
Palabras de José «Pepe» Mujica sobre el artiguismo en Las Piedras, 19 de junio de 2022.
Amigos:
Obviamente, yo no soy historiador. Me he gastado mi vida más bien fabricando historietas. Soy un luchador político y, en el fondo, un paisano con unas cuantas lecturas.
Espero que este ciclo incluya historiadores profesionales. Pero tengo sí, por haber vivido mucho, algunas cosas que rescatar del camino artiguista, que son docencias para nuestro capital intelectual común, y también para nuestra conducta de vida, para nuestra causa de vida.
En realidad, la historia nunca está terminada. Nunca es definitiva. Siempre se está reelaborando, porque no cambian los hechos: cambia la perspectiva con la cual vemos los hechos.
Los que cambiamos somos los humanos, por pertenecer a tiempos distintos y mirar desde tiempos y subjetividades distintas el pasado. Por lo tanto, jamás el análisis histórico está terminado. Mucho menos con un personaje como Artigas, que ya en la primera versión de los historiadores tuvo dos campos antagónicos: la visión mitrista y la visión de Alberdi, que se contraponen tanto como fue la vida política de Artigas.
Es natural. Así es.
Y todavía, en los tiempos contemporáneos, tenemos que incorporar cosas que ha incorporado la sociología con respecto a cuál es la profunda conducta humana.
Al parecer, los sapiens somos animales gregarios. Y tal vez hemos llegado a donde hemos llegado por la capacidad de crear grandes equipos de cooperación.
Dicen algunos historiadores que los neandertales eran mucho más fuertes, pero no tenían esa capacidad de agruparse. Y uno de los elementos que han usado siempre los sapiens para juntarse es crear ciertos valores culturales, que pueden ser religiones o pueden ser otra cosa, pero que sirven para aglutinarse en grandes cantidades y construir nación, construir patria, construir una religión.
Somos animales utópicos. Necesitamos banderas, necesitamos himnos. No importan las banderas ni los himnos: lo que importa es que sirven para testimoniar un “nosotros”, ese subjetivo que necesitamos.
Y Artigas ha cumplido, entre otros factores, ese papel. Existen hoy hasta autores contemporáneos que lo definen como una especie de fetiche colectivo.
Yo no voy a relatar una cronología de Artigas. Apenas quiero plantear algunas cosas de su época y de su tiempo, y una definición de entrada: en su tiempo, Artigas es un formidable revolucionario. El más fenomenal que tuvo la historia uruguaya.
Y no lo digo por cuestión apologética. Lo digo intentando resumir algunas cosas. Hay que ubicarse en el tiempo y en las características de la época en que le toca actuar.
Artigas, independencia y república
Recordemos que la Revolución de Mayo arranca como proceso haciendo declaraciones públicas de que están condolidos y quieren preservar los derechos de Fernando VII, que ha quedado cautivo por la invasión napoleónica.
Hay como miedo y como vergüenza de plantear la independencia. Y va a costar ese proceso.
Y es Artigas el primero que claramente y terminantemente plantea, en las Instrucciones del año XIII, la independencia y declarar nulos todos los vínculos que pudieran haber con el coloniaje.
Y esto es una ruptura revolucionaria en su época. Porque tenemos que ubicarnos en ese tiempo.
Y lo es también porque plantea una futura forma de gobierno republicana. Y en el momento en que Artigas plantea esa forma, está en retroceso la vorágine que había desatado la Revolución francesa en el mundo. Es el tiempo napoleónico, un poco de restauración.
Y en ese tiempo Artigas plantea la forma republicana de gobierno.
Lo plantea cuando muchos hombres importantes del Río de la Plata salen a buscar a un príncipe y definen que no hay forma de conducción posible por estas emergentes nuevas provincias. Y allá van Alvear, Rivadavia, Pueyrredón: uno cortejeando a algún príncipe inglés, otro a un francés. Hasta se acordaron de un príncipe ruso que después ni siquiera se animaban a escribirlo.
Y hasta el final, ante tantos fracasos, hubo alguno que se acordó de ver si podían conseguir un descendiente de inca.
Es decir, había una visión monárquica. Lo más avanzado era monarquía constitucional, pero monarquía al fin.
En ese panorama, Artigas plantea organización republicana. Y eso es revolucionario en ese tiempo. Es rupturista. Se armó una polvareda.
