
Intervención de la senadora Blanca Rodríguez en el marco de la discusión de la creación del Comisionado Parlamentario para la Infancia y la Adolescencia:
«Quiero decir que tenemos clara la envergadura del proyecto que el Frente Amplio está presentando hoy. Porque también está bastante clara la envergadura del drama que enfrentan muchos niños, niñas y adolescentes en nuestro país. Y es por eso que debo decir que este proyecto no es solo el resultado de más de un año de trabajo, de investigación y de consultas.
Es también la historia de una idea que hace mucho tiempo da vueltas en la cabeza de mucha gente: cómo atender la situación de las infancias y adolescencias vulnerables en Uruguay. Y porque es un proyecto de largo aliento, en el que nos ayudaron tantas personas, yo sería muy desagradecida si en este momento no tuviera en cuenta el trabajo de senadores y diputados y sus equipos, que leyeron el proyecto, lo analizaron y le hicieron aportes que seguramente lo enriquecieron.
También quiero agradecer a las instituciones que hicieron aportes: al directorio de INAU, al presidente de INISA, al Consejo Consultivo Honorario de los Derechos del Niño y el Adolescente, a autoridades de la Institución Nacional de Derechos Humanos y a quien era en aquel momento el comisionado parlamentario para las cárceles, que también fue consultado. Tengo un agradecimiento especial para organizaciones de la sociedad civil, como la Asociación de Defensores de Oficio, que tanto trabaja en este tema, y para Padres Adoptantes, una organización muy cercana a estas problemáticas.
También quiero mencionar a ANIDA y decir que la Plataforma de Infancias y Adolescencias ha sido un compañero de ruta en este camino. Agradezco especialmente al embajador de Suecia en Uruguay y Argentina, que nos permitió acceder a información sobre esta institución, que es un ícono en los países del norte. Y agradezco muy especialmente a dos constitucionalistas de nuestro país que consulté y que tuvieron el gesto de leer el proyecto y asesorarme: el doctor Jaime Sapolinsky y el doctor José Korseniak.
Y, sobre todo, tengo que agradecer a los niños, niñas y adolescentes, que son los verdaderos protagonistas de este proyecto, con quienes también me reuní y a quienes escuché.
En segundo lugar, quiero decir que, en lo personal, venimos pensando en este tema mucho antes de ingresar a la política. Como sabemos, la infancia suele aparecer en las peores noticias: historias de dolor, de violencia, muchas veces silenciada u ocultada, historias de vulneración.
Más de una vez nos preguntamos por qué figuras de este tipo, con funcionamiento y éxito comprobado en otros países, no se intentaban en el nuestro. Instituciones que atienden un problema que también existe aquí y que quienes conocen recomiendan incorporar a nuestra institucionalidad. No es nada nuevo en el mundo, pero sí lo es para Uruguay, y ojalá este cuerpo lo acompañe.
Claro que sabemos que existen otras instituciones; fueron las primeras con las que conversamos. Sería impensable ignorarlo. De hecho, en este momento las autoridades del INAU están siendo interpeladas en la Cámara de Diputados, lo que demuestra que hay una preocupación compartida. No parece una coincidencia que ambas cámaras estén hablando de la infancia, desde perspectivas distintas pero con una preocupación semejante.
Sabemos que hay instituciones que por ley deben ocuparse de este tema. Ha habido esfuerzos históricos. Pero, ¿sabe qué, Presidenta? Haciendo lo mismo de siempre, los resultados no van a cambiar.
Las democracias, en su objetivo de lograr mayor igualdad y evitar la fragmentación social, se van sofisticando. Generan organizaciones cada vez más especializadas que atienden áreas relegadas o vulneradas. Y eso es lo que hoy se nos está pidiendo: una mayor especialización en la infancia.
Venimos a impulsar este proyecto con el más profundo convencimiento de que puede ser una llave para abrir un futuro distinto para nuestros niños y adolescentes. No hablamos de una nueva oficina burocrática. Hablamos de construir una institución robusta que blinde los derechos de los más vulnerables.
El Comisionado Parlamentario para la Niñez y la Adolescencia es, para esta bancada, una herramienta clave para el presente y el futuro. Proteger a la infancia hoy es el único camino para asegurar una sociedad de paz, tolerancia y esperanza.
El proyecto parte de una premisa innegociable: los derechos de los niños no terminan cuando cruzan la puerta de su casa, ni cuando entran a un centro educativo, de salud o recreativo. Los niños no votan, no hacen lobby, y sus urgencias quedan muchas veces relegadas.
Creemos que este proyecto es un imperativo de justicia intergeneracional y un paso decisivo para que la infancia sea una cuestión de Estado.
Además, partimos de una preocupación común reflejada en los programas de los partidos políticos. Todos hablan de priorizar la infancia. Entonces, corresponde emprender un camino distinto y esperanzador.
¿Por qué un comisionado? Porque permite una protección integral del interés superior del niño, como exigen los tratados internacionales. Es un órgano independiente del Poder Ejecutivo, que examina sus acciones sin conflictos de interés. Amplía la esfera democrática y da voz a quienes no la tienen.
También permite detectar a tiempo realidades ocultas. Porque siempre llegamos tarde. Este comisionado tiene que llegar antes, en el territorio, en el caso a caso.
La infancia es una etapa clave en la vida. Impacta de forma irreversible. Y hoy está en emergencia en Uruguay. Tenemos menos nacimientos, y la pobreza tiene rostro de niño.
Los datos son alarmantes: violencia, ausentismo escolar, institucionalización, problemas de salud mental, intentos de autoeliminación, falta de hogares para niños dados de alta médica. Todo esto demuestra que lo existente no alcanza.
La tasa de internación en Uruguay es muy superior al promedio regional. Los tiempos de permanencia también. Y muchas veces los niños permanecen institucionalizados por pobreza.
Tenemos violencia intrafamiliar, violencia sexual, violencia comunitaria. Niños que crecen en contextos de guerra.
Frente a todo esto, un comisionado puede hacer mucho. Puede ser el guardián de la infancia. Puede asegurar que se cumplan todos los protocolos, que ningún caso quede sin seguimiento.
Uruguay fue pionero en declarar derechos. No merece que su infancia viva esta realidad. Es tiempo de actualizar nuestra institucionalidad.
Se propone una institución que difunda derechos, visibilice vulneraciones, haga seguimiento y contribuya a instalar el tema en la agenda pública. Que asesore al Parlamento con independencia.
Hay antecedentes de este tipo de propuestas en distintos partidos políticos. No es una idea nueva. Es una necesidad persistente.
También recogimos aportes de organismos como UNICEF, que planteó flexibilizar los mecanismos de denuncia, incorporar canales accesibles y asegurar que todos los niños puedan denunciar, incluso dentro de las instituciones.
Sabemos que no es una solución mágica. Pero sí es un instrumento clave.
Este proyecto es también un homenaje a quienes dedicaron su vida a la infancia: maestros, pedagogos, médicos.
Es tiempo de un gran acuerdo nacional por la infancia. Es tiempo de generar esperanza.»
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