Caggiani defendió una política exterior soberana ante EEUU

30 de julio de 2026

El senador del Frente Amplio se refirió a las versiones sobre conversaciones entre Uruguay y Estados Unidos para recibir migrantes deportados, y sostuvo que no le consta ningún acuerdo. También advirtió sobre presiones internacionales en la región, respaldó la gestión del canciller Mario Lubetkin y planteó que el gobierno uruguayo debe sostener una inserción internacional pragmática, independiente y con mirada latinoamericana.

En entrevista con el Informativo de Cierre de La diaria radio, Caggiani fue consultado por la información publicada en medios internacionales sobre eventuales conversaciones entre el gobierno uruguayo y Estados Unidos para recibir migrantes deportados, en particular personas de origen cubano. El legislador señaló que no le consta que exista ningún acuerdo en ese sentido y diferenció las conversaciones diplomáticas habituales de una definición política concreta del Estado uruguayo.

Según Caggiani, Uruguay mantiene vínculos y negociaciones permanentes con distintos gobiernos, incluído Estados Unidos, por temas comerciales, financieros y diplomáticos. En ese marco ubicó, por ejemplo, la discusión sobre los aranceles aplicados por la administración estadounidense a parte de las exportaciones uruguayas.

Pero advirtió que una cosa son las conversaciones entre Estados y otra muy distinta aceptar definiciones o decisiones de política migratoria que no sean propias del Uruguay.

“No es una política del Uruguay ser el basurero de la administración Trump”, afirmó.

Un país de acogida, no de imposiciones

Caggiani reivindicó la tradición uruguaya como país receptor de migrantes, refugiados y personas que buscan rehacer su vida por razones económicas, sociales o políticas. Recordó que Uruguay ha recibido históricamente migración de distintos países y que esa apertura forma parte de una identidad nacional construida durante décadas.

Esa tradición, sin embargo, no habilita cualquier tipo de acuerdo. Para el senador, recibir migración por decisión soberana, por razones humanitarias o en el marco de procesos de refugio no es lo mismo que aceptar traslados definidos por otro gobierno.

El legislador planteó que la discusión debe darse con claridad, porque Uruguay puede ser un país de puertas abiertas sin dejar de defender sus propios criterios, sus capacidades y su soberanía.

“Somos un país de acogida de mucha migración”, señaló, pero aclaró que cualquier decisión de este tipo debe responder a una definición uruguaya y no a una necesidad externa.

Presiones en un mundo más duro

La discusión sobre migración fue el punto de partida para una reflexión más amplia sobre el lugar de Uruguay en el mundo. Caggiani sostuvo que todos los países juegan sus intereses, y que Estados Unidos, China, Brasil, Argentina y otros actores presionan e inciden de distintas formas sobre países más pequeños.

En ese tablero, dijo, Uruguay no puede actuar con ingenuidad, pero tampoco debe renunciar a una política exterior propia.

El senador señaló que la actual administración estadounidense recupera una mirada de fuerte intervención sobre América Latina, asociada a viejas lógicas de dominación regional. Mencionó como ejemplos la presión sobre Brasil, Argentina, Chile, Panamá y otros países, así como la utilización de herramientas comerciales, diplomáticas y políticas para condicionar decisiones internas.

Para Caggiani, esa realidad exige inteligencia, firmeza y capacidad de diálogo. Uruguay debe vender al mundo, sostener relaciones comerciales amplias y cuidar su economía, pero sin subordinar su política exterior a intereses ajenos.

“Siempre hay que mantener cierta independencia”, sostuvo.

Comercio, región y soberanía

Caggiani recordó que Uruguay exporta buena parte de lo que produce y que cualquier alteración en los mercados internacionales impacta directamente sobre la economía nacional. Por eso defendió la necesidad de mantener relaciones comerciales con todos los países: Estados Unidos, la Unión Europea, China, Rusia y los socios regionales.

La clave, según planteó, está en combinar pragmatismo económico con una posición política soberana. En un mundo en el que se reconfiguran cadenas globales de valor, aumentan los conflictos bélicos y crece el proteccionismo, Uruguay necesita abrir puertas sin perder autonomía.

El senador también destacó la importancia de la región. Para Caggiani, Uruguay necesita al Mercosur, a América Latina y al Caribe no como un gesto ideológico, sino como una condición práctica para respirar mejor en el mundo.

En ese sentido, valoró que el país presida o participe activamente en distintos ámbitos internacionales y regionales, como el Mercosur, la CELAC, el G77 y espacios de articulación sudamericana. A su juicio, ese lugar muestra que Uruguay puede conversar con gobiernos muy distintos y jugar un papel de equilibrio.

