Graciela Barrera

Este primer año ha sido duro, pandemia y retrocesos en logros de gobiernos del FA.

Leyes que amenazan avances. Sumado a esto un panorama de aumento del abuso sexual, y los femicidios que nos golpean la cara día a día.

Reflexionemos….Si hablamos de retrocesos, el destruir el Sistema de Cuidados es un ejemplo. No podemos olvidar que fue el camino planteado por las luchas de las mujeres y de las evidencias recabadas durante décadas. Las estarategias de desmantelamiento no nos son ajenas y no cesaremos en denunciarlas desde los lugares que hoy ocupamos.

También resulta importante apuntar a que este gobierno de derecha plantea el emprendedurismo desde un concepto economicista. Tiene por objetivo central que las mujeres trabajen en sus casas de manera informal y sin sostenibilidad económica, así pueden atender mejor a sus hijos, ese es a todas vistas el emprendedurismo que quieren promover.

Esto se logra destruyendo el Sistema de Cuidados. Así alimentan, una vez más, a las mujeres relegadas, cosificadas y así también abonar el terreno para la violencia, como  máxima consecuencia.

Sigamos reflexionando… Proyectos de Ley «Corresponsabilidad en la crianza» y «Tenencia compartida responsable»

Los estados que ratificaron la Convención de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas están obligados a cumplir, respetar y proteger esta herramienta de Protección para los niños, niñas y adolescentes. Esos son los compromisos irrenunciables a los que hemos, históricamente, suscrito.

En el pasado año se alzan voces que ponen en la luz otra cara de la cuestión. Estos proyectos no parecen necesarios porque la normativa vigente prevé la corresponsabilidad en los cuidados y la posibilidad de la tenencia compartida siempre que sea lo mejor para los niños, niñas y adolescentes. Además, las iniciativas no denotan evidencias de investigaciones, estudios,etc. Resultan regresivas en lo que son los derechos de los niños, niñas y adolescentes y se contemplan los intereses de los adultos sin importar los de ellas y ellos. Un mundo adultocéntrico que se impone en contra de procesos de larga data. Con referencia a las situaciones de violencia ambos proyectos atentan contra los principios de protección y profundizan los riesgos.

Todos los días, sistemáticamente, los titulares nos inundan:

“Una mujer de 24 años fue atacada por su ex pareja…tenían un hijo en común.”

“Femicidio, su ex pareja se suicidó…tenían un hijo en común.”

“Un hombre mató a su pareja y se suicidó…tenían un hijo en común.”

“Una mujer asesinada por su ex pareja….tenían un hijo en común.”

Y ahí también hay para reflexionar. Las mujeres volvieron a su casa, cuidaron, esperaron, protegieron y sostuvieron. En las mismas casas donde la violencia fue y es amenaza. Pensar cómo se abatirá esta situación es un desafío pero más que nada una responsabilidad de la que no nos vamos a deslindar.

NO MAS MUJERES MUERTAS.

NO MAS NIÑOS HUÉRFANOS.

NO MAS VIOLENCIA DE GÉNERO.

La lucha debe continuar para erradicar la violencia en nuestra sociedad. Y nuestro rol como mujeres  políticas del Frente Amplio es fundamental.

#NoNosCallamosMas

#TodasJuntasEnTodasLasCalles 

Cecilia Bottino

8 de marzo de 2021: Buscar nuevas maneras de estar, participar y luchar juntas.

Este año nos encuentra de frente a un 8 de marzo inédito. Primero porque el panorama mundial sigue siendo de pandemia y Uruguay no escapa a esta realidad. Además seguimos al amparo de una restricción al derecho de reunión desde diciembre del año pasado. Este escenario en un clima país incierto y acuciante, en plena crisis social y económica redobla la imperiosa necesidad de que las mujeres, una vez más, pongamos voz y cuerpo a nuestros reclamos, a nuestras luchas y reivindicaciones.

Aquellas que habitamos determinados lugares de la institucionalidad tenemos además la responsabilidad de multiplicar las voces, de amplificar el grito históricamente construido y largamente invisibilizado. Sabido es que el proceso por el que las mujeres accedemos a ciertos espacios de representación no es para nada sencillo ni equitativo. Pero quienes, con el sostén de muchísimas otras, accedemos debemos ser férreas guardianas de las conquistas logradas y promotoras de lo que resta por construir.

En este tiempo de gestión de gobierno hemos visto cómo se alzan voces que buscan echar por tierra los avances que hemos logrado en la lucha colectiva. Procesos que tiene que ver el encuentro entre los movimientos sociales y los políticos. Vemos cómo la derecha sin reparos, y en muchas oportunidades apropiándose de discursos que luego no sostiene, intenta socavar parte del acumulado que ha transformado nuestra matriz social.

La potencia de nuestra luchas, de nuestras conquistas siempre ha estado en las calles. Este año tenemos el desafío de encontrar otras formas de hacer y de no relegar este espacio fundamental. Nos sabemos fortalecidas, nos sabemos capaces y hoy nos encontramos con la posibilidad de que las voces de todas tengan nuevas formas para resonar.

Lo fundamental sigue siendo construir, nutrir ese tejido antiguo de la sororidad y revestirlo de resistencia. La resistencia que muestran día a día las mujeres que sostienen las ollas populares a lo largo y ancho de Uruguay, la fortaleza que muestran nuestras mujeres rurales en todo el país y la fortaleza de quienes frente a una pandemia debieron sostener sus fuentes de ingresos y relegar el espacio de lo público para volver a restringirse al de lo privado.   

Si pensamos en que tanto las mujeres, niños, niñas y adolescentes que pertenecen a los sectores más vulnerables de nuestra sociedades aparecen como las poblaciones más afectadas por esta pandemia, nuestro deber es exigir a las diferentes institucionalidades y niveles de gobierno dar las respuestas efectivas tanto a los aspectos económicos, sanitarios, educativos y sociales que se han visto impactados. Si pensamos las crisis como oportunidades de transformación esta transformación sólo será viable con los compromisos efectivos de todas y todos los involucrados en brindar respuestas acordes a los desafíos que se nos plantean.

En este año también, fuimos y seguimos siendo testigos de cómo se agudiza la emergencia de la violencia basada en género, asociada también a la pandemia y profundizando sus impactos sociales. La violencia estructural de la que mujeres, niñas y niños son víctimas sistemáticas no puede ser jamás algo de segundo plano. Asistimos a un soslayamiento de la temática y al ejercicio de otras formas de violencia machista justamente a través de la invisibilización.

