Inés Cortés: La inseguridad alimentaria bajó con fuerza en hogares con niños

28 de octubre de 2026

La inseguridad alimentaria moderada o grave pasó de 13,2% a 12,4% de los hogares, y la mayor caída se dio entre las familias con niños menores de seis años, donde bajó de 18,9% a 14,8%, la reducción interanual más pronunciada para ese grupo desde que empezó la medición en 2022. La diputada Inés Cortés vinculó los resultados con las políticas del gobierno en primera infancia, transferencias, empleo y alimentación, aunque advirtió que todavía falta avanzar.

La inseguridad alimentaria bajó en Uruguay, y la mejora más importante se dio en los hogares con niños pequeños. Según los datos preliminares de la Encuesta Continua de Hogares, la inseguridad alimentaria moderada o grave pasó de 13,2% a 12,4% de los hogares, y la grave, de 1,9% a 1,5%. Entre los hogares con niños menores de seis años, la proporción cayó de 18,9% a 14,8%, 4,1 puntos porcentuales en un año. Es la baja interanual más fuerte para ese grupo desde que Uruguay empezó a aplicar esta medición en 2022. La inseguridad alimentaria grave en esos hogares también descendió, de 2,2% a 1,8%.

Para la diputada del Frente Amplio Inés Cortés, los números responden a una orientación de las políticas públicas que, desde el inicio del período, puso el foco en los hogares de menores ingresos y, sobre todo, en los que tienen niños a cargo. Hace años que las estadísticas sociales muestran una desigualdad que tiene edad, con niños y adolescentes sobrerepresentados entre quienes tienen más carencias. Una baja concentrada en la primera infancia toca directamente uno de los problemas que el gobierno definió como prioritarios.

Una mejora entre quienes estaban peor

La mejora también alcanzó a los hogares de menores ingresos. En el primer quintil, el 20% de los hogares con menos recursos, la inseguridad alimentaria moderada o grave pasó de 33% a 31,8%, y la grave bajó de 5,8% a 4,8%.

El dato importa por lo que mide el indeicador, la seguridad alimentaria no se reduce únicamente a «comer mal», registra las situaciones en que una familia tiene que recortar la cantidad o la calidad de lo que come por falta de dinero u otros recursos, y en su nivel más grave implica quedarse sin alimentos y que alguien pase un día enterno sin comer. Que baje en el primer quintil indica que la mejora llegó a familias para las que comer bien no es una cuestión de hábitos, sino de ingresos.

Los nuevos datos coinciden con otra tendencia conocida este mes. En el primer semestre de 2026, la pobreza bajó de 17,7% a 14,8% de las personas y la indigencia, de 1,8% a 1,2%. Son mediciones distintas y no conviene mezclarlas, pero ambas muestran una mejora en las condiciones materiales de los hogares más vulnerables.

La primera infancia primero

Cortés relacionó esta evolución con un conjunto de políticas que, desde el comienzo del gobierno, concentraron nuena parte de los recursos sociales adicionales en los hogares más pobres y, en particular, en aquellos donde viven niños pequeños.

Una de ellas fue el aumento del Bono Crianza, dirigido a embarazadas y hogares con niños de hasta tres años. Desde enero, los hogares con Tarjeta Uruguay Social doble, los de mayor vulnerabilidad, cobran un 50% más por esta prestación. Para quienes tienen TUS simple, el aumento fue de 25% en 2026 y seguirá creciendo a lo largo del período. La medida alcanza a unos 30.000 niños, niñas y embarazadas.

Si bien sabemos que la pobreza infantil no se resuelve solo con transferencias, la alimentación es difícil de separar de los ingresos. Cuando un hogar tiene más plata disponible, una de las primeras diferencias se nota en la posibilidad de comprar comida, sostener la dieta durante todo el mes y recurrir menos a estrategias de emergencia. A eso se suma que alrededor del 89% de los hogares que reciben la TUS tienen niños, niñas o adolescentes, de modo que reforzar esas prestaciones llega de lleno a los hogares donde se concentra buena parte de la pobreza.

Del plato de comida a una política alimentaria

En paralelo, el Instituto Nacional de Alimentación empezó a cambiar su forma de trabajar. En 2026 se puso en marcha un nuevo modelo de comedores comunitarios que busca que esos espacios, además de dar de comer, funcionen como lugares de integración barrial, acompañamiento, formación y trabajo con organizaciones de la comunidad.

Cortés incluyó ese cambio en un conjunto más amplio de medidas, «esto obvimanete es producto de políticas públicas que se desplegaron desde que inició este gobeirno, que puso el centro en los hogares más pobres, en los hogares con niños a cargo, que son los más pobres, en las mujeres jefas de hogar, en las políticas de empleo», sostuvo.

Atender la emergencia alimentaria sigue siendo imprescindible, pero una política que se limita a dar un plato cuando la persona ya tiene hambre, está llegando tarde. Lo que viene planteando el gobierno es combinar esa respuesta inmediata con ingresos, educación, empleo, atención a la primera infancia y trabajo en los barrios, para que menos familias lleguen a esa situación.

El criterio se extendió también al sistema educativo, este año, por primera vez, se garantizó la alimentación durante las vacaciones de primavera para escolares y para estudiantes de Secundaria y UTU que la necesitaran. Así, la comida pasa a entenderse como una de las condiciones para que un niño pueda estudiar, desarrollarse y crecer, más que como asistencia.

Ingresos y trabajo

El planteo de Cortés incluye el elemento del empleo. Las transferencias pesan mucho en los hogares con menos recursso, pero para salir de la pobreza de forma sostenida hacen falta ingresos laborales. Eso vale especialmente para los hogares encabezados por mujeres, donde suelen juntarse los ingresos más bajos, responsabilidades de cuidado y más dificultades apra conseguir y mantener un trabajo. Es un círculo conocido, con menos ingresos cuesta alimentarse bien, los cuidados recortan las posibilidaddes laborales y la falta de trabajo vuelve a limitar los ingresos del hogar.

Con estos datos no se puede medir cuánto incidió cada política en la mejora de la seguridad alimentaria de las familias con niños pequeños. Lo que sí se observa es que la baja coincide con un conjunto de medidas pensadas específicamente para esos hogares.

Cortés: «No es aceptable» que todavía haya hogares sin comer

Para Cortés, la baja de la inseguridad alimentaria es una buena noticia, aunque el dato no alcanza para dar el problema por resuelto. Todavía 12,4 de cada 100 hogares atraviesan alguna situación de inseguridad alimentaria moderada o grave, y entre los que tienen niños menores de seis años, pese a la fuerte caída, la proporción sigue en 14,8%.

La legisladora se detuvo justamente en esa contradicción, «no es aceptable que un país que produce alimentos para tantas miles de personas, que exporta alimentos para tantas miles de personas, tenga hogares que están un día o más sin comer, que es la inseguridad alimentaria grave», afirmó.

A su entender, la caída registrada desde el comienzo del período demuestra que las políticas públicas pueden cambiar esa realidad, y por eso mismo obliga a sostenerlas y reforzarlas donde las carencias siguen siendo más duras. El objetivo, dijo, no puede ser administrar un porcentaje menor de hogares con hambre, «vamos a seguir trabajando para que este número tienda a cero. Sé que va a ser así porque tenemos con qué y tenemos la convicción de que no es deseable que en nuestro país haya hogares con niños a cargo que estén pasando hambre».

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