPP mantuvo el primer lugar dentro de la izquierda, con 224.000 votos y 52 ediles en todo el país. En el gabinete del presidente Vázquez ocupó el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca José Mujica y Eduardo Bonomi quedó al frente del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.
Cuando en las elecciones de 1958 el Partido Nacional quebró casi un siglo de gobiernos colorados, Carlos Quijano editorializaba en Marcha: “El ciclo se ha cerrado. Tal vez en la sucesión de las horas, los días y los años era necesario este desenlace, era necesaria esta victoria para lograr otras, era necesaria esta experiencia para que la historia siguiera su marcha”. Casi medio siglo después otro quiebre producido en las elecciones cerró un ciclo y abrió una nueva experiencia, para que la historia siguiera su marcha.
|
|
|
|