«La equidad de género requiere una mirada integradora»

21 de marzo de 2019
Ivonne Passada

La compañera Ivonne Passada fue la segunda mujer en la historia de nuestro país que ocupó la presidencia de la Cámara de Representantes del Uruguay. Por esta razón, conversamos con ella sobre su experiencia al ocupar dicho rol en el año 2010, así como también sobre lo que implica para ella las voluntades políticas, su relación con la cuotificación, sus aportes en materia de género y otras cuestiones vinculadas al lugar de las mujeres en el escenario político uruguayo.

Cuando el Frente Amplio ganó el gobierno en el 2005, el MPP, la lista mayoritaria en el Parlamento era encabezada por la maestra Nora Castro. Esa fue la primera vez que una mujer asumió en Uruguay la presidencia de la Cámara de Representantes. Después, en el 2010, me tocó a mí asumir esa tarea, porque nuevamente el Movimiento de Participación Popular volvió a ser la lista más votada.

Creo que es importante destacar que , en estos casos, la promoción existió gracias a la voluntad política de mi sector político. A veces es difícil comprender, pero para aplicar políticas de género no se requiere solamente de las “cuotas”. Si bien es un mecanismo positivo, porque es una puerta que se abre, sin las voluntades políticas es difícil que las mismas se cumplan. Estas dos presidencias se cumplieron sin tener la cuota política aprobada en el Parlamento, esa es una señal importante a entender.

Yo provengo del movimiento sindical. Ese ámbito, 20 años atrás, era una verdadera escuela para todos. Porque en ese momento, no teníamos ni negociación colectiva ni fueros sindicales, por tanto, debíamos profundizar la negociación. La negociación es un arte importante en la política.

En los momentos más complejos, aprendí junto a mis compañeros, a articular, dialogar y a negociar. Este aprendizaje me resultó importante al momento de asumir la presidencia de la cámara, pero también en el momento que asumo mi vida en la política. Creo que eso no se me desprendió y fue una ayuda importante. Y sigue siendo.

Cuando asumí la presidencia, también era Lucía Topolansky la presidenta de la cámara de senadores. Ese fue un hecho de suma importancia, porque era muy difícil que la cámara de senadores tuviera la permanencia de una mujer al frente del senado. La tuvo solo por 15 días, pero hoy tenemos una vicepresidenta de la república que es mujer, que tiene la responsabilidad de conducir el senado. Y, a su vez, una presidenta de la cámara de diputados. Dos mujeres conducen ambas cámaras. Por eso son importantes las voluntades políticas.

Creo que ese es un espacio que todos los grupos políticos deben de promover. No nos podemos descansar con la normativa, porque la normativa tampoco nos debe de permitir que nosotras las mujeres, en el caso de la integración de una lista, nos transformemos en un número. Yo quiero estar en la toma de las decisiones y las decisiones se toman si compartimos el poder.

Y el poder hay que compartirlo no solamente entre mujeres y hombres, hay que compartirlo en un mundo que cada vez más integrado: con negros, con gays, con aquellas personas que conforman la sociedad. Y para ello hay que tener voluntades políticas. Por eso insisto en que están bien las leyes, está bien la inclusión, ¿pero estamos donde se corta el bacalao?

Sí, yo hice un trabajo y lo sigo sosteniendo: creo que no todas las mujeres quieren estar en política. Creo que las mujeres debemos diversificarnos en el mundo. Ya sea en cargos de gobierno, ya sea en la academia… Por algo las mujeres hoy por hoy están ocupando cargos importantes en las universidades. Y otro lugar, porque uno dice que hay patriarcado solamente en la política, pero hay un patriarcado que a veces está un poco oculto y es, por ejemplo, el de los decanatos de las universidades: no son muchas las mujeres que pueden tener allí un cargo y también eso lo debemos de colocar en el plano de la discusión.

Y trabajé mucho en lo que tiene que ver con trabajadoras rurales, porque me parece que es esa mirada, en un país en donde más del 80 % de la producción de nuestro Uruguay proviene del campo, hay una mano de obra que trabaja y trabaja mucho  —de sol a sol—, y que a veces esas mujeres rurales, esas trabajadoras, no tienen la visibilidad correspondiente. Traté de estar en los espacios a nivel rural donde están trabajando las mujeres para compartir esa visibilidad.

También trabajé mucho con las escuelas rurales, saliendo a visitarlas. Generalmente se trae a las escuelas al parlamento, nosotros sacamos el parlamento hacia las escuelas para generar ciudadanía en el territorio. Fue algo muy interesante, concurrir a lugares, íbamos con una banda de música de un escritor muy importante en Uruguay (Roy Berocay), que fue creador de el libro El sapo Ruperto. Íbamos con él y muchos de esos niños y niñas del interior del Uruguay lo habían podido ver en la tapa de un libro pero no lo habían podido ver personalmente. Y eso lo hicimos desde la presidencia de la cámara. Son cosas que creo que se deben de destacar.

Yo he tratado de estar acompañando, de acompañar para que nadie se sienta afuera del lenguaje. No comparto el modificar el lenguaje en sí porque considera que a veces podemos perder el contenido.

Existen voluntades políticas y creo que la modificación en el lenguaje no ayuda realmente a la inclusión. Es más, incluso puede generar una situación de alejamiento. Entonces, lo que vos queres hacer de forma incluyente, puede terminar funcionando al revés.

Lo que fundamentalmente tenemos que manejar es la concepción no sexista, más allá de qué lenguaje usamos. Entonces eso pasa por la escuela, para ir borrando esos patrones que tenés. Formemos una educación no sexista y entonces el lenguaje pasará a tener otro rol.

Hay que seguir el camino, hay que ir para adelante, no tener miedo. Nos vamos a tropezar y nos seguiremos tropezando en la vida muchas veces. Pero de esos tropezones hay que aprender. Hay que rodearse no solamente de mujeres, nuestra idea de cómo se conforma la equidad de género requiere una mirada integradora.

Creo que ese es el mejor camino: no tener miedo al debate, no tener miedo a la discusión ni a la negociación. La negociación para mí es un elemento fundamental frente a la crispación. Vivimos en una sociedad crispada, porque nos invitan permanentemente a crisparnos. Y para romper con ésto hay que tener firmeza, solidez, articular, dialogar… ese mundo puede llegar a hacernos entrar para poner y decir «las mujeres tienen estas características» y creo que eso hoy no lo vale, y si no lo vale también nosotros tenemos que pensar que debemos ir en un camino que jerarquice esa mirada integradora, que creo que es lo que nos ha ido colocando en distintos puestos de lucha y me parece que a veces es un poco injusto decir que el MPP tiene más mujeres en política porque son más, (porque eso se ha dicho) y entonces tienen más posibilidades. Eso no es cierto.

Conozco partidos políticos que son fuertes, que han sido fuertes en este país y que no promovieron mujeres. Igual me parece que vamos en un camino interesante que, insisto, no debe quedar solamente en la cuotificación.

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