Aporte para la discusión

Introducción

El Frente Amplio, en 1971, parió una esperanza y empezó a soñar con lo que terminó transformándose en el sueño de la gran mayoría de los uruguayos, como se demostró el último domingo de octubre de dos mil cuatro.

Sin embargo, el mismo año de su nacimiento perdió las elecciones y, dos años después, fue duramente golpeado, perseguido y dispersado, tanto dentro del país como en el exilio. Pero aun durante la dictadura, se levantó y, con la frente bien alta, junto a los trabajadores y el pueblo oriental, ayudó a tirarla abajo.

Fue pieza fundamental en la reconstrucción democrática, y luego, durante la crisis del 2002, apostó al fortalecimiento de la democracia y a la construcción de un proyecto de país, productivo, solidario y con justicia social, unido a la esperanza y a los sueños de quienes mantenían, sin resignarse, la expectativa de un mundo mejor, a pesar de la dureza de la crisis.

Supo recoger las voluntades necesarias para transformarse en gobierno, respaldado por las mayorías parlamentarias frenteamplistas que le permitieron, aun con dificultades, llevar adelante el primer gobierno de izquierda en el país.

El comienzo del primer gobierno frenteamplista coincidió con el ciclo expansivo de la economía y, durante los primeros años, se vio facilitado por esa situación. Ello, objetivamente, favoreció a todos los gobiernos progresistas de la región. En ese contexto, fue el gobierno del FA uno de los más destacados, tanto en lo que tiene que ver con los aspectos cuantitativos como con los aspectos cualitativos del crecimiento: la mayor expansión del salario y los ingresos personales, mayor disminución del desempleo, la pobreza, la indigencia y la marginación, logró las políticas sociales y laborales de mayor calidad, recuperó y desarrolló el aparato productivo, alcanzó soluciones para el endeudamiento rural, transformó las empresas del Estado en empresas competitivas y terminó con los apagones y la falta de agua como variables de ajustes para equilibrar sus déficits, recuperó el comercio interno y el comercio internacional, prestigió al Uruguay en el mundo como nunca se había visto antes, puso a la innovación, la ciencia y la tecnología en el horizonte del desarrollo nacional, desarrolló el turismo hasta una dimensión desconocida hasta el momento, Uruguay se transformó en destino de los principales conjuntos artísticos del mundo, achicó como nunca antes la brecha entre los más pobres y los más ricos, y reconoció los derechos reclamados durante años y años por diferentes colectivos sociales.

La oposición y los economistas de derecha atribuyeron el despegue logrado al viento de cola que soplaba en la región. Pero, cuando en 2008, el viento de cola fue sustituido por la crisis de la burbuja financiera que comenzó en Europa y llegó a los Estados Unidos, junto a Bolivia fuimos los únicos países de la región que mantuvimos el crecimiento y la distribución más equitativa de los ingresos.

Después, pese a que la reacción restauradora empezó a asolar el Cono Sur americano, Uruguay permanece como el último bastión que sigue creciendo y mantiene, a pesar de los pesares, la esperanza de seguir defendiendo, desde la izquierda, el gobierno de los cambios.

Ello requiere ajustes programáticos y el fortalecimiento, cada vez mayor, de nuestra fuerza política.

Luego de tres períodos de gobierno, las propuestas que requiere el Uruguay para continuar con el proyecto de cambios necesitan de un nuevo y renovado impulso transformador. Los desafíos del futuro, en el escenario actual por el que atraviesa el continente Latinoamericano, requieren que se conjuguen al mismo tiempo, el mantenimiento de las políticas que han dado resultados económicos y sociales conjugadas con nuevas dosis de innovación que afiancen el rumbo del país productivo con justicia social. Pero tan importante como ello es escalar nuevos horizontes productivos que sienten las bases para un desarrollo sostenible de largo plazo.

La apuesta no debe ser más de lo mismo, sino desencadenar las fuerzas que permitan hacerlo mejor. Esto requiere apoyarse en las fortalezas construidas para vencer las restricciones estructurales para una verdadera trasformación productiva, que incorpore más valor y genere mercados de bienes y servicios como una alta proporción de conocimiento e innovación para la inclusión de trabajo calificado y para incrementar la dotación de trabajadores con mayor formación y capacitación.

Promoviendo y protegiendo los sectores productivos nacionales capaces de liderar el incremento de la productividad y la generación de puestos de trabajos necesarios para continuar por la senda de la mejora de los ingresos de los hogares y el financiamiento de los derechos de todos los uruguayos.

Para ello debemos superar las miradas hemipléjicas que colocan en contradicción los objetivos de defensa del salario y el empleo, con la promoción de la inversión y el crecimiento económico.

Los gobiernos del Frente Amplio ya han demostrado que se puede crecer y repartir al mismo tiempo y al hacerlo hemos derribado uno de los mitos fundantes de la predica neoliberal. El desafío de ahora es potenciar el desarrollo y la protección de la industria y el comercio nacional, frente a las fuerzas concentradoras del capital trasnacional y financiero. Aumentando y diversificando las capacidades productivas del país, utilizando racionalmente los recursos naturales, mejorando la competitividad del país junto con una inserción inteligente a nivel internacional.