Recuerden que Brasil va a evolucionar en una forma monárquica. La independencia de Brasil la decreta un emperador: Pedro.
En ese panorama, Artigas plantea eso.
El federalismo artiguista
Y hay otra definición, que está muy clara en las Instrucciones del año XIII: plantea el federalismo como instrumento de democracia naciente, emergente, y como instrumento para garantizar la unidad en tan vasto territorio.
Recordemos dos cosas. En la cabeza de los viejos libertadores de América, la ruptura con el coloniaje suponía el intento de recoger hacia el futuro, como estructura, los límites de los viejos virreinatos.
Artigas recoge el mensaje federal. Alguna información debió de haber manejado, cosa que no sabemos, o por lo menos yo no sé, de que la organización federal va a dar origen al acuerdo de las colonias inglesas cuando se liberan.
Y allí la organización federal fue un instrumento para asegurar la unidad de un Estado naciente, a partir de colonias independientes.
Acá, el proyecto federal busca exactamente lo contrario: poder conformar una gran unidad en territorios donde se podía demorar un mes en ir de un lado al otro.
Está muy claro en la literatura artiguista: cada provincia tiene que elegir la forma como y con quién se va a gobernar. Es una forma de democracia directa.
Democracia entre comillas. No podemos trasladar nuestro criterio moderno a una democracia germinal que empieza a nacer. Tenemos que ubicarnos.
Todas las democracias occidentales, en su origen, son censitarias. Los que deciden, más claro, son los ricos. Y unos pocos ricos.
Va a costar mucho que puedan participar en la decisión las multitudes del pueblo común. Y mucho más todavía que las mujeres puedan participar en ese largo proceso y caminar del uso humano.
¿Pero esto qué quiere decir?
Que esa forma republicana y federal apuesta a la creación de poderes locales en un territorio vastísimo, reservando a un gobierno central las cuestiones generales: la política internacional, las relaciones y eso.
Este planteo es crucial.
Artigas es el fundador del federalismo en el Río de la Plata. Eso va a cubrir casi todos los duelos y desavenencias.
¿Por qué? No olviden que nuestra gesta de independencia, de toda América, se da en el mismo momento histórico en que se empieza a tejer el mercado internacional. Es cuando empiezan a hacerse más consistentes las relaciones comerciales con un mundo central, que es Europa, y un mundo periférico, en el cual estamos nosotros.
Por eso los puertos empiezan a ser cabeza de león.
Muchos años después, un pensador español que nunca estuvo en América, pero que escribía para La Nación, se sorprende mirando el mapa de América. Me refiero a don Miguel de Unamuno: cada puerto importante terminó organizando un país. Porque de entrada fue más decisiva la comunicación con Europa, por el comercio internacional, que la comunicación entre nosotros.
Estas cuestiones no son de maldad ni de bondad. Son consecuencia de cómo se da la historia y cómo forma.
Si ustedes miran, las capitales de los países europeos están colocadas casi en el medio, con un sentido de previsión, de plaza militar encargada de todo el sector. Madrid en el medio. París. Berlín. Moscú. Solamente Inglaterra, que es una isla y que depende del mar y del puerto.
Sin embargo, el arranque de todas las capitales en América Latina tiene que ver con un puerto.
Esto así dicho es una anécdota, pero alrededor de los intereses portuarios se va generando una clase económicamente fuerte y decisiva en nuestra historia: el alto comercio que exporta e importa, y una intelectualidad naturalmente dependiente.
Y una extracción de recursos del resto del territorio que pasa por esa puerta de embudo.
Todos los puertos latinoamericanos fueron centralistas, antifederales. Esto va a significar mucho en Colombia, va a ser el fracaso del sueño bolivariano, por el tironeo que van a imponer en la historia los intereses del puerto.
No tiene que extrañar esto, porque la contradicción entre el puerto de Montevideo y el puerto de Buenos Aires viene desde España. Hay que leer a Pablo Blanco Acevedo para darse cuenta de que ya en la época de la colonia había lío por la cuestión del puerto.
Porque el puerto de Montevideo era el mejor puerto, y la flota española del Atlántico Sur recalaba en Montevideo. Las Malvinas se atendían desde Montevideo. Era el mejor puerto militar.
Pero Buenos Aires estaba en la punta del embudo de la pampa. Desde el punto de vista económico, era el gobierno.