Todas somos conscientes de que los cambios estructurales llevan tiempo, si sabrán de eso las mujeres que han sostenido incontables procesos para construir el terreno sobre el que cimientan hoy nuestras vidas. Pero el tiempo debe ser de acción, tiempo de poner lo mejor para que los femicidios y cualquier forma de expresión de la violencia hacia mujeres, niños y niñas dejen de ser noticia casi cotidiana. Esfuerzos para derrotar efectivamente esta emergencia nacional. Compromisos concretos y realizables con el aporte de todas y todos. Sigue siendo urgente que la vida de uruguayas no termine fruto de la violencia machista. Frente a situaciones desgarrantes y sostenidas que vivimos las mujeres en nuestro país, apostamos, una vez más, a asumir responsabilidades.

Hoy más que nunca y al igual que siempre, es con todas. La historia sabe de nuestras luchas, nuestras conquistas y de lo que comprometemos para llegar.

#8M2021

#NonosCallanMas

#TodasJuntasEnTodasLasCalles

Cecilia Cairo

El Feminismo como proyecto ético, ideológico y político tiene la necesidad de debatir y reflexionar las ideas, los matices y lo estratégico de ser movimiento. Por ello es que debe establecerse diálogo con los distintos actores sociales para repensar-nos. El feminismo deberá eliminar la opresión y explotación en un mundo interconectado, cuyo modelo se presenta como integrador e igualitario pero que genera segregación, exclusión y desigualdad.

En la globalización, la hegemonía del mercado, se integra a todos los aspectos de la vida cotidiana, espacios y la convivencia social. En este contexto las mujeres de las capas medias y altas adquieren el ideal de la mujer autónoma, exitosa profesionalmente, independiente y perfectamente ajustada a un modelo de belleza. Las mujeres de “éxito” comenzaron a ser parte del paisaje de la posmodernidad latinoamericana, ejecutivas y profesionales mostradas por empresas y organismos gubernamentales como signos de la democratización del poder. En ellas, el cuerpo se vuelve imagen, desposeídas de su propia corporalidad por el imperativo estético que tiende a ser normalizado y domesticado. Los valores éticos se equiparan a valores estéticos.

En la región a través del progresismo se generaron posibles alternativas, filosofías, acciones, simbologías y proposiciones fortaleciendo alternativas emancipadoras. Las ideas feministas fueron incluyéndose en los movimientos y luchas populares, el movimiento feminista creció en muchos países confrontando con autoritarismos en la casa y en la calle, en un clima antidemocrático y/o con dictaduras fuertes, que el movimiento contribuyó indudablemente a derrotar, vinculándose y sembrando ideas y principios en las mujeres organizadas de distintos ámbitos: políticos, sindicales, sociales, religiosas, etc. En los noventa, se produjo un desplazamiento ideológico que ha puesto a algunos feminismos en armonía con el pensamiento conservador, presentándose como progresista y sostienen el status quo, desarrollando cómodas acciones sectoriales que no confrontan el sistema establecido ni sus mecanismos, sin cuestionamientos globales y sin concreciones de clase ni de etnia. Nosotras, las mujeres del Sur debemos construir desde el feminismo una crítica contundente a la injusta globalización y generar acciones con fuerte visión de clase. Considerando el crecimiento en el trabajo informal, sin derechos laborales, sin contrato de trabajo y en condiciones precarias, mientras que se continúa con las responsabilidades domésticas. Sólo las mujeres de las clases privilegiadas pueden liberarse un poco del yugo doméstico contratando a otras pertenecientes a los estratos más pobres. La pobreza tiene rostro de mujer, en su triple discriminación: de género, clase y etnia. La feminización de la pobreza ha dado lugar a lo que se denomina “feminización de la sobrevivencia”. Migración laboral, tráfico y prostitución son, cada vez más, salidas forzadas en el mundo entero para la supervivencia de miles de mujeres. El cuidado, otro rol histórico asignado, se mide en una dimensión de valor no mercantil. Se trata de una noción del valor que contribuye a generar una riqueza que, en lugar de vincularse a crecimiento, se asocia a bienestar y desarrollo. Es un problema estructural de las políticas; por eso todas las políticas deben ser evaluadas a nivel de las condiciones de vida desde una mirada feminista materialista, para que se reconozcan la multidimensionalidad del ser humano y las diferencias del ciclo de la vida. La calidad de vida y el uso del tiempo delimitan desigualdades entre las mujeres profundizando y construyendo entre nosotras, de las cuales hay las que no tienen pan, ni trabajo, ni salud, ni educación, ni derechos, y están predestinadas a los sinuosos caminos mientras la conquista de mínimos avances legales, asignación de derechos, la mayor parte de las veces, lo son para pocas, y en esa medida no son sino privilegios.

La utopía sigue siendo la construcción humana que considera las dimensiones de clase, raza, género, opción sexual y otras demarcaciones que se traducen en discriminaciones e injusticias sociales. El reto del feminismo y la posmodarnidad es lograr una alianza duradera entre las distintas visiones que confluyen en el movimiento feminista, las organizaciones populares, las activistas dentro de las organizaciones no gubernamentales, los partidos políticos, las instituciones estatales, la universidad y todos los movimientos sociales emancipatorios. Es necesario construir y clarificar propuesta ética feminista, que sirva de base a una nueva lógica social. La identidad populista sería la que plantea una manera específica de gestionar la representación de la parte y el todo comunitario.

En un marco de avance neoliberal y del feminismo, del movimiento de mujeres y de la diversidad, creemos que es muy importante coincidir en espacios y acciones con todas las compañeras del país para hacer un balance de nuestro recorrido. En este contexto de ajuste económico y de pérdida de derechos para nuestro pueblo que afecta en particular a las mujeres, es necesario poder pensar estrategias juntas.

Hay un retroceso en materia de derechos e intencionalidad del gobierno nacional de generar políticas vinculadas a los sectores de poder y lejanas a la realidad de muchas de nosotras, nosotres, sufriendo el impacto del ajuste y la pérdida de puestos laborales.

Por ello reafirmamos que el feminismo debe enmarcarse en la Lucha de Clase que aún persiste y que denota la diferencia abismal entre las mujeres de cristal y las mujeres del barrio, las jefas de hogar, las que sudan el pan.

