Hacia el Congreso Nacional de Educación | Sebastián “Tati” Sabini

Foto de Sebastián Sabini

Las carencias en la educación no se resuelven exclusivamente con recursos económicos, pero el incremento es indispensable. En 2014 se logró superar la histórica reivindicación del 4,5% del PIB para la educación pública, partiendo de una base de 3,15% que se destinaba en 2004. Y no debemos olvidar que el PIB creció de unos 14 mil millones de dólares a unos 53 mil millones (en números redondos) en estos más de 10 años.

Veamos a qué rubros se destinó el aumento presupuestal. Tomando una mirada de largo plazo, de los 66 mil niños que concurrían a educación inicial en 1990 pasamos a casi 113 mil en 2015 (pública y privada).

En 2015, 98,3% de los niños de 5 años asistió a un centro de educación y algo similar ocurre con 4 años, casi 92%. Uruguay es el país de mayor cobertura de toda Latinoamérica en el rango de 5 años. La cobertura en 3 años pasó de 46% en 2006 a 68% en 2015.

En primaria los cambios son alentadores: en los últimos 10 años se duplicó el número de escuelas y alumnos con extensión de tiempo pedagógico, al tiempo que las escuelas de Tiempo Completo pasaron de 104 a 205.

Muy importante para el trabajo de aula, se redujo el número promedio de alumnos por maestro. Eran 30 al inicio del siglo y 23 en 2015, y la baja ha sido mayor en los quintiles más bajos, la población de contexto más vulnerable. Se suma el trabajo de los Maestros Comunitarios en el marco de un plan destinado al seguimiento personalizado de alumnos con carencias socioeconómicas. 

La matrícula experimenta un descenso sostenido que deriva de una caída en la tasa de natalidad, pero la cobertura se mantiene constante y cercana al 100% de la población en el rango etario. En los resultados educativos aumenta la cantidad de alumnos promovidos: la repetición, tomando en cuenta todos los niveles (de 1º a 6º) fue en 2015 de 5%, cuando 15 años atrás se duplicaba.

En educación media básica la matrícula (pública y privada) creció 12,8% entre 2006 y 2016 para jóvenes de entre 12 y 14 años, casi 20 mil adolescentes incorporados al sistema en 10 años. Y desde 2012 la aprobación (de grado) crece como tendencia. Datos similares se ven en educación media superior: suben la matrícula y la cantidad de jóvenes cursando el grado correspondiente a su edad.

Otro aspecto central para el proceso educativo es el edilicio. Entre 2005 y 2015 se pusieron en funcionamiento 34 nuevos centros, que pasaron de 264 a 298.

También sigue concretándose una demanda esencial de los docentes: bajar el número de estudiantes por grupo. En ciclo básico aumentaron en más de 200 los grupos entre 2010 y 2015, mientras que en segundo ciclo fueron 300. Esto implicó un descenso en el número promedio de estudiantes por grupo de casi 31 en 2005 a 26,4 en 2015. El aumento de grupos tiene su correlato en la oferta de horas-clase: en 2006 hubo 263.163 horas disponibles y en 2016 fueron 331.145.

El Consejo de Educación Secundaria puso en práctica programas pedagógicos focalizados en diversos tipos de población, como cursos de ingreso y culminación de educación media para jóvenes con rezago, adultos privados de libertad, estudiantes con discapacidad visual y auditiva, opciones que acogieron a unos 10.000 estudiantes. 

Enfocado también en educación media, desde 2011 funciona el Programa Compromiso Educativo en segundo ciclo para apoyar la continuidad del trayecto educativo, que además del acompañamiento académico brinda apoyo económico mediante becas. Desde 2014 funciona en los 19 departamentos, abarcando a 95 centros de Secundaria y UTU e incluyendo a unos 60.000 jóvenes. Ese año entregó unas 7.000 becas y cosecha datos muy positivos en reducción de deserción y aumento de promoción.

Un aspecto central hacia la equidad educativa es el boleto gratuito para todos los estudiantes de enseñanza media, proceso iniciado en la Intendencia de Montevideo con Tabaré Vázquez, ampliado en 2006 a todos los alumnos de ciclo básico a nivel nacional y extendido en 2012 a los estudiantes de segundo ciclo.

Un decreto del Poder Ejecutivo reglamentó el marco del beneficio, que incluye transporte para escuelas rurales y una bonificación del 50% del boleto para estudiantes de educación terciaria de hasta 30 años.

Otro rubro significativo en el gasto en educación es el salarial. Un maestro efectivo con 20 horas semanales cobraba en 2005 un salario nominal de 15.333 pesos, y al 1 de enero de 2016 recibía 27.578 pesos. Algo similar se verifica con la remuneración de los profesores de secundaria. Y esa evolución incluyó a los funcionarios no docentes, cuyo ingreso creció 100% en los últimos 10 años. 

La UdelaR multiplicó su oferta y amplió la descentralización. En 2004 ofrecía 66 carreras de grado y 133 de posgrado, 10 años después eran 95 y 259, respectivamente. Hoy funcionan 3 Centros Universitarios Regionales: litoral norte, noreste y este. La oferta fuera de la capital era en 2014 de 87 cursos. En 2014 ingresó casi 48% más de estudiantes que en 2000.

Entre 2005 y 2014 el número de horas docentes creció más de 50% para cubrir la demanda creciente. Entre 2005 y 2015 el aumento presupuestal de la UdelaR fue de 116% en términos reales, con fuerte énfasis en la masa salarial y las inversiones.

La UTEC amplió aún más la oferta terciaria, enfocando un perfil tecnológico orientado al país productivo y logrando una efectiva descentralización histórica. El plan de becas del Fondo de Solidaridad logró que el 90% de los becados sea la primera generación universitaria de su familia; en 2016 los beneficiados fueron casi 8.000.

Para culminar este somero repaso de avances en educación recordemos que desde 2007 se implementa el Plan Ceibal y que la extensión de CAIF atiende a muchos más niños de hasta 3 años de familias vulnerables.