¿Y por qué eran tan importantes los puertos?
Porque el Estado emergente, nuevo, el único recurso económico importante que tiene son los impuestos portuarios.
En la patria primitiva nadie pagaba impuestos, nadie pagaba contribuciones. El único ingreso importante que tenía el Estado era lo que utilizaba la aduana.
Y quien dominaba la aduana tenía plata para armar un ejército. Y si tenía plata para armar un ejército, tenía plata para imponer decisiones políticas que fueran favorables a sus propios intereses.
Esto es lo que está abajo de las contradicciones.
¿Por qué tanto lío con Buenos Aires? Porque es una lucha de intereses.
Es bueno recordar esto como uruguayos.
Más adelante del artiguismo, en la Guerra Grande, esos diez años que Montevideo estuvo sitiado, ¿de qué vivía Montevideo sitiado? Vivía del puerto.
Hay un discurso de Thiers en París que más o menos dice lo siguiente: “Nuestra querida colonia de Montevideo, que nos consume más vino que todo el imperio de ultramar”.
Llegaba a Montevideo y después entraba en toda la región. Vía mercado clandestino, vía bagayo, digamos, que es más viejo. El bagayo es más viejo que la patria.
¿Por qué? España tenía una forma centralizada. Trataba de que todo entrara por Cartagena y saliera de Cádiz, y ya se estaba desarrollando la competencia inglesa.
Entonces, esa es nuestra historia.
Pero me quería detener en la importancia del puerto y del dominio del puerto. La economía termina generando una inteligencia a favor, intereses y todo lo demás.
¿Por qué explico esto? Porque de ahí van a emerger las contradicciones al federalismo.
El federalismo es una visión que trata de distribuir poder político a favor de las provincias. Pero el poder político también es una defensa de la economía. El que tiene que pasar por el puerto tiene que pagar impuestos. Las extracciones, como se decía.
Bueno. Y eso es importante en aquella época.
El país pastor y el gaucho real
Ustedes recuerden que los uruguayos, los orientales, somos vendedores de pastos transformados. Unos bichos complicados: parásitos de los animales pastodios.
Hemos vivido históricamente a costillas de los ganados. Y los ganados viven de comer pastos.
El primer informe, nuestro primer ministro de Hacienda, era previsor. Fue a andar y escribió un informe a la Corona que dice: “Tierra de pastos de aguada”.
Aunque la población ganadera probablemente se la debemos en el fondo a los jesuitas.
Pero no es la única cosa. Hay otras cuestiones que aparecen muy claras, en las cuales me quiero detener.
¿Cuánta sería la población que tenía este país? No sabemos. Pero seguramente la campaña uruguaya no tenía mucho más de 30.000 personas desparramadas en esa inmensidad. De las cuales probablemente 14.000 o 15.000 eran gauchos.
¿Qué es el gaucho?
El gaucho no es ese señor que vemos en los días de fiesta patria arriba de un caballo, en la Patria Gaucha. No tiene nada que ver ese gaucho moderno con el verdadero gaucho, carne de cañón de nuestra historia.
Es muy difícil transmitir eso e imaginarlo. Para describirlo tengo que acudir a un amigo que está muerto, que se fue: Daniel Vidart. Para hacernos una idea.
Porque es importante detenerse en quiénes fueron los principales soldados de Artigas.
Lo define Vidart:
“Un parásito humano del ganado cimarrón. De tanto dormir bajo los rocíos o las heladas, cubierto apenas con un viejo poncho cribado por el uso, su cuerpo tenía una piel paquidérmica y un aguante a toda prueba. Pero el reúma entraba igual por la ancha puerta de agosto. Soportó, encogido como un bicho del monte, las lloviznas mordientes de la mala estación. Sudó la gota en los mediodías reverberantes. Padeció enfermedades crueles. Pagó, en definitiva, tributo a su vida errante, a su dieta carnívora y monótona, a su ignorancia de la higiene, a las espinas del tala, a las picaduras de la crucera, al quiste hidático, al carbunclo, a la rabia de las perradas cimarronas después de las invasiones inglesas, a la parasitosis intestinal, a la avitaminosis del hambre oculta, a los piojos y pulgas, a las vinchucas y chinches, bichos colorados y alacranes”.
Este es el personaje de nuestra historia, posible por ser un país pastor.