Debemos avanzar en comprender que los cambios planteados no se darán si no es la sociedad en su conjunto la que comience a cuestionarse, esto no significa el enfrentamiento de género sino que debemos apelar a la construcción y reconocimiento de los seres que aportan a la construcción de alternativa y realidad como lo hizo José “Pepe” Mujica y su Gobierno a través del Plan Juntos generando políticas de viviendas específicas para mujeres jefas de hogar. Debemos entonces exigir que las medidas y construcción de políticas públicas contemplen la situación socio-económica de las mujeres para abordar específicamente a las históricamente excluidas, que en este escenario actual el peligro recurrente y de supervivencia no solo en el seno familiar, sino que también se encuentra al desamparo y expuesta a los abusos de un estado cuasi ausente donde los dispositivos de orden y represión apuntalan a quema ropas como el caso suscitado en Malvin Norte. Una vez más el pecho al descubierto, las relegadas del sistema.

Bibliografía Consultada:

Inés Cortés

8M: resistencia popular

Reflexionar sobre el 8 de Marzo del 2021, nos lleva en primer lugar (e inexorablemente) a plantearnos lo distinto que es este de los  anteriores.

Como sociedad estamos transitando y sorteando los estragos que dejó (y continúa dejando), la COVID 19, estragos no solo sanitarios, sino económicos y sociales. Éstos ùltimos, son de hecho los que más consecuencias a mediano y largo plazo nos dejarán. Los daños econòmicos y sociales persistirán en la sociedad y al pueblo en particular, más allá de la superación sanitaria de la pandemia. Esto sucede a nivel mundial, y en Uruguay se agrava por la ausencia de políticas sociales de amortiguación de los impactos negativos de la crisis.

A nivel mundial la precarización social de las mujeres se agravó con la crisis sanitaria. Fuimos las primeras en quedarnos sin trabajo, las primeras en hacernos cargo de los cuidados del hogar en cuarentena cuando toda la familia se quedaba adentro, las primeras en dedicarnos a cuidar a los enfermos, etc. La triple jornada laboral de las mujeres (de cuidados, tareas domèsticas y trabajo remunerado) se agudizó en todo el mundo, pero además se le sumó la “hiper-precarización” de nuestras vidas.

Uruguay no fue ajeno a estas problemáticas sociales que nos atraviesan a todas las mujeres (en mayor o menor medida) en el mundo, por el contrario, las acrecentó con un Gobierno neoliberal que le dio la espalda más que nunca a las mujeres uruguayas. A las mujeres todas, pero principalmente (por el clivaje de clase del Gobierno Nacional) a las mujeres trabajadoras, a las mujeres pobres, a las que habitan los barrios, a las que defienden y sostienen el entramado social de protecciòn de los y las más pobres.

En uruguay fueron las mujeres las primeras en organizar ollas populares para garantizar la alimentación a la gente del barrio cuando vieron volver los años grises en los que no había para comer. Fueron las mujeres, madres y abuelas las que sostuvieron la semipresencialidad en las casas, y en las escuelas las maestras, que hicieron malabares para adecuarse a una situación excepcional con autoridades educativas completamente ausentes y omisas.

Fueron también las mujeres las que se organizaron para demandar la reapertura de las escuelas; las que reclamaron por el alimento escolar de sus hijos cuando estalló la pandemia y la incertidumbre paralizó al Uruguay.

Fueron también las mujeres las primeras en salir a defender a sus hijos cuando la policía irrumpió en los barrios de manera abusiva.

Fueron también las mujeres las que vivieron la agudización de la violencia de género y doméstica cuando se vieron obligadas a confinarse con quienes las violentaban mientras el Gobierno recortaba el presupuesto de atención a las víctimas en todo el territorio nacional pero principalmente en el interior del país.

Son las mujeres hoy, las que están mayormente en situación de desempleo, son las mujeres también las que “llenarán” esos nuevos tres puntos de pobreza de los que habló la ministra Arbeleche.

Somos sin duda las primeras en pagar los platos rotos de una política neoliberal, antipopular, y patriarcal, de ajuste, represión y precarización de nuestro pueblo.

Para las mujeres parlamentarias, serán años de alzar la voz contra este Gobierno hambreador, años de trabajar coordinadamente con las organizaciones sociales para lograr así ser la caja de resonancia (en el mármol) de las demandas de afuera, de lo que la calle nos exige, de las mujeres de nuestro pueblo, de lo contrario sería en vano ocupar nuestras bancas.

Por eso, quiero dejar planteado el desafío que tenemos desde los movimientos feministas (sociales y políticos) en este contexto tan adverso, desafío de “zurcir”, de unirnos más allá de nuestras diferencias, de pensar en todas desde todos los espacios, de abrir las puertas, de solidarizarnos con todas las compañeras, aunque nuestras trayectorias de vida y militancia hayan sido distintas, nuestros padecimientos son más similares de los que creemos.

#8M

#NoNosCallamosMas

#TodasLasMujeresEnTodasLasCalles

Bettiana Díaz

La pandemia sigue siendo la violencia

No es novedad que los más vulnerables son los que pagan las crisis desde siempre.

En esta pandemia, la crisis sanitaria desembocó en una crisis social y económica pocas veces vista.

Desempleo, incertidumbre, violencia y precarización son la triste realidad de este primer año de gobierno y pandemia, que afecta fundamentalmente a las Mujeres y sobre todo a las más vulnerables. Las que fueron las más castigadas en toda América Latina en 2020.

Presionadas a intensificar los cuidados, sostener hogar, niños, niñas y adultos mayores.

Expulsadas de los lugares de trabajo, obligadas más que nunca a salir a la calle y parar la olla. Y cuando no se pudo más, engrosar la larga fila de personas que comen en ollas populares con el esfuerzo de vecinos, vecinas y cientos de militantes que dan su tiempo y sacan de su mesa para que a otros no les falte.

Combinaron familia, trabajo, cuidados, en un espacio mínimo, con ingresos mínimos y con la ayuda mínima. Afuera la incertidumbre y adentro, las tareas domésticas, los cuidados y muchas veces la violencia. El abuso y la violencia física, verbal y psicológica no han parado, se ha intensificado. Feminicidios, abuso sexual y trata de personas, han dejado un mensaje y dolor terrible en nuestra sociedad.

Derechos laborales, sociales, de salud sexual y reproductiva también fueron afectados.

Las respuestas gubernamentales no conforman y el Estado cada vez más ausente.

Con un gobierno que ha dado a cuenta gotas ayudas sociales y receloso con el único fin de cuidar las cuentas públicas sin medir las consecuencias. Se priorizó en el ahorro y se condenó a la pobreza a miles de mujeres.

Las decisiones y la perspectiva de las medidas tomadas, poco tuvieron en cuenta al género o a las mujeres. La representación tampoco fue reflejo del enfoque de las políticas públicas. ¿Las mujeres políticas poco tuvimos que ver o decir sobre esta crisis. ¿Acaso no hay mujeres en el gobierno o en la coalición que puedan delinear políticas públicas pensadas para las mujeres?

