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Por: Diputada Lilián Galán.

¿De qué se indigna una sociedad?
¿De qué se asusta y por qué se asusta una comunidad?
Y cuando una sociedad se indigna, ¿qué la lleva a organizarse y a manifestarse?
Con estas preguntas empezaba una canción de Agarrate Catalina en 2012, (https://youtu.be/gMJ4aK-36js), en uno de esos ejercicios en que el humor logra cuestionar uno de los rasgos más oscuros de la política: controlar la sociedad con el miedo.

Hace pocos días asistimos asombrados (o quizá no), al lanzamiento de una campaña de recolección de firmas para reformar la Constitución, impulsada por algunos sectores del Partido Nacional, que propone:

• El cumplimiento efectivo de las penas para que en casos de delitos graves los delincuentes no puedan obtener beneficios que les permitan salir antes de tiempo de prisión;

• La reclusión permanente revisable a los 30 años en delitos gravísimos como homicidios múltiples o violación y homicidio a menores;

• Permitir que la legislación regule los allanamientos nocturnos en lugares donde se sospecha «fundadamente» que se están cometiendo delitos;

• La creación de una Guardia Nacional con efectivos militares para que colabore en determinadas tareas con la Policía.
Nuestra traducción (libre) es:

• Vender la ilusión de que más cárcel y represión disminuyen la violencia y los delitos.

• La imposición de la cadena perpetua bajo otra denominación.

• La pérdida de garantías en los procedimientos.

• Y la frutilla en la torta, pone a los militares a cumplir con funciones de seguridad interna ¿es que estamos en guerra?
Otra vez asistimos al miedo como vía para lograr protagonismo político. Exactamente la misma receta que aplicaron en el período de gobierno pasado cuando se lanzó la “Campaña para bajar la edad de Imputabilidad”. Idéntico procedimiento: recolectar firmas impulsando una Reforma Constitucional que se plebiscitará junto con las próximas elecciones.

La estrategia de colocar al miedo como protagonista en la campaña electoral, por cierto, es la mejor forma de captar voluntades a favor de las propuestas que apunten a restringir derechos, a privilegiar lo personal sobre lo colectivo, en suma, beneficia al arco ideológico de derecha.

Aquí se apunta a que el leit motiv de la campaña sea la delincuencia, en EUA a la amenaza terrorista externa, en Europa los inmigrantes. Siempre hay formas de encontrar un enemigo que nos atemorice y nos lleve a aceptar la represión como normal y permanente.

Pero volviendo al principio ¿de qué se indigna o asusta una sociedad? Y qué es lo que hace que en algunos casos se organice para exigir respuestas a los hacedores de Políticas Públicas, y en otros casos no.

Queremos aportar alguna información que contribuya a cuestionarse por qué se eligen algunos temas para darle alta exposición pública y otros en cambio permanezcan invisibles.

En el año 2016 hubo 265 Homicidios en todo el país, de los cuales 24 fueron asesinatos a mujeres perpetrados por sus parejas, ex parejas o personas del entorno familiar.

Los homicidios derivados de hurtos y rapiñas fueron 40.
El número de víctimas que poseían ellos mismos antecedentes penales fue de 98 en 265. Y este dato no lo traemos a colación porque creamos que los “ajustes de cuenta” nos parezcan menos graves, sino porque permiten aproximar al círculo vicioso que se genera entre delincuencia, cárcel y más violencia.
En el Informe 2016 del Comisionado Parlamentario de cárceles surge que Uruguay ocupa el lugar 30 entre los países con más presos del mundo, a pesar de que, inversamente, nuestros indicadores sobre delincuencia y  seguridad se encuentran entre los mejores del mundo: lugar 35 en el Índice de Paz Global (https://www.datosmacro.com/demografia/indice-paz-global