Había vacas cimarronas para voltear en cualquier lado y con eso se comía. Y de vez en cuando se llevaba un cuero que se vendía en alguna pulpería y se cambiaba por tabaco, por caña, por alguna pilcha.
Lo que valía de los animales era el cuero. Y alguna changa por aquí y por allá. Hombre de a caballo y de familia errante. A veces contrabandista en un equipo deforme que llevaba, porque los animales se vendían más caros en Portugal.
Porque la política portuguesa era acurrucarse con los ingleses. Y los animales nuestros eran más grandes que los animales de Río Grande. Entonces era ventajoso llevar animales para allá. Era toda una actividad de aquella época.
Entonces, este personaje no tenía tierra. País pastor cuya primera actividad era vender cuero.
Hay que tener la idea de que se vendían 300.000 cueros por año, a veces más, y probablemente se contrabandeaba otro tanto, mucho más por el lado de Brasil.
Para dar una idea: el cuero de los animales primitivos era una coraza. La garrapata no los atravesaba. Habían generado un cuero muy grueso que se defendía de la garrapata. La garrapata es una plaga que vino cuando los ganados se mejoraron. No es de los tiempos artiguistas.
A tal punto que pesaba cuarenta y pico de kilos un cuero de un animalito que pesaba 250 kilos.
Entonces, la pampa, el paisaje, la comida y los recursos están ligados al ganado.
No fuimos un país agrícola. En los lugares donde el coloniaje explotó la producción de azúcar se precisaba mano de obra, y ahí se trajeron millones de esclavos. Se tenía que tener un campo poblado, porque el campo requería mucha mano de obra.
Es lo que pasó en el sur de Estados Unidos, lo que pasó en Haití, lo que pasó en las zonas azucareras.
La pampa ganadera precisaba poca gente. Porque el que trabajaba era el pasto.
La tierra y la revolución artiguista
Pero además hay otro factor para entender una de las cosas más revolucionarias de Artigas, cuyo fracaso le puso un sello a la historia del Uruguay, en mi humilde opinión.
Es el problema de la tierra.
Porque nosotros somos hijos descendientes de naciones feudales. España y Portugal, cuando salen a ser imperios, son todavía países feudales. Y no se puede largar para afuera lo que no se tiene adentro.
Hay una gigantesca diferencia entre el arranque de la colonización inglesa en las colonias del norte y la colonización española o portuguesa. Y esa diferencia se ve en el arranque de cómo se distribuye la tierra.
Porque en Inglaterra, cuando arranca el coloniaje, ha triunfado la revolución burguesa. Le dejaron a la nobleza los títulos, los bucles y todo lo demás, pero le quitaron el poder económico.
Y la burguesía naciente va a repartir la tierra con odio al feudalismo. Va a repartir tierra con una función: lo que necesita más o menos una familia para prosperar. No grandes extensiones, un departamento entero, como hacía España o como hizo Portugal. No. Lo que necesitaba, más o menos, en su época, una familia para vivir.
Y eso produjo una rápida explosión productiva en aquellas colonias que van a ser el origen de Estados Unidos. Con una clase media con poder de consumo que va a llevar de la mano a la industrialización. Porque al tener poder adquisitivo se compran cosas para mejorar, inevitablemente. Y eso va generando en los pueblos, en las ciudades, un incipiente desarrollo industrial.
Acá el reparto de la tierra produce una concentración del ingreso muy grande en muy pocos, y después los gauchos sin poder adquisitivo.
Por eso esas clases acomodadas tienen un altísimo consumo de cosas importadas.
Artigas vivió estos problemas. Ya siendo blandengue, en 1800 y pico, acompañando a Azara, reparte tierra en Batoví. Y a partir del año 1804 o 1805 están habilitados a repartir tierra fiscal en el norte.
Artigas hace ya, antes de la independencia, reparto de tierra, como a Baltasar Ojeda, como a Verdún, como a Basualdo, hombres que lo van a acompañar en la gesta revolucionaria.
Entonces, su Reglamento de Tierras en el momento de máximo poder no es una cosa caída del cielo. Son muchísimas las iniciativas que hubo de repartir y afincar tierra, siempre fracasadas por presión de los grandes propietarios, que tenían influencia política en su tiempo.