Quince años de gobiernos frenteamplistas dejaron una agenda de derechos que es ejemplo en el mundo y fue la carta de presentación de este gobierno para llamar a inversores internacionales.

Gasto fiscal versus gasto social, pagan de nuevo las mujeres y las pobres.

Los efectos de este daño en tantas vidas, es y será inimaginable, ahora son parte de una estadística, un titular de prensa o una charla cualquiera que pasa cuando surge otro titular.

El hecho es que somos el país que menos invirtió durante la pandemia.

Por el camino quedaron técnicos, técnicas, servicios y programas que sostenían a hogares y mujeres. Planes de vivienda, realojos, prestaciones sociales suspendidas, eliminadas o miradas bajo la lupa sin saber qué va a pasar.

Colectivos, mujeres y disidencias se organizaron, activaron redes y se abrazaron para sostener a las que más necesitaban.

El pueblo organizado con su inmensa solidaridad tendió una mano, desde el Movimiento de Participación Popular, sus militantes, legisladoras y legisladores, también lo hacemos y lo seguiremos haciendo.

En este contexto, nuestro rol como mujeres políticas frenteamplistas, será muy importante y desafiante para señalar, decir todo lo que falta y potenciar las herramientas que tenemos. Así como lo hicimos durante la discusión de la Ley de Urgente Consideración y la Ley de Presupuesto.

Desde Uruguay y en América Latina será primordial estar junto a organizaciones, movimientos y activistas sociales nacionales e internacionales.

Seguir apoyando y siendo una oposición con razón y corazón mirando por las más vulnerables.

Que las más infelices sean las más privilegiadas.

Lucía Etcheverry

Rol de la mujer en política.

Quizás es por los tiempos que vivimos, pero quiero resumir este 8M en 4 conceptos fuerza para mi:

Reconocimiento

Gratitud

Interpelación

Esperanza

Reconocimiento a todas las mujeres que desde hace muchísimos años vienen dando la pelea por los pasos que hemos dado. Señaladas, cuestionadas, exorcizadas desde todas las tiendas, no se rindieron. Fueron sumando, con luces y sombras, abriendo los antecedentes para el grado de conciencia y convencimiento que hoy vemos en las multitudinarias y creativas marchas del 8 M como expresión de fuerza y presencia.

Son muchas, feministas organizadas, feministas más mediáticas, más silenciosas. Sin ellas, muchas de nosotras no estaríamos quizás escribiendo estas líneas, aunque no lo haya sabido en otros tiempos.

Gratitud por la entrega, por tolerar señalamientos, por asumir contradicciones y abrir el juego

Interpelación, porque las luchas, los diferentes escenarios en los cuales las desigualdades de género, viven, se nutren, se disfrazan y mutan, hay que ponerlos en cuestión. En nuestros partidos, en nuestras organizaciones de referencia, en nuestra familia, en los espacios políticos, a veces tan hipócritas.

Interpelación para identificar los mecanismos que aún nos faltan para conquistar efectivamente la paridad, la igualdad, en la distribución de las cargas desde los ámbitos más privados a los círculos más publicos.

Igualdad en la responsabilidad de los cargos de conducción, igualdad en las remuneraciones por igual tarea, igualdad en el acceso a los medios, de producción y de comunicación.

Igualdad en la actitud y comportamiento de los otros cuando habla una mujer. Y quizás avanzaremos en que hablen todas.

Esperanza, en nuestros gurises, niños y niñas, que vayan creciendo de manera diferente, que estén integrando en la incertidumbre y en las contradicciones que las desigualdades pasan por otros intereses y se miren reconociendo y respetando las diferencias.

Esperanza que en lo inmediato, en el cortísimo plazo, podamos como sistema político reconocer y mirar que esta pandemia, los impactos económicos, las medidas de restricción sanitarias, afectaron muchísimo más a las mujeres y por supuesto muchísimo más a las mujeres pobres.

La coyuntura actual evidenció nuevamente la fragilidad de la inserción laboral de las mujeres. Los mecanismos de cuidados siguen centrados en nosotras. Este gobierno no tiene una reafirmación de los caminos de construcción de la igualdad de género, por lo que urge juntar voces.  Voces de mujeres de las más diversas procedencias, orígenes y creencias ideológicas. Hay una solidaridad orgánica que se antepone.

Este 8M, en un solo segundo te pido, recordá a las mujeres que te marcan la memoria (Maria Angela, Micaela, Elba, Cecilia, Ana, Maria, Ema, Lilian, Elsa, Silvia y tantas más). Agradecé por el camino, los logros y lo pendiente. Criticá a nuestras contradicciones y a la intencionalidad marketinera del gobierno. Y abrazá la esperanza, en que podemos revertirlo con seriedad conceptual y con alegría por vivir la oportunidad.

Zulimar Ferreira

Dos siglos de lucha para acceder a espacios de decisión política,

 es mucho tiempo…

Estoy convencida que en la mentalidad patriarcal que se ha impuesto como base cultural del Poder, las mujeres deberíamos limitarnos a votar y nada más, ese logro tan peleado por mujeres, el derecho a votar y que en la década del 50 en Uruguay se concretó.  Seguramente para el Poder (ejercido por hombres) debería quedar ahí, no avanzar más…

 Larga y dura fue la lucha de las mujeres para acceder a todo, absolutamente a todo: a la educación, especialmente a la Universidad, al trabajo, al trabajo remunerado de forma igualitaria, a los Cuerpos Legislativos, a los cargos gubernamentales, a la Justicia, a la comida, a todo, absolutamente a todo…

Larga y dura es la lucha que estamos llevando adelante para acceder a algo, ahora, en este preciso momento….

Algunas sostenemos que la lucha de género es uno de los procesos más largos y más complejos con los que carga la historia mundial y que ese proceso es inseparable del proceso revolucionario de izquierda, que radica básicamente en la lucha de clases, en el ser humano como centro de la producción y no el mercado. Mientras se siga mirando a la mujer como objeto de mercado, mientras se esclavice a la mujer en el trabajo, mientras se compre a la mujer para usar su cuerpo, mientras el hombre juzgue y ejecute a la mujer por considerarla de derecho propio, mientras no exista libertad e igualdad, no habrá proceso revolucionario que no fracase….