El debate sobre terrorismo y la posición uruguaya

Caggiani también se refirió a la reciente reunión convocada por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, centrada en el llamado “terrorismo de izquierda”, donde se mencionó al Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros.

El senador cuestionó que un jerarca extranjero coloque en ese plano a una organización política legal en Uruguay. Para Caggiani, ese tipo de acciones no deben analizarse de forma aislada, sino dentro de una estrategia regional más amplia de la administración estadounidense.

En esa línea, advirtió sobre proyectos presentados por sectores de la oposición para que Uruguay cree una lista nacional de organizaciones terroristas. Según el legislador, ese camino puede llevar al país a comprar conflictos ajenos y a abandonar una tradición de política exterior basada en definiciones multilaterales, especialmente las del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

La preocupación de fondo no es solo diplomática. Para Caggiani, aceptar sin discusión esas categorías puede tener consecuencias en la política interna, en la seguridad nacional y en la capacidad del país de mantener posiciones propias frente a conflictos internacionales.

Israel, Gaza y los límites políticos

La entrevista también abordó el viaje de legisladores uruguayos a Israel. Caggiani señaló que fue invitado, pero decidió no participar en las actuales circunstancias.

El senador aclaró que Uruguay debe mantener relaciones con Israel como Estado, pero distinguió ese vínculo diplomático de una visita política en medio del asedio a la población palestina.

“Yo por lo menos personalmente no podía participar de una invitación de un gobierno que estaba en el medio de un asedio a una población”, explicó.

La posición, dijo, fue personal y no respondió a una resolución colectiva del Frente Amplio. De todos modos, la ubicó dentro de una mirada más amplia sobre derechos humanos, soberanía y política internacional.

Respaldo a Lubetkin

Consultado por cuestionamientos internos a la gestión del canciller Mario Lubetkin, Caggiani respaldó su conducción al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores.

El senador reconoció que la política internacional siempre genera debates dentro del Frente Amplio, como ocurrió con otros cancilleres en gobiernos anteriores. Pero sostuvo que esas discusiones forman parte de la diversidad de la fuerza política y no necesariamente de un cuestionamiento personal.

“Yo creo que es un buen ministro. Es un gran ministro de Relaciones Exteriores”, afirmó.

Caggiani señaló que a Lubetkin le toca actuar en un momento particularmente difícil, con aumento de conflictos bélicos, debilitamiento de democracias, crecimiento de gobiernos autoritarios y tensiones comerciales que afectan especialmente a países pequeños y abiertos como Uruguay.

En ese contexto, valoró los avances de la Cancillería en la agenda regional, el cierre de capítulos vinculados a acuerdos comerciales y la presencia de Uruguay en ámbitos internacionales donde el país no participa formalmente, pero es invitado por su capacidad de diálogo.

Una política exterior conectada con el rumbo interno

Para Caggiani, la política exterior no puede separarse de la política nacional. Lo que Uruguay hace puertas adentro también es una carta de presentación hacia el mundo.

En ese marco, defendió el rumbo del gobierno frenteamplista y lo contrapuso con la orientación de la derecha regional. Señaló que Uruguay está avanzando en empleo, salario real, transferencias sociales, cuidados y seguridad social en un contexto internacional adverso.

El senador sostuvo que el país va a contracorriente de procesos regionales marcados por el ajuste, la represión, el deterioro democrático y el avance de la ultraderecha. Por eso consideró que la experiencia uruguaya vuelve a ser observada con atención por sectores progresistas de la región.

Caggiani afirmó que el gobierno apunta a cerrar el año con transformaciones importantes surgidas del Diálogo Social, entre ellas la unificación de transferencias para hogares con niños, la posibilidad de jubilarse a los 60 años para trabajadores con trayectorias laborales más frágiles, el seguro de desempleo para trabajadores independientes y el fortalecimiento del sistema de cuidados.

Dos proyectos de país

En el cierre, Caggiani planteó que muchas veces la discusión política queda atrapada en encuestas, episodios coyunturales o debates superficiales, cuando el fondo es mucho más profundo: la disputa entre dos proyectos de país.

Para el senador, la derecha gobernó cinco años con una orientación que aumentó la pobreza, la desigualdad y el deterioro de los ingresos, mientras que la izquierda propone un camino basado en crecimiento con distribución, inclusión social, políticas públicas activas y defensa de la soberanía.

Esa disputa también se juega en la política exterior. En un mundo más agresivo, Uruguay debe decidir si se posiciona con independencia o si acepta lógicas de subordinación.

Para Caggiani, la respuesta debe ser clara: diálogo con todos, comercio con todos, defensa de los intereses nacionales y una política exterior que no pierda de vista los valores democráticos, la integración regional y la justicia social.

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