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Sra. Presidenta, colegas de todos los partidos:

Quiero dirigirme al pueblo uruguayo en general, a los adherentes del Frente Amplio, y en particular a los trabajadores y trabajadoras de este país, entre los que he crecido, aprendido a vivir y que han dado sentido a mi existencia.

Sé que en este recinto hay legisladores de larga data. Muchos de ellos han hecho de la tarea legislativa el motivo de su vida. Si me comparo con ellos, no soy más que un aprendiz. Mi escuela ha sido la calle, el trabajo desde temprana edad, la forja de la obrería en la que, para bien o para mal, me supe hacer hombre.

Por esa razón, cuando asumí esta responsabilidad, debí reflexionar mucho sobre su sentido. Con todo respeto, sentía que algo en mí no se sentía cómodo en estas paredes, entre las que, reconozco, se guarda un pedazo de la mejor historia de nuestro país.

No sé si la decisión que tomé entonces fue acertada o errónea, pero me planteé hacer desde esta plataforma, lo único para lo que he sido preparado en la vida: esforzarme por privilegiar a los más humildes y defender el trabajo de los uruguayos. Propiciar la apertura de fuentes de empleo. Defender a aquellos que estaban en situaciones críticas y tratar que los trabajadores puedan ser dueños de su propio destino.

El balance de esos esfuerzos no me corresponde. Otros serán los que emitirán opinión al respecto. En particular me remito al juicio de los trabajadores y trabajadoras con los que hemos compartido alegrías y quebrantos.

Por lo mismo, no puedo continuar esta alocución, sin agradecer la enorme cantidad de mensajes de aliento y afecto que me han llegado en estos días. Los he recibido por parte de obreros, luchadores sociales e incluso empresarios. Ese aliento me ha hecho fuerte ante los ataques que he recibido de parte de algunos actores de la oposición, que me han agredido con mucha perversidad y debo decirlo, con mucha inteligencia. Y esto lo expreso porque han puesto en entredicho lo único de lo que puedo jactarme: mi integridad, mi moral y mi consecuencia en la defensa de las causas de los trabajadores. En definitiva, el único patrimonio que puedo legar a mis hijos y a quienes me otorgaron su confianza.

Llegado a este punto, quiero hacer una aclaración. La avalancha de mentiras que en estos días ha caído sobre mi persona no la atribuyo a toda la oposición, ni siquiera a la mayoría de la misma. La atribuyo sí a algunos actores políticos que hace casi dos años iniciaron una causa penal en mi contra, donde se me acusa de estar involucrado en hechos de corrupción. Esa causa hoy está en el ámbito del Poder Judicial, pero su origen es una operativa política cuyas intenciones creo adivinar, pero en las cuales, tal vez por mera decencia, no quiero ahondar.

Simplemente decir que con esa denuncia, estos pocos personajes han instalado públicamente el tema —y su propia figura— en los medios de prensa, tratando de generar un efecto de desconfianza, no hacia mi persona (no me considero tan importante, señora presidenta), sino hacia el trabajo nacional. Hacia los esfuerzos por preservarlo y hacia la conquista de derechos que hemos logrado en estos períodos de gobierno.

El pasado viernes, el Señor Fiscal Pacheco emitió un dictamen respecto a dicha causa. Por lo que nuevamente se ha instalado en la esfera pública la consideración de estos asuntos. Tal vez lo que más me duele de esta situación es que, sin proponérmelo, estoy oficiando como pantalla para bloquear la visualización de otras situaciones. Esas sí, realmente alarmantes para nuestro pueblo.

Es por esta razón que entiendo pertinente tomar esta decisión que estoy planteando a la cámara, mi renuncia: porque en la vida siempre hay que enfrentar los desafíos con honestidad y con frontalidad. Sin esquivarle al bulto a las situaciones críticas, según el decir de nuestro pueblo. 

Sin embargo, nos queda la t