En aquel tiempo, para conseguir un pedazo de tierra grande había que hacer una gestión e ir a Buenos Aires, que era la cabeza del virreinato. Había que empezar a mover la burocracia ahí, y eso llevaba tiempo y plata. Una cosa imposible para los pobres.
Y entonces, en realidad, el gran territorio era sobre todo conseguir una trampa para juntar ganado, carnear ganado cimarrón y vender los cueros. Esa era la actividad económica germinal.
Esto determinó que la tierra se fuera repartiendo con ese criterio, en gran medida, sobre todo las grandes extensiones. Salvo cuando hay alguna fundación, como la fundación de Montevideo, en la que se adjudican algunas chacras, algunas fracciones a los pobladores iniciales, pero no el gran campo.
Artigas, por su vida de muchacho matrero, vendedor de ganado, que anduvo por un lado y por otro, conocía esto así. Y seguramente debió de haber conocido los rastros del imperio jesuítico.
Artigas, al arranque de la revolución, ha vivido mucho. Es un hombre maduro. Ha andado muchas leguas por este país. No sabemos cuánto había leído. Yo creo que no hay duda de que debe haber hecho miles de kilómetros a caballo.
Y lo conocían. Lo conocían porque hay una cantidad de retazos en la literatura artiguista: “los siete pueblos de las Misiones, que a su debido tiempo se reclamarán”. Él tenía claro aquellos pueblos fundados en Río Grande por los jesuitas, que pertenecían al territorio castellano, diríamos.
También soñaba. Todo luchador es un poco soñador.
Pero seguramente estas cosas no nos llegaron. No había internet ni nada por el estilo para registrar. Lo que podemos usar es una carta que apareció por aquí o por allá, pero seguramente tenía una enorme experiencia en ese mundo de gauchos y de lidiar con ese mundo gaucho.
Por eso, cuando está en el ápice de su poder, ya hay rastros de que antes, en plena guerra, en el propio éxodo, se repartía tierra. Pero en su momento de auge, pasado el primer armisticio, pasado el gobierno de la Junta, cuando empiezan los líos con Buenos Aires, en ese momento muchos comandantes artiguistas andan por aquí metiendo la mano. Y se arma un lío de la gran flauta, porque hay excesos, hay barbaridades.
Y entonces le van a chillar a Artigas, sobre todo desde el Cabildo de Montevideo. El Cabildo de Montevideo lo obedecía, pero de mala gana, porque estaba dominado por intereses a los que no les gustaba el asunto.
Entonces Artigas decide sacar un reglamento para estampar cuál va a ser la política de tierra, por 1815, en el auge de su poder.
Me tengo que detener un poco, porque considero que es algo formidable para su época y que la esperanza de un Uruguay distinto murió bajo los caballos portugueses de la invasión.
Este reglamento, para encauzar la distribución de la tierra y afincar a esa población golondrina, tiene algunos contenidos notables:
“Los sujetos dignos de esta gracia, con prevención que los más infelices serán los más privilegiados. En consecuencia, los negros libres, los zambos de esta clase, los indios y los criollos pobres, todos podrán ser agraciados con suerte de estancia, si con su trabajo y hombría de bien propenden a su felicidad y a la de la provincia”.
¿Qué es una suerte de estancia?
Una suerte de estancia es una superficie que pueda dar al menos unas 700 cuadras, según los estudios de Campal. En la época eso era suficiente para producir unos 130 o 140 cueros al año, que era lo que se vendía, y eso daba un ingreso para mantener bien una familia normal.
Es decir, hay una visión madura.
Si leemos todo este reglamento nos vamos a dar cuenta, en primer término, de que si alguien tiene mucho campo no tiene suerte. Esto es para los que están pelados.
“Que los más infelices sean los más privilegiados”.
Esto es revolucionario en América Latina. Hay que ir a México, a Hidalgo y a Morelos, porque en ninguna parte de América se vio una cosa de estas en su época y en su tiempo.
Porque tiene varias cosas. Es el primero que tiene el coraje de acordarse de los indios.
Después vamos a tocar este tema. Le escribe al gobernador de Corrientes: ellos tienen el principal derecho, que ellos elijan su forma de gobierno. Y dice más o menos: su salvajismo y su atraso no es causa, es consecuencia de cómo los han tenido. Y nosotros no debemos perpetuar eso. Ellos deben gobernarse a sí mismos.
