Topolansky defendió partidos fuertes y escuchar a los jóvenes

11 de agosto de 2026

La exvicepresidenta y militante del MPP reflexionó sobre la democracia de partidos, el recambio generacional, los liderazgos políticos, la seguridad, el Mercosur y la ausencia cotidiana de José Mujica. Defendió la necesidad de escuchar a los jóvenes, cuidar las instituciones y no abandonar las causas colectivas.

Lucía Topolansky atraviesa una etapa distinta de su vida política. Ya no ocupa un cargo institucional, pero sigue activa en la militancia, en la discusión pública y en los debates de fondo del país. Desde ese lugar, con más libertad que obligación formal, volvió a poner sobre la mesa algunas de sus preocupaciones centrales: la democracia de partidos, el recambio generacional, la seguridad, la integración regional y el papel de las nuevas generaciones.

“La edad y las canas te dan un marco de impunidad en la vida”, dijo, con humor, para describir esa posibilidad de hablar desde otro lugar, sin los límites cotidianos que impone la representación institucional.

Topolansky recordó que cuando una persona ocupa una banca o una responsabilidad de gobierno carga con una obligación permanente: representar a quienes la votaron o cumplir una tarea encomendada por el Estado. Hoy, en cambio, se define como una jubilada activa, con agenda propia y con la convicción de que siempre se puede seguir haciendo.

La democracia de partidos como una fortaleza uruguaya

Uno de los ejes de la entrevista fue su defensa de la democracia de partidos. Topolansky valoró la historia política uruguaya como una singularidad que no debería darse por sentada: partidos tradicionales con casi dos siglos de vida, un Frente Amplio con más de medio siglo de existencia y una cultura institucional que permitió organizar ideas, programas y esperanzas colectivas.

Resaltó que esa tradición importa especialmente en un mundo donde crecen los outsiders, los discursos simplistas y las figuras que aparecen sin organización política detrás. Frente a esos fenómenos, reivindicó a los partidos como espacios donde la ciudadanía piensa, debate, acuerda y construye proyectos de país.

“Creo en la democracia de los partidos”, afirmó.

Esa mirada también la llevó a reconocer tradiciones de otros sectores políticos, en particular el legado batllista y las leyes sociales que marcaron la historia del Uruguay. Topolansky recordó que el país tuvo avances tempranos en derechos laborales y sociales, y sostuvo que esa memoria política debe ser cuidada por todas las generaciones.

Recambio generacional y liderazgos

Topolansky también habló del momento que atraviesan los partidos y, en particular, el Frente Amplio. Señaló que en pocos años la izquierda perdió figuras decisivas como Tabaré Vázquez, José Mujica, Danilo Astori, Mariano Arana y José Díaz. Esa ausencia, dijo, dejó un vacío político que no se llena de un día para el otro.

Para la exvicepresidenta, hoy existen buenos dirigentes en todos los partidos, pero todavía no grandes liderazgos consolidados. Y esa diferencia, sostuvo, es importante: un dirigente puede tener capacidad, formación y responsabilidad; un liderazgo, en cambio, se construye en el vínculo profundo con la gente.

Topolansky fue clara en ese punto: el liderazgo no se decreta, no se aprende en un curso y no aparece por decisión de una estructura. Se forma en la práctica política, en la empatía, en la historia compartida y en el reconocimiento popular.

“La gente te instituye líder”, señaló.

Un país pequeño en un mundo inestable

Topolansky ubicó el presente uruguayo dentro de un escenario internacional difícil. Guerras, tensiones comerciales, cambios en las reglas de juego, crisis democráticas y disputas entre potencias impactan de forma directa sobre países pequeños como Uruguay.

En ese marco, defendió la necesidad de actuar con equilibrio, especialmente en la región. Sobre el Mercosur, sostuvo que Uruguay no puede pelearse con ninguno de sus vecinos y que la integración sigue siendo una herramienta imprescindible para un país de poca escala.

El Mercosur, planteó, no sirve solo para vender más o negociar acuerdos comerciales. También puede ser una herramienta concreta para resolver problemas de la gente, como el acceso a medicamentos de alto costo. Uruguay, por su tamaño, muchas veces no tiene volumen suficiente para negociar mejores precios o sostener stocks de medicamentos muy caros. La región, en cambio, puede dar escala.

Esa mirada resume una definición política: la integración regional no es una consigna abstracta, sino una forma de ampliar capacidades para defender intereses nacionales y mejorar la vida cotidiana.

Seguridad y crimen organizado

La seguridad pública ocupó otro tramo importante de la entrevista. Topolansky respaldó la gestión del ministro del Interior, Carlos Negro, y rechazó la idea de que el problema pueda reducirse a una sola persona.