Algunas mujeres políticas en Uruguay no provenimos de familias pudientes, no consideramos la política como una carrera, no heredamos de nuestras familias la visibilidad y no tenemos influencias que nos adjudique cargos, ni dinero para comprarlos… algunas mujeres militamos en política porque consideramos que es la herramienta más elemental para cambiar el mundo, o al menos este pedacito de mundo que es nuestro Paisito, y hacemos de la militancia nuestro sistema de vida. Lo incorporamos a la crianza de nuestros hijos, a la vida cotidiana, en nuestras agendas incorporamos la fecha y hora de la reunión con productores, la Mesa Política y la túnica que comprarle al niño y las verduras que faltan para cocinar…

Las mujeres políticas en Uruguay no siempre ocupamos cargos institucionales, son muchas más las que militan en la Base y sin remuneración… las mujeres políticas tienen una visión más profunda de las necesidades de las familias porque la viven más de cerca o la sufrimos en carne propia, porque por lo general las mujeres no podemos desvincularnos de la bolsa de leche si sube de precio, de los útiles escolares, de los cuidados de nuestros familiares, porque ese rol que le fue asignado específicamente al mujer, sigue pesando aún hoy en nuestras vidas.

Avanzamos tres pasos y retrocedemos dos….

Despertar un día con un gobierno de derecha que sostiene que en la vida se logran cosas a través del mérito propio es demasiado desalentador….a un año de gobierno parece que hubieran pasado 10 años… las políticas públicas en general han sido insuficientes, y más si tomamos en cuenta la realidad de la pandemia, que repercute fuertemente en la vida de las mujeres..

En el gobierno hay solo dos mujeres ministras y en uno es obvio que los que llevan la voz cantante son hombres, más del 80 % de los cargos de gobierno están liderados por hombres, el partido de gobierno tiene un porcentaje bajísimo de mujeres en el parlamento.

En este año tan difícil vimos a las mujeres políticas en tareas solidarias, cerca de otras mujeres, juntando alimentos y todo lo que se considerara necesario para ayudar a muchas familias en el aislamiento, están en las ollas populares, gestionando algo en MIDES o en la IDT, organizando, juntando firmas, buscando herramientas para formarse, endureciendo el cuero para hacerse respetar, denunciando, indignándose con la creciente injusticia en esta crisis que hace meya todos los días un poco más.

En el Paisito pululan las mujeres políticas, las Ana, las Nury, las Laura, las Bea, las Cecilia, las Valeria…

Un año de gobierno Herrerista y otras yerbas… para muestra basta un botón decía mi madre, entonces lo que queda es unir manos y pies y cabezas para reconstruirnos y avanzar en este proceso tan largo y tan complejo que nos limita, la única respuesta es luchar.

Como siempre.

Gloria Fuentes

8 de Marzo 2021

Seguir construyendo juntas

Este 8 de marzo conmemoramos un nuevo Día de la Mujer Trabajadora. La igualdad no es una necesidad, es un derecho. Queremos y debemos estar en la toma de las decisiones del poder político.

En todo el mundo, más de 2.500 millones de mujeres y niñas se ven afectadas por leyes discriminatorias. Esa es la realidad que nos convoca.

Las mujeres no tenemos las mismas oportunidades laborales que los hombres en nuestro país y ganamos un 31% menos. Y la brecha no solo está ahí, es amplia y atraviesa aspectos fundamentales de nuestras vidas.

El gobierno actual carece de una política de estado frente a la desigualdad de género y a su vez la desigualdad de género y el impacto de la actual pandemia  profundiza las diferencias en sectores de mujeres que tienen sus necesidades básicas insatisfechas. Este panorama complejo nos interpela y no nos silenciarán.

Si el poder político promoviera la igualdad de género, mejoraría la calidad de vida y la economía de nuestro país.  Aquí lo fundamental es mantener nuestras voces alzadas y con capacidad para seguir generando herramientas que lleven a este horizonte que nos compromete.

Por eso, sin lugar a dudas,  con más mujeres en lugares de definición habrá mejor sociedad.

#8M 2021

#NoNosCallanMas

#TodasJuntasEnTodasLasCalles

Lilián Galán

Las mujeres políticas de izquierda somos esencialmente militantes,

 todos los días

¿Dónde estamos? ¿Por qué es más difícil para nosotras estar en algunos espacios, si sostenemos otros? ¿Cómo sobrevivimos a esta nueva coyuntura de empobrecimiento, precariedad y control?

Las mujeres políticas sostienen las ollas populares, porque sostuvieron desde siempre las ollas de sus hogares. Y saben lo que es calcular cada porción, para que a nadie le falte un plato de comida a la hora del reparto.

Las mujeres políticas están en los barrios cuidando a los hijos de las vecinas, maternando en comunidad, tendiendo redes y lazos de crianza respetuosa.

Las mujeres políticas están privadas de libertad deseando salir al encuentro de oportunidades que antes les fueron negadas.

Las mujeres políticas están manicomializadas y son tratadas como locas, y lo que precisan son políticas de salud mental que las pongan en el centro y las reconozcan como sujetos de derecho.

Las mujeres políticas son las ex presas políticas víctimas del Terrorismo de Estado que se animaron a denunciar a sus verdugos.

Las mujeres políticas están en situación de discapacidad y merecen políticas públicas que las contemplen.

Las mujeres políticas son las mujeres afrodescendientes condenadas a la pobreza, y las que para ocupar cualquier espacio de toma de decisión tardan más que una mujer blanca.

Son las mujeres en situación de calle, las que no tienen techo, las que sueñan con una vivienda digna porque no tienen garantizado ese derecho.

Este primer tramo de la nueva ola neoliberal las afecta y mucho. Las empobrece, las hace perder salario, recorta a la Educación Pública condenando a sus hijas e hijos a habitar instituciones carentes de recursos. Las hace hacer largas colas de madrugada en los centros de salud para intentar retirar medicación para ellas y sus familias.

En este momento en que lo público y lo popular están en disputa, las mujeres perdemos por partida doble. Porque somos las más pobres dentro de “los pobres”, y el actual gobierno no nos garantiza con ninguna de sus medidas que esto cambie.

Es el mismo gobierno que nos encerró en plena pandemia con nuestros agresores mientras duplicamos las denuncias telefónicas por violencia doméstica. Es el  mismo gobierno que no duda en reprimir vecinas de un asentamiento que no habían hecho nada. Es el mismo gobierno que persigue profesoras por supuesto proselitismo y no condena a los abusadores ,machistas y misóginos que tiene en sus filas.

Pero esto no nos va a callar, porque no nos callamos más. Es importante vigilar celosamente que este avance neoliberal nos encuentre juntas y tejiendo una trama feminista, para militar la importancia de que las mujeres ocupen cada vez más los espacios de toma de decisión de las organizaciones del campo popular. ¿Por qué? Porque solo nosotras sabemos lo que queremos hacer y cómo. Porque nos sobran capacidades y compromiso. Porque nuestras vidas y nuestras sensibilidades son políticas y encierran un potencial transformador poderoso y subversivo.