Y hasta donde mi intelecto da, es el primer gobernante de América Latina que le da un puesto de jerarquía a un indio: Andresito, como gobernador de las Misiones.
Recuerden que escuadrones de indios acompañaron la derrota, el éxodo, y en todas partes. Recuerden cuando quedó apretado entre la laguna Iberá y el Paraná, y decidió internarse y pedir asilo en Paraguay: los últimos voluntarios que llegaron fueron los indios, que se ofrecieron para seguir la guerra. Y él no quiso.
Quiere decir que entre los indios había como un reconocimiento hacia Artigas. Artigas había entrado en el corazón de los indios. Lo respetaban. Es un caso único, creo, en la historia, por lo menos en esta parte de América.
Y en este reglamento de tierra, ¿a quién se le da? ¿A quién pone aquí?
“Los terrenos repartibles son todos aquellos de emigrados, malos europeos y peores americanos, que hasta la fecha no se han indultado por el jefe de la provincia para conservar sus antiguas propiedades”.
Los que habían rajado por la guerra, o los que eran “contra”: malos europeos y peores americanos.
La tierra se había repartido entre ellos. Había más de un tercio del país de tierra fiscal.
Y una cosa curiosa: en la gente a repartir también entran las viudas con hijos. A mi juicio, es el primero que se acuerda de las mujeres. Hay un derecho en América Latina. Se acuerda de las muchas viudas. La guerra fue…
Pero tiene decisiones moderadoras y curiosas:
“Para repartir los terrenos de europeos y peores americanos se tendrá presente si estos son casados o solteros. De estos, es decir, de los solteros, malos europeos y peores americanos, se les expropia todo y se reparte todo. Pero de los que son casados con hijos se atenderá al número de sus hijos, con concepto a que no sean perjudicados. Se les dará bastante para que puedan mantenerse, siendo el resto disponible”.
Es decir, se les saca una tajada. Si tienen familia con hijos, se les deja para que los hijos vivan.
No puedo leer todo esto, pero quiero decir algo:
“Los agraciados no podrán enajenar ni vender estas suertes de estancia, ni contraer sobre ellas débito alguno, bajo la pena de nulidad, hasta el arreglo formal de la provincia, en que ella deliberará lo conveniente”.
¿Tuvo importancia esto?
Hay que ver que fue escrito en 1815 y que en 1816 va a tener la invasión portuguesa arriba. Es decir, casi en el medio de la guerra.
Y que el Cabildo de Montevideo, que tenía que ser una autoridad en definitiva, le puso toda la retranca que pudo. Y Artigas se calentó, hasta le mandó la renuncia y los amenazó con hacer una alcaldada. La tuvo que sacar medio a pichera, pero la sacó.
Los autores que han hecho investigaciones en esto llegan a la conclusión de que casi un tercio del territorio se repartió. Fue algo fenomenal.
Y recuerden que las exigencias eran hacer dos corrales y un rancho en dos meses. Y si no lo hacían, se los reconvenía y se les daba otra oportunidad; y si no, se iban para afuera bailando.
¿Por qué dos corrales?
Porque había que amansar el ganado cimarrón. No había alambrado. Entonces el ganado había que aquerenciarlo. Y para aquerenciarlo tenías que acostumbrarlo a dormir en un lugar de noche, etcétera.
Porque no era solo el campo, también el ganado. Tener campo sin ganado era inútil.
Bueno. Tenemos que ubicarnos en el contexto de la época.
Es decir, son cosas muy inteligentes, con mucho sentido común, con las limitaciones de la época. Pero toda investigación que se ha hecho muestra que es una medida acertada.
En realidad, si se hubiera podido concretar… porque a esto le pasaron por arriba. Los portugueses hicieron un saqueo de la gran flauta.
Esto le generó muchísimos enemigos: los terratenientes, los hacendados, los que perdieron el campo. Porque en cuanto desaparece Artigas de escena empiezan los pleitos y empiezan a echar a la gente.
Ojo: es un pedazo de nuestra historia fracasada.
Aduana, comercio y trabajo nacional
Porque este proyecto viene acompañado de otros proyectos formidables. Son juntos: la ley de aduana.
No estoy hablando del guerrero; estoy hablando del gobernante, que tiene que administrar una guerra en todo este horizonte, pero tiene que tomar medidas de gobierno.
