Es la primera vez en nuestra historia institucional que un jefe de la seguridad presidencial es acusado de 3 delitos graves cometidos mientras se encontraba en funciones. ¿No le da vergüenza este escándalo al Gobierno?
El exjefe de seguridad presidencial, hoy preso para indagarlo por vender pasaportes a ciudadanos rusos luego de fraguar partidas de nacimiento, no era simplemente un custodio como se lo quiere mostrar. Tenía una responsabilidad enorme en la estructura de la Presidencia.
No puede ser que, los ahora sorprendidos, se hayan comido un “garrón”, como expresaron, porque hubo advertencias desde lo institucional y también de sus propios correligionarios, víctimas de las estafas del hoy procesado. Esta posición que toman las principales jerarquías, no es creíble.
Esto es el resultado de un conjunto de fallas y omisiones institucionales graves y de un alto grado de desidia y poco apego al momento de valorar las aptitudes éticas y morales para ocupar un cargo de suma jerarquía. El Gobierno tiene responsabilidad política principal en este escándalo. También el presidente.
Con mal funcionamiento de la institucionalidad, impericia y graves responsabilidades por acción u omisión. Faltó la solidez de la institucionalidad ante el respaldo de un presidente a un encargado de seguridad que montó una asociación para delinquir bajo las narices de las autoridades del Gobierno.
El Ministerio del Interior emitió un comunicado que afirma que esa institución le dio información falsa dos veces al propio presidente de la república. ¿No se le ocurre al ministro del Interior dar un paso al costado luego de decir eso? ¿Al menos por dignidad?
En la conferencia de prensa del asombro, el presidente dijo que si él hubiera tenido el más mínimo indicio de algo, no le hubiera dado la seguridad de su familia como tarea. Pero estuvo preso en 2013, un año antes de ocuparse de la seguridad del hoy presidente, en 2014. Y ya en el poder, se delinquía en las narices de todos los integrantes del Gobierno y nadie se dio cuenta, dedicado al delito las 24 horas por día los 7 días de la semana.
En todo este proceso lo que se destaca es la irresponsabilidad, la confianza ciega en temas de seguridad críticos que deben de tener un abordaje profesional y un intento por minimizar este bochorno que daña la reputación internacional del país y la credibilidad en la política.
El Gobierno no protegió a la república y los ciudadanos, actuó con negligencia y en definitiva no supo cumplir con la responsabilidad que le dio la ciudadanía.
Nadie se dio cuenta de que el profesional intachable, como lo definió el presidente de la República, era un delincuente. Y la verdad que el presidente lo definió con dos palabras pero le faltó una: Astesiano era un delincuente profesionalmente intachable.
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