Las mujeres políticas estamos despatriarcalizando la vida.

Sandra Lazo

Reflexionar sobre el rol de la mujer política en este primer año de gobierno de derecha nos lleva indefectiblemente a reflexionar en general sobre el rol de las mujeres en política y en particular en la actual coyuntura.

El rol de las mujeres políticas y en particular de las mujeres de izquierda, es un proceso histórico. Y si bien estamos insertas desde siempre, en organizaciones sociales, en el ámbito familiar, en el mundo de trabajo y las luchas obreras, aun así, ese rol histórico y cultural, aparece como poco visible.

¿Esto significa que estamos ausentes? Todo lo contrario.

Somos parte de la construcción colectiva de las sociedades, ni somos nuevas en el quehacer político, ya sea en el marco de nuestras propias organizaciones, partidos, etc. Ni lo somos en la propia base de la construcción de la sociedad.

El accionar, el pensamiento, o si se quiere la construcción dialéctica y la praxis, en las mujeres políticas, en nuestro rol de oposición, es indivisible y ha sido una constante, muchas veces invisibilizada.

Es así como, durante todo el año, las mujeres políticas ejerciendo el rol asignado por las mayorías circunstanciales, hemos estado cercanas a lo que sucede en cada uno de los ámbitos de nuestra sociedad. Preocupadas y comprometidas con nuestro entorno, combatimos desde el ámbito parlamentario la opacidad y el ajuste que significaron tanto la aprobación de la Ley de Urgente consideración como el Presupuesto Nacional que presentó el actual gobierno, por considerar que significa un enorme retroceso a una serie de derechos conquistados, así como a consensos sociales importantes que llevaron años de coordinación y articulación, inclusive con mujeres de otras filas políticas.

La presencia de las mujeres políticas, en el Parlamento (subrepresentadas, no solo por la cantidad que hoy están actuando, sino a partir de las propias encuestas que indican que un 70% de la población, entiende que debería haber más mujeres en ese ámbito), se combinó durante todo el año, con el acompañamiento a ollas populares, colectivos sociales que plantearon su preocupación por la crisis en la que ingresó nuestro país a partir de la aplicación del modelo consumado entre la aprobación de la LUC y el presupuesto nacional.

Entre esos colectivos, nos reunimos con sindicatos, organizaciones sociales, y recorrimos algunos puntos del país, estableciendo contacto de cercanía con la gente.

En estos días, previos al 8 de marzo, fecha tan significativa para las mujeres trabajadoras del mundo entero, hemos dicho hasta el cansancio, en cada espacio, que nuestro rol está en las calles, en los pueblos, en el corazón profundo de nuestro país.

Nuestro rol, es el del contralor, en el ámbito parlamentario, si, pero al mismo tiempo, es el estar muy cerca, escuchando, reclamando y organizándonos junto a los hombres y mujeres de nuestro pueblo. Por eso no solo acompañamos, sino que somos parte de ese pueblo organizado que, junto a diversos colectivos, FUCVAM, PIT CNT, INTEROSCIAL FEMINISTA, FEUU, salimos a la calle a recabar firmas para habilitar la posibilidad de derogar 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración.

La caída del empleo, salario, jubilaciones, son producto de las políticas llevadas adelante por este gobierno. Los 60 mil puestos de trabajo perdidos, las 10 mil micro y pequeñas empresas cerradas, la caída promedio del salario real, durante 2020, que alcanzó al 1.75, los y las trabajadoras, jubilados, pequeños empresarios y comerciantes, están hoy pagando el ajuste producto de la aplicación de políticas económicas neoliberales, impulsadas por la coalición de derecha, y esto no nos ha encontrado indiferentes.

Así, estamos escuchando, viviendo como propia la situación de mujeres jefas de hogar, trabajadores, jubilados, y jóvenes que hoy han perdido su fuente laboral, no tienen con que sustentar a sus familias, y ven que lejos de cumplir con las promesas de campaña, el gobierno de derecha, les aumenta las tarifas, y recorta las políticas sociales, porque en definitiva, la inflación, hace que los escasos beneficios, de los que se jactan quienes hoy gobiernan, se traduzcan en la pérdida del poder adquisitivo. Es así, que, desde este espacio, así como con el conjunto del Frente Amplio, hemos impulsado una serie de proyectos de ley, que se disponen a atender las verdaderas urgencias de nuestra gente.

Frei Beto, ese querido ser, nacido en Minas Gerais, con quien tuvimos oportunidad de compartir varias jornadas de diálogo, que representó un verdadero aprendizaje, en sus 10 consejos para los militantes de izquierda, refleja claramente, lo que, a mi entender, es el rol que las mujeres políticas desarrollamos: mantener viva la indignación, teoría sin práctica es hacer juego a la derecha, hay que embarrase los zapatos, ser crítica y fundamentalmente autocrítica, seguir creyendo en la construcción del socialismo como modelo alternativo, ser rigurosas en la práctica militante, defender al oprimido aún cuando parezca que no tiene razón, ya que siempre es preferible arriesgar a errar con ellos, a tener la pretensión, de acertar sin ellos. Con amor, como nos enseñaron, porque el amor es una exigencia revolucionaria.

Orquídea Minetti

En un contexto en el cual aparentemente se está “normalizando” la presencia de la mujer  en los altos cargos de poder, Uruguay parece una anomalía.

Está claro que para que el sistema político uruguayo se acerque a la meta de una democracia paritaria es necesario la aplicación de mecanismos de acción afirmativa y sobre todo más voluntad política.

En lo que va del año, ya van 5 femicidios  aproximadamente pero  ni el presidente ni sus ministros dijeron una palabra sobre las mujeres y los niños asesinados; no hubo condolencias para las familias destrozadas; no hubo promesas de impedir más femicidios e infanticidios.

El nuevo gobierno que asumió en marzo del 2020,  prometió movilizar todos los recursos necesarios para cambiar esta realidad. Pero entonces la pandemia encerró a la población en su casa, un lugar muy peligroso para demasiadas mujeres de Uruguay y del mundo. Pero poco le ha importado  a este gobierno.

Además en  Uruguay, la emergencia sanitaria también tuvo mayor impacto en las trabajadoras informales, que no sólo no pudieron acceder al seguro de paro sino que, además, integran sectores que se han visto especialmente afectados por las medidas adoptadas para contener la propagación del coronavirus.

Como por ejemplo de las trabajadoras domésticas, quienes denunciaron reducciones de jornadas laborales, “despidos abusivos” y suspensiones desde que comenzó la emergencia sanitaria.