Y entonces, paralelamente, saca una disposición de aduana que tiene esta característica: es altamente proteccionista del trabajo nacional.
Y como este reglamento de tierra es para los americanos, una exigencia era que tenían que ser latinoamericanos, el no dice orientales ni argentinos, dice americanos, en la ley de aduana establece un margen de aranceles donde, por un lado, castiga fuertemente importaciones suntuarias y favorece lo que pueden ser importaciones de la región. Es decir, eso que llamamos mercado común.
Y establece exigencias comerciales: el comercio solo para los criollos, para los americanos. Los ingleses pueden llegar al puerto y tienen que vender en el puerto. Después, para adentro, no.
Es decir, les quita impuestos, si queremos utilizar el lenguaje contemporáneo.
Pero las cosas que son un poco de lujo, esas las castiga, las encarece. Y lo que producen los criollos, lo que produce el norte argentino, llega más barato que los tejidos, por ejemplo los ponchos tucumanos.
Ustedes recuerden que antes de la erosión fuerte de Inglaterra acá había una industria incipiente, importante, en las provincias del norte argentino. Industrias de tejido.
Recuerden que los españoles primero fueron al oro y a la plata. Recuerden aquella ciudad vieja boliviana, ahí donde está el Cerro de Plata, que fue la ciudad más importante de Occidente en el albor de la plata.
Y entonces el desarrollo industrial venía al revés. La nuestra era, en los primeros años del coloniaje, tierra de ningún provecho, hasta que se tapó de vacas.
Entonces, de ahí se heredó una cierta actividad industrial artesanal. Que Artigas y su tiempo conocieron. Que después va a desaparecer, porque los ingleses llegaban acá, miraban lo que era un freno e iban a Manchester, lo hacían y lo traían mucho más barato. Y veían lo que era un poncho, lo traían, lo hacían más barato.
Todo eso explotó hecho pedazos por el libre comercio. Artigas era, en alguna medida, consciente de eso. Por eso gravaba con impuestos distintos.
Pero todo esto lo tenía que medir. Por ejemplo, no gravaba la pólvora ni las armas, porque las precisaba como el pan. ¿Se dan cuenta?
Y cosa curiosa: nuestro primer comercio con Estados Unidos viene por ahí. Porque no se olviden de que las nacientes colonias son una revolución en el mundo. Y algunos representantes que competían con los ingleses simpatizaban con Artigas. Y trajeron armas, vendieron algo. Armas vendían todos los que podían. Y llevaban cuero.
Este reglamento de aduana es importante porque es un proyecto que, junto con la ley de tierra, dibuja toda una concepción.
Naturalmente. Hay que tener presente, por eso ya les hablé tanto de los puertos, que era natural que con estas concepciones chocara con parte del Cabildo de Montevideo.
Recuerden lo que les dije de la democracia censitaria: en los cabildos no estaban los gauchos presentes. No estaban los indios pobres. Lo que está presente es la clase pudiente de la época.
Los odios de los propios pasan del gobierno a Buenos Aires.
No cabe duda de que Artigas va a generar una simpatía brutal en el pobrerío de la región. Lo dice Belgrano en una carta: “Acá son todos montoneros”. No alcanza con el ejército. Estaba desesperado. Era la masa de gente pobre, más o menos.
Por eso Buenos Aires, derrotado, vive un proceso muy duro.
Artigas no quiso un país chico
Primero: Artigas nunca se planteó la independencia de lo que va a ser el futuro Uruguay. Se planteaba la autonomía de la provincia. Y por eso, por levantar esa idea de provincia, logró en su momento de auge que todo el litoral argentino lo acompañara: Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fe, y llegó hasta Córdoba.
Es decir, la idea del federalismo cundió.
Por eso Buenos Aires, desesperado, le va a ofrecer en distintos gobiernos reiteradamente que se quedara con la Banda Oriental. En la época de Alvear le daban la costa del Paraná para acá. Y Artigas los mandaba a freír papas. Seguía insistiendo en la organización federal.
Como era imposible dominar a Artigas por el peso sociológico que tenía, van a acudir hasta al intento de asesinato. Eso es prueba.
Intentaron comprar a Otorgués, que era medio pariente. Y Otorgués se hizo el filo: le comió unos cuantos pesos y un par de pistolas, y los dejó colgados. Por eso nos enteramos.
