Pepe Mujica: Sin descentralizar la plata y la enseñanza, lo demás es verso

24 de septiembre de 2022

Un paquete fiscal garantizado por la Constitución para que el talento de los jóvenes se desarrolle en el interior del Uruguay. Esa fue la propuesta que lanzó José Pepe Mujica este viernes 23, recordando el impulso al federalismo y la descentralización del artiguismo.

Inversión masiva en educación terciaria como base para el futuro del país, formuló José Mujica ante políticos de diversas tiendas políticas, porque “el tamaño del desafío es enorme”. “Lo dramático es la época que se viene”, insistió. Para esto es la propuesta de un gran acuerdo nacional que esté plasmado en la Constitución, que impida el desvío de esos fondos por el capricho del gobernante de turno.

Pepe fue uno de los panelistas, junto a Yamandú Orsi, Cacho Vidalín y Juan Giachetto, que ofrecieron sus impresiones sobre la descentralización y el federalismo, con el pensamiento y la acción de José Artigas trazando una marca desde la historia hacia el futuro. Conversaron políticos de diversas tiendas en el Club Artigas de Florida, presentados por la compañera senadora Sandra Lazo y la edila duraznense María Laura López, en la jornada que conmemoramos el fallecimiento del prócer, un 23 de setiembre de 1850.

Yamandú, profesor de historia de vocación, explicó el alcance del federalismo en la época revolucionaria. Lo enmarcó en las luchas que definieron esos tiempos: unitarios/federales, las divisas tradicionales, campo/puerto, caudillos/doctores. Ejes que definieron a un país excesivamente centralista que recién reconoció gobiernos locales autónomos electos por los pueblos en 1935.

La historia avanzó, las tareas de los gobiernos departamentales se ampliaron. Hay un nuevo nivel de gobierno, más cercano a los vecinos. Y las intendencias, que calificó como pistas de aterrizaje de las políticas nacionales, dialogan con el aquelarre de pagos que conforma el país. No es lo mismo el país chacrero que el ganadero, el tambero o los arrozales. El sur bodeguero o el norte minero, el este turístico o el litoral de la caña de azúcar.

Porque para pensar en el país que queremos hay que entender nuestro propio mapa para proyectar sus posibilidades hacia el futuro, finalizó Orsi.

Políticos de diversas tiendas participaron de la amplia convocatoria para pensar al país

Juan Giachetto fue intendente de Florida entre 2005 y 2010. Líder local, rememoró las puntualizaciones que fueron presentadas a la hora de impulsar el tercer nivel de gobierno, el que creó los municipios. Señaló que la población, sin experiencia con los gobiernos de izquierda, mantenía las viejas prácticas y la instalación de una nueva institucionalidad requería de forma previa, a su entender y el de otros compañeros, la mejora en las condiciones de vida y la práctica política local como el paso previo para consolidar el proceso político de la descentralización.

Convencido de las bondades de este camino, también estaba persuadido de que aquel no era el momento adecuado porque la costumbre de 200 años de partidos tradicionales requería acción para que surjan grados de conciencia en los ciudadanos del interior profundo. Para Giachetto, municipalizar era una forma de perpetuar prácticas clientelares. Quedó solo en su posición, era difícil contradecir una decisión tomada, justamente, desde la capital.

Por su parte, Carmelo “Cacho” Vidalín, intendente blanco que nunca perdió una elección en su departamento, dio su discurso de pie, micrófono en mano, como se hizo siempre. Al lado de Mujica, reconoció la creación de la Universidad Tecnológica, la creación del SUCIVE que finalizó la histórica “guerra de las patentes” y hasta reconoció la labor del compañero Martín Tierno, diputado duraznense, porque trabajan por el departamento sin mirar banderías o ideologías.

Con espíritu constructivo, Cacho reconoció el proceso descentralizador de los municipios que ya no se detiene y cuenta con impulso de gobiernos más allá de orientaciones políticas y reconoció desafíos en la capacitación a los alcaldes.

Criticado por ser un blanco que participa en un evento organizado por el MPP, Cacho respondió con una frase de Artigas: “no tengo más enemigos sino los que se oponen a la pública felicidad”.

Inversión masiva en la cabeza de los jóvenes, reto imprescindible de nuestro tiempo

Para finalizar, Pepe subrayó que el conocimiento humano se convirtió en un elemento formidable que hace necesaria la inversión en las cabezas de los más jóvenes para que las próximas generaciones no se conviertan en prescindibles, en población innecesaria hasta para explotarla, peligro latente ante el vertiginoso avance de la tecnología.

Para eso la inversión en la educación superior es fundamental. Pero se requiere inversión. Hay que generarla, en especial en el interior del país, porque el primer salto está en la generación de riqueza en la economía real, la que produce cosas: en la tierra y en la industria. Lo demás proviene de ahí.

Un país del tamaño de Canelones, Holanda, no vende ganado en pie. Vende genética. Uruguay debería exportar genética al mayor productor ganadero del mundo, Brasil. Pero todo necesita inversión. Sin embargo, padecemos de “rentismo”, incluso los más jóvenes. Quien pone un boliche se enfrenta a una franquicia internacional, entonces prefiere invertir en cosas que den renta. En “la segura”, aunque gane poco.

Contra eso, el Estado debe ubicarse como socio. ¿Por qué no pensar en colocar inversiones en el interior? En una pausa, aseveró al público: “sin descentralizar la plata, lo demás es verso”, afirmó.

El sueño es por muchas universidades en el interior del país, que investiguen y formen talento, en vez del lento proceso que erosiona a los mejores recursos humanos de los departamentos con la emigración hacia la capital.

Pero este desafío requiere de garantías para que no quede librada a la voluntad de un gobernante de turno. Debe ubicarse dentro de la Constitución, propuso Pepe, para que un acuerdo nacional de largo aliento defina qué y cómo invertir en educación superior.

No es un problema del MPP o del Frente Amplio, es un asunto del país. La ventaja que sacó el mundo rico es abismal y los uruguayos no pueden esperar a que nos regalen la prosperidad. Debemos prohijar la inversión para que las generaciones que convocamos tengan un futuro en el cual puedan desarrollar su talento.

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