Otro caso es el de las trabajadoras sexuales, que perdieron posibilidades laborales debido al cierre de boliches, bares y whiskerías, y a la restricción de la circulación en las calles. Sin alternativas para percibir ingresos, unas y otras tuvieron que generar alternativas para sostener la vida de sus familias organizando ollas populares o buscando donaciones de canastas de alimentos y productos de higiene.

Detrás de cada trabajadora nos encontramos con pérdidas de derechos a causa de este gobierno neo liberal

Las mujeres también tuvieron que asumir gran parte de los cuidados de niñas, niños y otras personas dependientes. Esto implicó el aumento de la carga de una tarea que ya recae de manera desproporcionada sobre las mujeres.

Las políticas sociales aplicadas en el 2020 son consecuencia de un gobierno neo liberal

Por eso como dice la declaración de Atenas, en este 8 de Marzo, debemos recordar y destacar :

“…. PORQUE una participación equilibrada de mujeres y hombres en la toma de decisiones puede generar ideas, valores y comportamientos diferentes, que vayan en la dirección de un mundo más justo y equilibrado tanto para las mujeres como para los hombres.

PORQUE la infra-representación de las mujeres en los puestos de decisión impide asumir plenamente los intereses y las necesidades del conjunto de la sociedad…”

Cuando la violencia llega su máximo grado, a la que matan son las mujeres

Margarita Libschitz

Hace casi un año ya nuestro mundo cambió, entraba en pandemia y nos cuestionaba a todos y todas. Una situación que no sabíamos, ni sabemos, cuándo durará ni qué panorama avizora a ciencia cierta. Quienes pudieron se quedaron en casa como se recomendaba, pero a otras y otros tantos no les quedó otra que seguir estando en la calle. La situación económica se complicó un poco más cada día y los y las trabajadoras empezaron a pagar las consecuencias de esta crisis que se veía venir. A consecuencia comenzaron a surgir cientos de ollas populares en todo el país, sostenidas por sindicatos, organizaciones sociales y por los propios vecinos y vecinas. Pasaban los meses y no veíamos con optimismo la situación económica y sanitaria del país. Recientemente se abrió la luz de esperanza de las vacunas. Pero las vacunas, a tono con las idas y venidas actuales, no llegaban a Uruguay al mismo tiempo que las políticas económicas no apuntaban a las y los trabajadores. Una combinación para nada recomendable. Y en medio de este panorama para nada promisorio, las mujeres volvemos a tomar protagonismo, volvemos a hacernos cargo. Por qué esa militancia invisible que a lo largo de la historia ha existido, ya no lo era tanto. Por qué es sabido, aunque poco reconocido, que en los momentos de crisis son las mujeres quienes sostienen la militancia social. Esa militancia que hace llegar un plato de comida a los gurises, pero que también crea redes de contención en los barrios. Que brinda soporte, cuidados y sostén. Esa trama casi invisible pero fundamental. Con el devenir del tiempo, cómo era previsible, las brechas de género se ampliaron, las consecuencias sociales y económicas tienen sus impactos diferenciales y las mujeres son quienes acarrean también con este impacto diferente. No solo con las más pobres, también con las de clase media que pudieron teletrabajar, porque las tareas de cuidado siguen estando a nuestro cargo y porque hubo (y hay) que hacerse cargo. Las mujeres volvieron al ámbito de lo privado, relegaron terreno de conquista para sostener y eso no puede quedar en lo invisible. No puede ni debe, porque tiene y tendrá un costo social que no podemos omitir y por el que tenemos que seguir trabajando. En el gobierno actual y en el parlamento las voces retrógradas y las políticas regresivas aumentan. Vimos desde un inicio el cuestionamiento, voces que enuncian retrocesos en cosas que entendemos irrenunciables. Voces que lo hacen a plena luz y sin tapujos. Esta es la realidad que nos convoca, que nos interpela y duele. Este 2021 nos tiene que encontrar juntas, fortaleciéndonos y organizadas para seguir construyendo poder popular. Poder popular con y para nosotras. Sin duda se inaugura un tiempo nuevo e incierto, pero sabemos que juntas es la única forma de hacerle frente. No volveremos al anonimato, las sombras no son nuestro lugar.

Susana Pereyra

Como mujeres de izquierda debemos estar al lado de todas aquellas que sufren la desigualdad de este sistema. Debemos luchar con las mujeres que no acceden a cubrir las necesidades básicas pero la pelean todos los días con mucha dignidad.

Con las mujeres trabajadoras que luchan por la igualdad de oportunidades, remuneración y condiciones laborales. Con las que solo acceden a trabajos precarizados y en negro.

Con las mujeres rurales y las emprendedoras.

Con las amas de casa que se hacen cargo del hogar y luchan por el reconocimiento de ese trabajo gratuito.

Con las estudiantes, profesionales, académicas e investigadoras, que luchan por generar conocimientos y nuevas prácticas.

Con las artistas que luchan por su lugar en la cultura.

Con las mujeres cooperativistas que luchan por su derecho a la vivienda y la cotitularidad.

Con las mujeres con discapacidad que luchan por ser visibles y tenidas en cuenta.

Con las mujeres y varones trans que luchan por el derecho a su identidad.

Con las que viven una orientación sexual distinta a la esperada y luchan por amar a quién se les de la gana.

Con las mujeres privadas de libertad que luchan dentro y fuera de la celda.

Con las mujeres afrodescendientes e indígenas que luchan contra la discriminación ancestral.

Con todas aquellas que sufren de acoso, abuso y explotación sexual.

Con las que ya no están y con las familias que perdieron a esa compañera, a esa hija, amiga, hermana,  a esa madre.

Con las niñas y adolescentes para que tengan luchas nuevas y más amplias.

Con todas, todas distintas y todas iguales, todas nos queremos vivas y libres.

Las mujeres de izquierda sabemos el precio de cuestionar al sistema y sus estructuras. Algunas lo pagaron con exilio, otras con cárcel y tortura. Todo doble por la rebeldía de luchar por un mundo mejor y por no cumplir con el rol doméstico de la mujer. Las que seguimos en las calles tuvimos que articular la militancia con el trabajo, el hogar y el cuidado de la familia, mientras escuchábamos que ese no era nuestro sitio y que estábamos descuidando nuestros deberes. No queremos eso para las más jóvenes, queremos que las generaciones antecesoras sean la plataforma para que ellas puedan ser protagonistas de la historia y de los cambios sin ser juzgadas por eso.

Seguirán diciendo que algo habremos hecho, que nos lo buscamos, que estamos exagerando.

