
En la presentación del Programa latinoamericano de cooperación científica «Pepe Mujica», realizada en el Instituto Clemente Estable, la expresidenta Lucía Topolansky dejó un mensaje político de fondo: la integración regional tiene que apoyarse en decisiones concretas y en una apuesta estratégica por el conocimiento, la ciencia y la investigación, como herramientas de soberanía y de construcción de una voz latinoamericana en el mundo.
Topolansky ubicó el momento histórico con claridad: «estamos en el siglo ventiuno» y, en ese marco, subrayó que «en este siglo vale más el conocimiento, la ciencia y la investigación que el capital». A partir de esa idea, planteó que el desafío no es solamente reconocerlo, sino actuar en consecuencia como región: «por eso no quieren que los pueblos nos aprovechemos de eso, pero nos vamos a apropiar».
El núcleo de su intervención fue el llamado a hacerlo de manera articulada, no país por país, sino como bloque: «nos tenemos que apropiar en conjunto porque unidos somos mucho más, y esa va a ser la voz de Latinoamérica». En ese sentido, recordó conversaciones que, según relató, reflejaban una búsqueda sostenida de integración en torno a estos temas: «muchas veces escuché conspiraciones entre Lula y Pepe sobre estos temas ¿Cómo nos integramos?».
Para Topolansky, la clave está en que la integración se construye a partir de hechos y proyectos que ordenan el camino. «Hay que integrarse a través de cuestiones concretas que nos unan y que nos permitan tener una voz en el mundo», afirmó, y marcó una secuencia política: «después vendran las conferencias y los protocolos». Con esa perspectiva, definió la jornada como un avance real: «realmente estaría contento de este día porque es un paso en un camino que es desafiante, que es largo, que es difícil, pero que vale la pena».
Traducir la ciencia a la vida cotidiana
Otro eje central fue la necesidad de que estos procesos no queden encerrados en el ámbito académico. Topolansky explicó que había escuchado a «muchos académicos importantes hablar» durante el día, pero se posicionó «del otro lado, del lado de la gente común». Desde ahí, planteó un deber político: «tenemos después el deber… de traducirle a la población la importancia que esto tiene. Para que la haga suya y la defienda».
En su mirada, esa aprobación social es determinante, incluso para el rumbo presupuestal y las prioridades del Estado. «Porque es verdad, sino a la hora de la distribución presupuestal, a la hora de las urgencias, a veces la voluntad política no puede incidir como debiera incidir», advirtió. Y remarcó que el respaldo popular cambia la educación: «pero cuando la población lo entiende y lo hace suyo y percibe la importancia, entonces tenemos mucho más asegurada la perspectiva».
En ese marco, insistió en el papel de una comunicación clara y popular, sin subestimar a nadie: «creo que todas estas cosas las tenemos que transmitir con el lenguaje más sencillo posible a la población». Y sintetizó un criterio político pedagógico: «no hay que tener miedo de hablarle de cuestiones de la ciencia a la gente común. Sólo hay que dar con el lenguaje. Cuando se da con el lenguaje, se produce una sintonía maravillosa».
La pandemia como lección regional
Topolansky también apeló a una experiencia reciente y dolorosa para subrayar el costo de no coordinar capacidades regionales. Recordó el impacto desigual de la pandemia en América Latina: «cuando se abatió sobre América Latina la pandemia, pusimos el 35% de los muertos del mundo». Y sostuvo que ese saldo no fue inevitable: «podrían haber sido mucho menos si nuestros países hubieran podido coordinar desde el punto de vista del conocimiento de la ciencia y producción de vacunas».
En esa misma línea, señaló que las capacidades existían dentro del propio continente: «porque en este continente, Brasil, Argentina, Colombia, Cuba, México, producen vacunas, pero no lo hicimos». La conclusión fue directa y con tono de advertencia estratégica: «no pudimos coordinar y quedaron muchos países rezagados y pagamos un precio alto. No nos puede volver a suceder».
Reconocimiento y compromiso para que pase algo
Hacia el final, Topolansky agradeció el trabajo que hizo posible el programa. «Yo quiero agradecerle a todos los que han trabajado, no los voy a nombrar porque me voy a olvidar de alguno… a todos los que han trabajado tanto en Brasil como en Uruguay para que esto fuera posible, porque fueron muchos», expresó. Y puso en valor que el esfuerzo ya tenga resultados: «ese esfuerzo valió la pena y acá hay un primer resultado, y van a venir más».
Al mismo tiempo, definió la iniciativa como algo más que a una firma: «un resultado y un compromiso porque ese trabajo es para que pase algo». En su planteo, el reconocimiento y el agradecimiento no son sólo protocolares, sino parte de una ética militante e institucional que sostiene procesos largos.
En ese tramo, mencionó al Instituto Clemente Estable como símbolo de continuidad, atravesando contextos difíciles: «esta casa, el Clemente Estable sobrevivió a todas las tormentas y sigue estando». Y recordó la visión de su fundador: «su fundador, que era un maestro, visualizó hace cien años, cuando se funda, que era necesaria la ciencia». En una frase que resonó como síntesis de persistencia, agregó: «la vida demuestra que lo imposible sólo cuesta un poco más».
Difundir lo importante, aunque no sea titular
Topolansky también dejó una reflexión sobre la disputa por la agenda pública. «Yo no tengo la pretensión de que salgan los titulares porque la prensa muchas veces busca otro tipo de noticias», dijo. Pero, lejos de resignarse, señaló una responsabilidad política concreta de quienes impulsan estos caminos: «pero nosotros tenemos la responsabilidad, los que estamos aquí hoy, de difundirla. De hacer lo imposible porque se sepa».
En esa idea, marcó que los resultados no aparecen de un día para el otro y que es necesario construir memoria del proceso: «porque después, cuando aparezcan los resultados, hay todo un camino atrás que tienen que aparecer».
Para cerrar, agradeció «a todos los uruguayos, a todos los brasileros, por el esfuerzo» y apeló a una referencia histórica: «decía nuestro héroe nacional Artigas, que sean los orientales tan ilustrados como valientes. Bueno, los queremos muy ilustrados». Y remató con una afirmación que ubicó esta apuesta en una continuidad histórica: «esa es una lucha que sigue vigente. De muchos años atrás, pero sigue vigente».
Finalmente, envió «un abrazo a la distancia a Lula» y destacó su accionar por la integración regional: «que hoy anduvo peleando en Panamá, desde la CAF, también por la integración latinoamericana».
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