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En el marco de lo que será un hecho histórico en nuestro país, este viernes 1° de marzo, nuestra compañera Cecilia Bottino asumirá la presidencia de la Cámara de Diputados.

Se convertirá así en la tercera mujer en tomar esta responsabilidad y también en la tercera que, junto con las compañeras Nora Castro e Ivonne Passada, llega desde nuestro movimiento. Y lo hace en un momento igualmente especial, dando comienzo al mes de la mujer y a pocos días del 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, un día de lucha, conciencia y reivindicación.

A partir de este viernes, el Parlamento tendrá dos mujeres en dos lugares fundamentales en la toma de decisiones: la presidencia de la Cámara de Diputados y la presidencia de la Cámara de Senadores, que actualmente es ocupada por Lucía Topolansky.

Nuestra compañera Cecilia es feminista, abogada, doctora en derecho y ciencias sociales, diputada y una militante sanducera de muchos años en el MPP, quien no dudó en invitarnos a visitarla a su lugar de trabajo, en el Anexo del Palacio Legislativo.

Allí nos esperó para charlar y tomar unos mates. Y entre mucho trabajo y días de mudanza, Cecilia se hizo un tiempito para contarnos lo que ha sido ese camino de más de 600 kilómetros de ida y vuelta a través de los años, los desafíos enfrentados, los que vendrán y todo lo que significa ser la presidenta de la Cámara de Representantes. Mujer. Del verdadero interior.

Sin más, con mucho orgullo felicitamos a la compañera Cecilia Bottino y pasamos a la entrevista.

De Paysandú y mujer

●       Cecilia, ¿cómo ha sido la experiencia, el camino transitado hasta un lugar de responsabilidad tan importante en relación con el género y con el hecho de que vengas de Paysandú?

En principio hubo una definición primaria que fue que la última presidencia de la Cámara de Diputados de esta legislatura fuera para el interior. En función de eso empezamos a coordinar entre los compañeros legisladores del interior algunos criterios, dentro de los que estuvo un departamento que es estratégico —como Paysandú—, la labor parlamentaria que he realizado, mi experiencia (porque en el período anterior fui diputada suplente y a su vez trabajé activamente en algunas comisiones) y el tema de género fue definitorio, porque en realidad se consideraba que no podía ser que una legislatura pasara sin que hubiera una mujer presidenta.

Estos fueron los criterios que con los compañeros intercambiamos en principio, primero entre los legisladores del MPP en el interior, después lo trasladamos a la organización, que avaló y determinó que también fuera mi nombre en función de esos criterios: alguien del interior, de Paysandú y mujer.

«Abrirse camino de manera distinta»

●       En relación con cuestiones de género, ¿cuáles fueron los mayores desafíos que has enfrentado en ese camino?

Vengo trabajando los temas relacionados con el género desde hace muchísimo tiempo. Yo creo que la condición de mujer, en el lugar donde estes, te condiciona. Desde lo profesional, yo soy abogada y ser abogada mujer también implica abrirse camino de manera distinta. En Paysandú también trabajé asesorando y en mi militancia en comisiones de derechos humanos que estaban muy vinculadas también a la cuestión de la mujer. Y no solo a la mujer, el tema de la igualdad siempre ha estado muy presente.

Después, cuando empecé a militar en nuestra organización también planteaba los temas de género y en el parlamento, en el período pasado, también integré la Comisión de Equidad y Género de la Cámara de Diputados (que también integré este período, conjuntamente con la Comisión de Constitución, Códigos, Legislación General y Administración) a la cual resolvimos darle mayor importancia, porque en realidad es una comisión especial en el parlamento, generalmente considerada de segundo grado y generalmente integrada por mujeres.

Veo que los temas vinculados a cuestiones de género son considerados de segundo orden en la agenda política. Y eso, para mi, no es correcto, no es adecuado y generalmente está en manos de las mujeres políticas.

En mi campaña yo tuve muchísimas actividades donde el tema de la mujer estaba muy presente. A mi me preocupan las inequidades territoriales, las inequidades étnicas, sexuales. Y esos temas, desde el compromiso que yo asumí cuando hice la campaña política, donde estuve acompañada por muchísimas mujeres, porque esa es una característica: los partidos políticos, en realidad, en su base están formados, integrados y sostenidos mayoritariamente por mujeres y luego, cuando llegan a los lugares de decisión, esa presencia mayoritaria, por alguna razón, no se concreta.

En cambio, en la departamental nuestra, con la presidencia también de compañeros varones, entendimos que era necesario que una mujer encabezara la lista y a su vez tomamos la decisión (sin tener la obligación) de que nuestra lista a las departamentales fuera paritaria. En eso hubo una impronta que yo fui marcando y un convencimiento también del resto de los compañeros de la departamental de Paysandú de que eso fuera así.

Voluntad política: «no basta con la herramienta de ley de cuotas»

●       ¿Y ese fue un lineamiento acorde a las luchas del MPP o esto ocurrió solo en Paysandú y no se replicó en otros departamentos? Porque las 3 presidentas provienen del MPP, ¿qué factores o qué elementos pueden explicar un poco este hecho?

Lo que hubo en varios departamentos y me parece que va unido, que yo lo remarco mucho, es que no basta con la herramienta de ley de cuotas, porque si no hay voluntad política, en el interior, por ejemplo, no tiene efecto.

La decisión política del MPP fue que en varios departamentos fuéramos compañeras mujeres las que encabezáramos las listas y eso posibilitó que de 5 en ese lugar —que se dio en todo el litoral prácticamente: Artigas, Salto, Paysandú, Río Negro y Colonia—, donde se dio la particularidad de que el MPP no hizo alianzas electorales, encabezáramos 5 compañeras mujeres y de ellas 3 saliéramos diputadas. Entonces unimos la herramienta con la voluntad política de nuestra organización. Y es la única manera, por nuestro sistema electoral, de que lleguemos a ser diputadas.

Por lo tanto, la herramienta de la ley de cuotas es válida, es útil y sirve, pero si no hay voluntad política de los partidos en que las mujeres estemos en los lugares donde podamos salir, no alcanza.

Yo creo que es el convencimiento de nuestra organización de que los espacios son ocupados por un varón o por una mujer, pero que cuando hay que tomar decisiones, promueve. Incluso nuestra organización ha sido cuestionada por algunas posturas que no eran favorables a la ley de cuotas. Sin embargo, tienen una explicación clara: yo creo que las definiciones forman parte de las decisiones políticas que toman las organizaciones.

Y el MPP es el ejemplo clarito de que es una organización que define con fuerza que la mujer esté ocupando cargos de responsabilidad. Y ahí están los hechos, las tres presidentas salieron de la misma organización, una vicepresidenta y una intendenta como fue Patricia Ayala, intendenta de Artigas.

El lenguaje como herramienta política: «la base es cultural»

●       También en relación con las luchas del MPP, una particular se da en el plano del lenguaje: la del lenguaje como herramienta política, como dispositivo que configura y regula la realidad, que establece relaciones de poder y que configura el pensamiento de las personas. El Frente Amplio y especialmente el MPP, han mostrado un compromiso con la visibilización y reivindicación de aquellos lugares que no son solo el masculino también en el lenguaje. ¿Cuál es tu postura en este aspecto?

Sí, yo lo comparto. Incluso lo veo acá en el parlamento y no sé si no voy a adentrarme en eso este año. Si puedo, porque lo he explicitado en la Comisión de Constitución y Códigos, (donde he quedado solita) planteando el tema de la redacción, que en realidad desconoce, sinceramente.

Incluso leyes que van dirigidas específicamente a la mujer están redactadas en