«El mito del niño rentable». Escribe Sol Maneiro

24 de julio de 2026
Sol Maneiro. Foto MPP.

Es 2026, y el debate sobre las transferencias a la infancia y adolescencia está otra vez sobre la mesa. Esto encierra una buena y una mala noticia. La buena es que hay una preocupación notoria por la realidad de este grupo de la población, así como también por su futuro, su desarrollo y por lo tanto, por el futuro y el desarrollo del país. La mala noticia es que este debate también surge de la necesidad de revertir cifras estremecedoras; el 29 % de las niñas y niños menores de 6 años viven en hogares por debajo de la línea de pobreza. Lo impactante del dato ha llevado a un consenso político (al menos formal) sobre la necesidad de tomar acciones para revertir esta situación.

Hace pocas semanas, el gobierno anunció que como parte de la rendición de cuentas anual enviaría una propuesta de modificación del sistema de transferencias a la infancia y adolescencia. Los motivos para esta reforma son varios: simplificar el sistema, evitar errores de selección, mejorar la eficiencia de la administración y brindar un mejor seguimiento. Sin embargo, el objetivo principal que se persigue es incrementar el apoyo a niñas, niños y adolescentes mediante una transferencia de dinero más potente que permita comenzar a reducir los elevados niveles de pobreza en infancia y adolescencia. Según la propuesta realizada, a mayor vulnerabilidad socioeconómica del hogar, mayor la transferencia a recibir. En aquellos hogares con niños entre 0 y 3 años, o con discapacidad moderada o severa, el monto de la transferencia también se incrementa. La idea, por bien intencionada que sea, no es novedosa y parte de una premisa de la que durante mucho tiempo la sociedad uruguaya se sintió orgullosa; el Estado debe actuar como amortiguador de las desigualdades estructurales.

Sin embargo, como en otras oportunidades, junto con este debate reviven viejos fantasmas, mitos, sin ninguna otra justificación que el prejuicio. En el mejor de los casos, los argumentos aparecen disfrazados de elegantes teorías sobre el comportamiento estratégico de las personas para obtener los recursos necesarios haciendo el mínimo esfuerzo posible. Como puede sospechar el lector o lectora, ninguno de estos mitos o supuestas teorías de comportamiento tienen un sustento real en datos o evidencia de algún tipo. Conviene sin embargo hacer un repaso por esos lugares comunes que pululan en las redes sociales.

En bandeja de plata

Cada vez que estos temas aparecen en el debate, hay una idea muy rudimentaria que se intenta instalar: los beneficiarios de las transferencias reciben del Estado decenas de miles de pesos al mes por no hacer nada. Revisemos entonces la primera parte de esa idea, el mito de los montos transferidos.

Veamos cómo funciona el sistema y algunas cifras para ejemplificar mejor. Un hogar de cierta fragilidad económica en donde viven niños, niñas o adolescentes reúne las condiciones para cobrar una Asignación Familiar por Plan de Equidad (AFAM PE). Cuando no se trata de una situación de fragilidad, sino que el hogar se encuentra en condición de vulnerabilidad socioeconómica extrema, es posible acceder además a la Tarjeta Uruguay Social (TUS). Se trata de una tarjeta precargada mensualmente con un monto de dinero que puede ser utilizado únicamente para comprar alimentos o productos de primera necesidad. Esto permite asegurar un nivel de consumo mínimo y se dirige a los hogares más pobres del país. Finalmente, en el caso de hogares que reciben TUS y donde viven niñas o niños de entre 0 y 3 años, pueden recibir el Bono Crianza, un refuerzo al monto de la TUS con el objetivo de brindar mejores condiciones para el tránsito por los primeros 1000 días de vida, absolutamente centrales en el desarrollo infantil.

El siguiente cuadro presenta una serie de ejemplos para resumir el monto a recibir en cada caso.  Consideremos siempre un hogar de máxima vulnerabilidad socioeconómica. Por lo tanto, los valores detallados para cada caso son los máximos a los que puede acceder[1].