Seguirán diciendo que nos mueve el odio, que estamos de moda y que no vamos a llegar lejos.

Pero nada de eso nos achica.

La izquierda necesita del feminismo para seguir construyendo democracia, una democracia feminista e inclusiva. Como políticas, debemos hacer que nuestro partido sea un espacio de participación, discusión y reivindicación para que todas las violencias tengan su denuncia. 

La Pandemia y el cambio de gobierno demostraron una vez más que como dijo una gran defensora de los derechos de las mujeres Simone de Beauvoir: basta una crisis política, económica o social para que estos se cuestionen y se vean afectados. No admitiremos ningún retroceso. Sepan que seguiremos dando batalla.

Somos esa voz que interpela y grita que sin nosotras no hay revolución

Lucía Topolansky

Reflexionando sobre un nuevo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer y en nosotras como mujeres políticas, intento ponerme a pensar en cómo vivían su realidad aquellas primeras legisladoras como Julia Arévalo: comunista, del interior y que fue la primera en el marco de la izquierda. Cómo en un Palacio Legislativo, que no tenía ni baños para mujeres porque había sido hecho para un cuerpo legislativo masculino, a pesar de todas las dificultades en esos años surgieron mujeres brillantes. En algunos temas nosotras vamos en coche al lado de ellas, porque hay cuestiones que en otras épocas no se discutían, que no estaban sobre la mesa. Basta recordar lo que decía el poeta de la patria Juan Zorrilla de San Martín cuando se discutía necesidad de la educación para las mujeres “mejor que se queden en las mieles del hogar” justo cuando Batlle y Ordóñez iba e iba para que las mujeres estudiaran, porque el estudio es un escalón de la liberación y de las posibilidades de lucha. Así que me he puesto en esos zapatos, para imaginar esos años muy distintos a la realidad de hoy. Hoy existen leyes de inclusión pero creo que lo profundo, que no podemos perder de vista, es el cambio cultural que tenemos que dar en la sociedad. Lo más importante es convencer culturalmente al interior de los partidos políticos de esa necesidad, si dentro de los partidos políticos no están convencidos o simplemente se busca sacar una especie de lustre histórico, no se habla de la profundidad del tema que nos convoca. Puedo decir, con alegría, que en los lugares de militancia que me han tocado siempre sentí un respeto por las mujeres. Por algo pertenecemos al sector que ha dado en este tiempo mayor cantidad de mujeres al Parlamento y también las primeras en “estrenar” responsabilidades. Esto no es un mérito nuestro, es una sociedad que va avanzando. Desde este ángulo pienso que es una lucha que tiene que estar, que no ha terminado. Tiene que ver también con cómo es el sistema de representación en Uruguay, con incluir también mujeres del interior. Ahora bien, no es la única discriminación que yo he visto también sucede aún que se mira con sorna por no poseer un título universitario, si no tenés una palabrita antes de nombre parece que no podés opinar de industria, no puedes opinar de vivienda, no puedes opinar de medicina y esa discriminación también está. No quiero dejar de lado la cuestión social, la cuestión de clases en realidad, las mujeres que hemos estado accediendo procedemos de capas medias o de capas medias hacia arriba. Hay muchas profesionales y demás, pero hay un sector de mujeres de la ruralidad, las mujeres trabajadoras rurales y las que desarrollan muchísimos oficios en la zona urbana como las empleadas domésticas, las empleadas de tienda, las feriantes, entre otras a las que les cuesta más hacer presencia. Sabemos que ha habido algunas, que hay algunas, pero suelen quedar desdibujada la importancia que tiene que alguien haya logrado poder subir determinados escalones, eso tenemos que cuidarlo. Hace muchos años, cuando yo estaba presa, en una en una visita en la conversación con mi madre le contaba los libros que había leído y ella me dijo: agradece que sabes leer. Y si, había algo que yo no había medido en mis comentarios. Entonces probablemente para una doctora o lo que fuere, es más sencillo llegar al Parlamento que para una empleada de comercio o una empleada doméstica o una trabajadora de las chacras o para quien es vendedora ambulante. Ahí vivimos la cuestión de clase y la exclusión son dos cosas que que si no las miramos juntas nos podemos equivocar mucho. Esta cuestión, desde lo positivo que tiene este tiempo, es que empieza a poder ser discutida. No es que no existiera antes, ahora está sobre la mesa y obliga a quien quiere pelear para que eso no siga sucediendo. Hoy no pongo tanto la lupa en los porcentajes, pero si pongo mucho la lupa en la voluntad política de los sectores, de las listas de los partidos. En la sociedad general ha habido, históricamente, una clasificación tácita en la que algunas profesiones, algunos oficios, fueron prácticamente para las mujeres, pienso en el magisterio en su momento y otras son prácticamente para hombres, pienso en los camioneros en su momento; sin embargo hoy por hoy eso no es así, ya no es eso. Con este cambio se relaciona el haber descentralizado la educación universitaria que le permitió a la mujer del interior, en estos 15 años de gobierno del Frente Amplio, que la Universidad de la República se desplegará en el interior y que la UTEC naciera. Acceder a carreras universitarias, cuando es imposible trasladarse a Montevideo, es, por lo tanto, tener una visión distinta en la sociedad y poder elegir desde la vocación, sin hacer por hacer. Volviendo al quehacer legislativo eso mismo también se refleja dentro de las responsabilidades. Hace algún tiempo era difícil en una época ver mujeres en la Comisión de Hacienda o la Comisión de Defensa, las mujeres más bien estábamos en las comisiones que tienen que ver con la cuestión social, que de hecho está muy bien, pero que se establecía como forma de disección y lo mismo a nivel del Poder Ejecutivo. En este periodo, en el Poder Ejecutivo a nivel ministerial, hay una notoria falta de mujeres, en eso ha habido un retroceso. Creo entonces que hay un fuerte componente de voluntad política cuando pienso en la forma de asignar las responsabilidades. En este momento en el Senado hay cuatro partidos políticos representados. El Frente Amplio tiene cinco mujeres en trece representantes, el Partido Nacional tiene dos mujeres titulares, el Partido Colorado una y Cabildo Abierto ninguna y sumado a eso la vicepresidenta corresponde al Partido Nacional. Es ahí que aparece la realidad desnuda, la que duele. El tema fundamental para mí en esa voluntad política de entender que existe la igualdad. En definitiva, esta lucha continúa si sabemos tener el tesón de mantenerla, de irla enriqueciendo en la medida que pasa el tiempo, y solo así vamos a lograr que la consigna de la plena igualdad sea un hecho