Topolansky y Lula evocan a Mujica desde la vida y la lucha

20 de marzo de 2026

En Brasil, la exvicepresidenta recibió un doctorado honoris causa en nombre de José Mujica en una ceremonia atravesada por el recuerdo, la política y una profunda dimensión humana compartida.

En un auditorio colmado y con la emoción como hilo conductor, Lucía Topolansky recibió en Brasil un doctorado honoris causa en nombre de José Mujica. La intervención de Lucía fue desde un lugar íntimo, con la sencillez que marcó siempre el camino compartido. Agradeció al presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, a quien nombró «compañero de lucha» y «gran amigo» de Mujica. «Creo que Pepe estaría sumamente contento», dijo, como si lo acercara un poco más a la escena.

Recordó entonces que Mujica no se formó en los claustros tradicionales, sino en la experiencia. «Tenía la Universidad de la vida», afirmó. Y en esa idea condensó una forma de entender el mundo: aprender de lo vivido, de lo sufrido y de lo construido con otros y otras.

«Nosotros elegimos compañeros», continuó. «Y todo compañero es un gran hermano». En esa frase, sencilla pero cargada de sentido, volvió a aparecer Mujica, «es el gran hermano del pueblo», cerró.

Lula, por su parte, habló con la cadencia de quien recuerda a un amigo y a la vez reconoce un referente. «Pepe Mujica no murió», afirmó. «Porque las ideas que transmitía tienen que seguir vivas en la juventud de Uruguay y del mundo».

El presidente brasileño evocó al Mujica que conoció fuera del poder, lejos de los protocolos. «Más que un presidente, estaba frente a un ser humano muy especial», dijo. Y puso el foco en una de las marcas más profundas de su historia: la capacidad de atravesar el dolor sin quedar atrapado en él.

«Después de 12 años de prisión, salió sin odio ni rencor», recordó Lula. «No quiso vivir del pasado, quiso construir el futuro». En esa elección, la de no endurecerse, situó una de las claves de su singularidad.

El reconocimiento de la Universidad Federal del ABC, sostuvo, no hace más que confirmar lo que ya es evidente para muchos: la dimensión de una figura que desborda cargos y épocas. «Pocas veces hemos tenido en este siglo personas de su grandeza», afirmó.

Y volvió, como Topolansky, a una idea simple: los vínculos elegidos. «No elegimos a nuestra familia, pero sí a nuestros compañeros. Y Pepe es ese compañero que se vuelve hermano».

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