Prestación y tipo de hogar2 niños: 0 y 2 años3 niños: 1, 4 y 6 años3 niños: 1, 5, 14 años4 niños: 1, 3, 6, 13 años
AFAM PE$ 4.071$ 5.193$ 6.345$ 7.323
Tarjeta Uruguay Social$ 5.872$ 7.468$ 7.468$ 10.410
Bono Crianza$ 6.678$ 3.339$ 3.339$6. 678
Total$ 16.621$ 16.000$ 17.152$ 24.411

Esto implica que, en el ejemplo puesto, un hogar en donde viven 3 niños y 1 adolescente tiene un ingreso máximo de $ 24.411 por concepto de transferencia, es decir $ 6.102 por beneficiario. Si se quisiera plantear en términos de ingresos del hogar, entonces el monto por integrante sería todavía menor. ¿Qué implica este monto? De acuerdo a datos del Instituto Nacional de Estadística (INE)[2], la línea de indigencia en Montevideo se fijó en $ 6.628 a diciembre de 2025. La línea de indigencia representa el mínimo importe necesario para satisfacer las necesidades alimentarias de las personas en un mes. Es decir que en el mejor de los casos, la transferencia que reciben los hogares solo se acerca al mínimo indispensable para cubrir las necesidades alimenticias de los niños, niñas y adolescentes. ¿En qué condiciones vivirían y crecerían esos niños, niñas y adolescentes en caso de no recibir esta transferencia por parte del Estado? ¿Sería admisible dejarlos sin estos ingresos? Estamos hablando de 45.000 hogares de vulnerabilidad extrema, donde viven 110.000 niñas y niños. 

De acuerdo a las cifras oficiales, si se observa el total de beneficiarios de mayor vulnerabilidad socioeconómica, las niñas y niños entre 0 y 3 años reciben en promedio $ 6.661 per cápita. Para aquellos entre 4 y 11 años el monto transferido promedio per cápita es $ 5.278 mientras que es de $ 5.526 para adolescentes entre 12 y 17 años. Y si de costos se trata, el costo en 2025 de TUS, Bono Crianza y AFAM PE, representó en 2025 el 5 % del gasto presupuestal de la Administración Central y el 1 % del gasto presupuestal total del país. Si alguna crítica les cabe a estas cifras, es justamente por falta de potencia, no por exceso de generosidad.

Un niño por un plan social

Casi con seguridad, el lector o lectora se habrá cruzado alguna vez con el siguiente argumento: “tienen hijos para vivir de los planes sociales”. Según quienes sostienen esta teoría, las familias calibran el beneficio a obtener por tener un hijo y lo comparan con el beneficio que tendría participar en el mercado de trabajo. Al ser mayor el ingreso por concepto de transferencia, optan por no trabajar y dedicarse a vivir de la transferencia que reciben.

Vimos en el segmento anterior que, a partir de los montos que se obtienen, difícilmente se pueda decir que una familia satisface totalmente sus necesidades, mucho menos que lo haga de forma holgada. Sin embargo, démosle una chance al argumento y veamos si hay algún indicio de un comportamiento similar.

Una forma de analizar esto sería mediante la cantidad de nacimientos que se registraron en el país en los últimos años. Si esto fuera correcto, sería esperable observar un incremento en dicha cantidad, producto del incremento de políticas sociales y por lo tanto del monto transferido a las familias. Los datos, sin embargo, no acompañan este razonamiento. En 2008, el año en que se comenzó a pagar la AFAM PE, nacieron en Uruguay 47.428 personas, mientras que en 2025 nacieron 28.884. Es decir que casi 20 años más tarde, nacieron casi 20 mil niñas y niños menos. Vayamos un poco más allá en el prejuicio. Alguien podría decir que esa conducta reproductiva se observa solo en familias de menores recursos, las que obtendrían los montos más altos. Si bien no existe un relevamiento puntual sobre nacimientos según nivel socioeconómico del hogar, es posible acercarnos a esa construcción mediante algunas mediciones alternativas. La educación es un factor altamente relacionado con el ingreso de un hogar. En aquellos donde los niveles educativos de sus integrantes son mayores, los ingresos también lo son, y viceversa. En este contexto, sí tenemos información sobre el nacimiento de niños de acuerdo al nivel educativo de la madre[3]. En 2011, el 38 % de los nacimientos provino de madres cuyo máximo nivel educativo era ciclo básico incompleto. En 2025, las madres que no habían logrado terminar el ciclo básico explicaron solo el 20,5 % de los nacimientos.

No parece haber una relación entre aumento de las transferencias y aumento de la natalidad. Pero démosle una chance más al mito. Otra forma de aproximarnos a la idea de que los hogares de menores recursos económicos tienen hijos para vivir de las transferencias es cómo se distribuyen los niños según la escala de ingresos[4]. En 2006, el 50,3 % de los niños entre 0 y 2 años vivía en el 20 % de hogares más pobres. Casi 20 años más tarde, en 2024, ese mismo dato era de 50,8 %. Es decir, el porcentaje de niños que residen en los hogares más pobres del país se mantuvo prácticamente incambiado a lo largo de las dos últimas décadas. Esto no hubiese sido posible de haberse dado el tan mencionado aumento de los nacimientos en los hogares más pobres para poder vivir de los planes sociales.