4 Problemas

El actual modelo económico basado en un ascendente crecimiento vinculado a la demanda de nuestros productos a nivel internacional, y por tanto de sus precios, la inversión extranjera y el ensanchamiento del mercado interno, producto de una mejor distribución del ingreso y de la inversión de las empresas públicas, comienza a dar señales de agotamiento.

1- Problemas en la economía mundial y regional
Al mismo tiempo que Estados Unidos apuesta al más crudo proteccionismo y al alejamiento de los acuerdos alcanzados en los organismos internacionales, también ha ido perdiendo liderazgo en el mundo: pierde pie en Europa y entra en contradicción con China y con Rusia, sube las tasas de interés y empuja al aumento del dólar, y toma medidas unilaterales que mueven el tablero político internacional.

En la Región se ha fortalecido el bloque restaurador que apunta a recuperar la conducción económica de los países en que la izquierda o el progresismo han logrado salir de las crisis de los años dos mil, cuando estábamos ante la fase recesiva de la economía. Nuestros dos vecinos son un ejemplo de ello: Brasil mediante un golpe de Estado parlamentario y Argentina en elecciones nacionales precedidas por una gran campaña de prensa conducida por medios monopolizados por la derecha y por dudosas resoluciones de la Justicia. Pero en ambos países, luego de haber recuperado la conducción, se llevaron adelante políticas de claro cuño neoliberal que habían sido dejadas de lado y llevaron a sus países a una nueva crisis que vuelve a golpear duramente a los trabajadores y el pueblo: devaluación, inflación, baja de los salarios, de las jubilaciones y los ingresos personales, crisis de las empresas estratégicas, baja y congelación por veinte años de la inversión en políticas sociales, quita del apoyo a las pequeñas y medianas empresas.

Inspirados en el evangelio neoliberal el proyecto de las elites del continente han fracasado una vez más en garantizar el desarrollo y el bienestar de la población. No solo por los altos costos sociales de sus medidas y propuestas que arrastran a la pobreza y al hambre a millones de personas, hecho condenable desde el punto de vista humanitario. Sino porque el empobrecimiento de las familias conlleva inevitablemente a la reducción del mercado interno, frenando el consumo y de esa manera el comercio y la industria nacional pierde mercado, haciendo inviables las pequeñas y medianas empresas que deben cerrar sus puertas por falta de mercado, agravando la crisis y el desempleo, en un espiral descendente que destruye los fundamentos del desarrollo productivo. Siendo los únicos beneficiarios de sus políticas el capital especulativo y las grandes inversiones concentradoras de riqueza.

Un modelo concentrador y excluyente necesita para su realización del disciplinamiento de la sociedad ahogando la explosión social con represión, por ello con la excusa de la seguridad ciudadana, se propone asignarle tareas de seguridad pública al ejército.

2- Evolución de los precios internacionales
En 2008, cuando la crisis de la burbuja financiera, empezaron a bajar los precios de las materias primas, Uruguay superó esa situación y mantuvo el crecimiento y las políticas de distribución. Los vecinos sufrieron mucho más esa situación y, sumado al empuje restaurador que los afectó, tuvieron mayores dificultades para mantener el crecimiento con justicia social, como Lula definía al desarrollo.

Esa desaceleración, junto a la evolución del dólar y la caída de los precios, empezó a afectar a nuestro país que, sin embargo, pudo mantener a un ritmo menor el crecimiento: bajó el ritmo de la distribución, pero no dejó de crecer ni de distribuir.

Una economía dependiente, primarizada y exportadora es muy sensible a las variaciones de precios internacionales de los commodities. Cuando sus precios caen, se reducen los márgenes de ganancias del sector agroexportador.

Este proceso de reducción, pone en peligro a la producción familiar y a la pequeña y mediana producción que no tiene la escala necesaria para hacer frente a este recorte en su ecuación de negocios, reduciendo también la actividad del resto de los eslabones de la cadena productiva.

Cuando esto sucede el evangelio neoliberal culpa a los salarios y a los impuestos pujando para su disminución, intentando trasladar el costo al resto de la sociedad, haciendo del bienestar de la gente la variable de ajuste de la economía. Cuando de lo que se trata, es de resolver el problema de los sectores que frente a la caída de los precios, no puede continuar con su actividad productiva, no en desmedro del bienestar de la población, sino con medidas inteligentes que permitan compensar las pérdidas por la vía del aumento de la productividad y la competitividad del país. En un contexto además de transformación de la matriz productiva.

Los costos que hay que bajar no son los de los salarios y el financiamiento del Estado, sino los del transporte, la energía, la logística y los arrendamientos, además de generar las condiciones para incorporar la tecnología necesaria para producir más y de mejor calidad. Para conducir con éxito estas decisiones se n