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¿Y si les dijera que, a escasos días de una elección —para muchos— intrascendente, les frenteamplistas tenemos la oportunidad de volver a poner nuestro país a la vanguardia democrática? 

La posibilidad de que una mujer maneje los hilos de un país no es una novedad en el mundo y mucho menos en la región, una región que ya tuvo el privilegio de contar con Michelle Bachelet, Cristina Fernández y Dilma Rousseff como mandatarias en sus respectivos países. Pero sí lo es en un país que desde hace unos poquitos años se ha despertado masivamente a la problemática de la invisibilización de la mujer, o mejor dicho, a la lucha a favor del empoderamiento de la misma.

Es un error conceptual, político, de justicia, de sentido común y hasta de estrategia electoral… pensar que la posibilidad de tener una Presidenta solo va a redundar en beneficios concretos para el género femenino. Cada vez que trabajamos las inequidades históricas, cada vez que actuamos sobre los problemas endémicos, cada vez que empatizamos con aquellas personas que por su condición son relegadas a segundos y terceros planos, la que crece es la sociedad toda. Madura, germina, se proyecta, vuela, multiplica sus sentidos, exponencia sus virtudes.

Me es difícil, como frenteamplista, poder explicar qué es lo que queremos decir con esto del cambio dentro del cambio. Y es que a los años de crecimiento económico ininterrumpido, de derechos adquiridos, de posibilidades concretadas, de logros esparcidos, de felicidad pública alcanzada… todavía le hace falta una dimensión, una mirada distinta.

Y no es por ninguna de las características románticas e idílicas que como sociedad les atribuimos a las mujeres, NOS atribuimos. Sino porque en las relaciones sociales, de producción y de las otras, siempre se trata del complemento, de la cooperación, entre 2 o más individualidades que desean constituirse como conjunto, funcionar como conjunto. ¿Cuál es la cooperación posible si hay una parte de ese conjunto a la que siempre le hemos negado la posibilidad de la conducción? 

Hoy tenemos una posibilidad certera, como nunca antes, de reafirmar que queremos construir con todos, con todas. Que queremos seguir transformando la realidad con todos los lentes que sean posibles, con todas las sensibilidades que nos constituyen, con la potencia de un programa único y la calidad de una mirada única, distinta.

Carolina ha ido sorteando, a lo largo de toda su vida, pero mucho más en estos meses de “prueba”, todos los obstáculos, los prerrequisitos, los peros, las condescendencias y las caridades que cómo colectivos acostumbrado