El pánico a las 8 horas

Para finalizar, me voy a referir a otra de las sospechas que frecuentemente merodean las redes sociales y zonas aledañas: “tienen hijos para no trabajar y vivir del Estado”. Como a esta altura ya podrán advertir, es otro mito de manual que no tiene el más mínimo sustento real.

Lo que ocurre en el mercado de trabajo es producto de una serie de circunstancias propias del momento histórico, la situación económica nacional e internacional, entre otros. Muchos factores inciden en aspectos tales como la cantidad de gente que tiene o busca empleo, la cantidad de gente desocupada, etc.  A pesar de esto, los datos de los últimos años también se empeñan en contradecir a quienes ven casi como una contradicción recibir una transferencia del Estado y al mismo tiempo trabajar. La tasa de actividad ilustra el porcentaje de personas mayores de 14 años que trabaja o busca trabajo. De acuerdo a datos del INE, en 2006 las personas en esa condición representaban el 60,7 % de la población, mientras que en 2024 fue el 62,3 % de la población[5]. Esto es, la cantidad de gente trabajando o buscando empleo, se incrementó.  Esto condice con los datos del BPS[6], según los cuales la cantidad de personas trabajadoras registradas muestra una clara tendencia creciente en los últimos años. Mientras que la cantidad promedio mensual de personas cotizantes en 2010 era 1.101.500, en 2015 fueron 1.338.500 personas. Es decir, un incremento de más de 230.000 personas registradas a la seguridad social.

En un nuevo acto de generosidad hacia los teóricos del ocio a costas del bolsillo del Estado, veamos qué sucedió con la tasa de actividad de las mujeres del primer quintil de ingresos. Es decir, cómo evolucionó la cantidad de mujeres mayores de 14 años que trabajaban o buscaban trabajo, pertenecientes al 20 % de hogares más pobres. En el cenit del estigma, las mujeres pobres calzan con la imagen de aquella persona que tiene hijos para evitar mayores esfuerzos como salir a trabajar (sería necesaria otra columna, igual de extensa para analizar el esfuerzo que implica una y otra cosa). Nuevamente con datos del INE, las mujeres de hogares más pobres incrementaron su participación en la tasa de actividad laboral entre 2006 y 2024, pasando de 60,7 % a 62,3 %. También aquí los datos se empecinan en mostrar que no hay evidencia alguna de que las mujeres en particular desistan de trabajar o buscar trabajo producto de la maternidad. Lo que sí podría concluirse de manera rigurosa, es que el movimiento se da a la inversa, existe una penalización a la maternidad para las mujeres que desean trabajar.

Levantemos la mira

Tenemos un enorme desafío por delante como país. En términos estratégicos, pensando en el desarrollo nacional, es altamente inconveniente mantener casi a la cuarta parte de los niños en situación de pobreza. En términos éticos y humanos, es inadmisible no extremar todos los esfuerzos necesarios para empezar a torcer esta realidad hoy mismo.

La situación de pobreza de los hogares depende de muchas circunstancias y por lo tanto debe ser abordada desde distintas perspectivas y con distintos instrumentos. Políticas de empleo, de salud, de educación y de vivienda deben conjugarse para revertir situaciones que muchas veces se arrastran de generaciones atrás. Las transferencias son una herramienta más en ese entramado de políticas que se requiere tejer. No son por sí solas la solución al problema, pero contribuyen en la dirección correcta a la hora de alcanzar el objetivo.

La construcción del mejor sistema de transferencias posible para el país requiere de un debate de calidad, que permita robustecer una de las políticas más sensibles para el presente y futuro del país.


[5] A partir de datos del INE, procesados por MIDES. https://www.gub.uy/ministerio-desarrollo-social/indicador/tasa-actividad-total-pais

[6] En base a BPS en cifras. https://observatorio.bps.gub.uy


[3] Con datos del sitio web de Estadísticas Vitales del MSP. https://uins.msp.gub.uy/

[4] En base a datos del Mirador Educativo de INEED. https://mirador.ineed.edu.uy/indicadores/distribucion-de-la-poblacion-de-entre-0-y-2-anos-por-quintiles-de-ingresos-de-los-hogares-19-1.html


[2] En base al informe de pobreza 2025. https://www5.ine.gub.uy/documents/Demograf%C3%ADayEESS/HTML/ECH/Pobreza/2025/Informe%20pobreza%20Anual-2025.html


[1] Elaboración propia en base a los valores de AFAM PE, TUS y Bono Crianza vigentes en 2026.

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