Señaló que Negro viene del trabajo fiscal, del vínculo con la investigación criminal y de la coordinación con la Policía, por lo que no es ajeno a la lógica de la seguridad. Pero advirtió que el fenómeno que enfrenta Uruguay es mucho más amplio: crimen organizado, narcotráfico, lavado de activos, tráfico de armas, ciberdelitos y nuevas formas de violencia que atraviesan a toda la región.

Para Topolansky, no alcanza con mirar la boca de venta del barrio si no se sigue también la ruta del dinero, el ingreso de la droga y las estructuras que sostienen el negocio. En ese sentido, planteó que la lucha contra el crimen organizado es difícil, pero no se puede abandonar.

“La única batalla que se pierde es la que se abandona”, afirmó.

También defendió que el Ministerio del Interior pueda utilizar vehículos protegidos cuando las condiciones operativas lo requieren. Lo planteó como una cuestión de sentido común: si existen recursos disponibles en el Estado y pueden contribuir a proteger a la población y al personal policial, corresponde usarlos.

Cárceles y recuperación

Topolansky volvió a plantear una preocupación histórica: las cárceles no deberían depender del Ministerio del Interior. Recordó que esa definición viene de décadas atrás y sostuvo que la Policía está formada para tareas de seguridad, no para procesos de recuperación de personas privadas de libertad.

Aunque expresó dudas sobre la creación de un Ministerio de Justicia, reconoció que el sistema penitenciario necesita una institucionalidad distinta, con personal formado, rotación, ámbitos más pequeños, trabajo, estudio y políticas de rehabilitación reales.

También cuestionó la tendencia a aumentar penas o crear nuevos delitos sin mirar los efectos globales sobre el sistema. En particular, mencionó la situación de mujeres empujadas por la vulnerabilidad a ingresar pequeñas cantidades de droga a las cárceles y que terminan recibiendo penas desproporcionadas.

Para Topolansky, el país debe discutir el sistema penitenciario con más profundidad: no solo cómo castiga, sino cómo recupera.

La ausencia cotidiana de Mujica

La entrevista también tuvo un tramo íntimo sobre José Mujica. Topolansky explicó que las fechas no son lo que más pesa después de una pérdida de tantos años compartidos. Lo que más se extraña, dijo, es lo cotidiano: la charla política, el comentario sobre una noticia, el intercambio de una idea, el humor compartido.

Más de 40 años de vida en común no se resumen en una fecha. La ausencia aparece en las rutinas, en los silencios, en la falta de ese interlocutor con quien pensar en voz alta.

Aun así, Topolansky sostuvo que la vida sigue y que hay que mantener un propósito. Recordó un consejo del antropólogo Daniel Vidart, quien en sus últimos años decía que a los 20 hacía planes a 40 años, pero a los 95 hacía planes a 24 horas.

“Siempre hay que tener un plan, un propósito”, recordó.

Escuchar a los jóvenes

En el cierre, Topolansky habló de las nuevas generaciones. Dijo que no cree que los jóvenes estén desinteresados en la política, sino que son jóvenes de este tiempo, con otras formas de informarse, conectarse, movilizarse y mirar el mundo.

Por eso sostuvo que las generaciones mayores deben escuchar más y ordenar menos. La experiencia puede aportar memoria, perspectiva y opinión, pero no sustituye la mirada de quienes están viviendo esta época desde otro lugar.

“Yo lo que tengo es poner mucha oreja”, afirmó.

Sobre el vínculo de Mujica con los jóvenes, señaló que una de las ideas que más le gustaría transmitir es la necesidad de levantarse siempre después de cada caída y tener una causa para vivir. No necesariamente la política: puede ser una causa científica, artística, comunitaria o social. Lo importante, dijo, es no dejar que la vida quede tomada por el consumo, la soledad o el individualismo.

En esa reflexión también dejó una advertencia sobre este tiempo: ninguna tecnología reemplaza los vínculos humanos.

“La amistad, el amor, las relaciones humanas no los sustituyen ni el ChatGPT, ni la computadora, ni las redes sociales”, afirmó.

Seguir haciendo

La entrevista dejó una imagen clara de Topolansky: una dirigente sin cargo, pero no retirada; una militante que mira el presente desde la experiencia, pero sin nostalgia paralizante; una voz que insiste en cuidar lo colectivo, los partidos, el diálogo, las causas y el vínculo entre generaciones.

Su mensaje combina memoria y advertencia. Uruguay tiene instituciones valiosas, partidos con historia y una cultura democrática que no deben darse por sentadas. Pero también enfrenta desafíos nuevos: recambio de liderazgos, violencia, crimen organizado, fragmentación social, redes, consumo, soledad y un mundo cada vez más inestable.

Frente a eso, Topolansky propone una actitud sencilla y profundamente política: seguir haciendo, seguir escuchando y no abandonar las causas.

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