Como todo eso fracasó, trabajaron diplomáticamente con Portugal para conseguir la invasión y tratar de agarrarlo en dos fuegos. Cortejaron con San Martín todo lo que pudieron. San Martín estaba organizando el Ejército de los Andes, que iba a atacar a Chile. San Martín no quiso darles pelota. Lo querían volcar contra Artigas.
Y al fin y al cabo, diplomáticamente consiguieron la invasión portuguesa, que es la que va a abrir el capítulo de la derrota artiguista.
Yo creo que no fue Artigas el que perdió nuestra historia.
Yo vine aquí a plantear ideas en el costado de la historia. No vine a hacer un relato cronológico de la gesta artiguista, que lo pueden encontrar en cualquier manual.
El problema es que la colonización inglesa que dio origen a las colonias que van a crear la base de lo que será Estados Unidos tiene su origen en un reparto de tierra inteligente. Porque rápidamente creó una clase media rural con poder adquisitivo que ayudó y empujó a la industrialización. Cosa que no pasó en el sur de Estados Unidos. Pasó en el norte.
Pienso que el proyecto artiguista de reparto de tierra tenía mucho de eso. No crear grandes latifundistas, sino crear una gran clase media rural con mayor reparto.
Es decir, el reparto de la tierra es, en el fondo, un reparto equitativo del ingreso posible en el marco de su época.
Por eso para mí, en mi manera de ver, este es el fracaso de nuestra historia en gran medida, que nunca más el Uruguay pudo remontar.
Nada de esto es deliberado. Esto son consecuencias de cómo se da la historia. Yo no hablo ni de mala ni de buena fe. Lo que pasa es que la historia empuja en un sentido y en otro.
Recuerden que el planteo artiguista también suponía una futura capital del Virreinato, de las futuras Provincias Unidas, que no podía ser Buenos Aires. O que no debía ser Buenos Aires.
Fue esa oligarquía porteña, apegada a los intereses del puerto, con la que vivió en luchas permanentes. Y derrotada militarmente en Cepeda por los caudillos artiguistas López y Ramírez, en el momento en que los portugueses derrotaban a Artigas.
Curiosamente, los que atan los matungos en la Pirámide de Mayo son los entrerrianos de Ramírez. E inteligentemente la oligarquía porteña los compra y se le van a dar vuelta a Artigas, a un Artigas que está debilitado porque está peleando con los portugueses.
Entonces, ¿de dónde sacó esa manera de pensar Artigas? No sé. ¿Conoció la historia de la Revolución americana? ¿Había leído? No sabemos. Yo no sé.
Pero no cabe duda de que conocía mucho de hombres y de humanos, y se daba cuenta de la importancia del problema de la tierra en el contexto de su época.
Por eso es el revolucionario por antonomasia en esta historia. Jamás se planteó hacer un país independiente. Apuntalaba un proyecto para toda la región.
Como Bolívar soñaba con la Gran Colombia.
La historia humana está llena de hombres grandes que fracasan. El progreso humano está lleno de hombres grandes que fracasan. Pero no pasan inútilmente. Dejan un capital. Dejan un valor de mística, de símbolo nacional.
La leyenda negra y la mirada sobre los caudillos
Sobre Artigas cayó una leyenda negra. Dijeron de todo. Lo odiaban.
Desde la leyenda de Cavia, que sacó un libelo tratándolo de todo lo imaginable. Dijeron de todo menos que era bueno. Lo trataban de anarquista, “caporal de los anarquistas”, desintegrador y cosas por el estilo.
Crearon toda una leyenda con algunos historiadores importantes, como Sarmiento, como Mitre, que dijeron cualquier barbaridad.
Estaban en el grupo pesado.
Sarmiento llegó a escribir una carta pidiéndole a Mitre: “Derrame sangre de gaucho, que es lo único humano que tiene”.
Bueno, esa es la historia. Fueron hombres muy importantes, que tuvieron odios muy importantes.
Hubo otros pensadores, como Alberdi. Cosa curiosa: Alberdi joven detestaba los caudillos populares. Alberdi viejo oscilaba. Dice más o menos: “Yo no los comprendí. Eran vástagos de una democracia primitiva”.
¿Cómo se iba a juntar la gente? ¿Iban a hacer una asamblea? ¿Iban a votar? ¿A hacer discursos? No podían. Se aglutinaban alrededor de personalidades fuertes de su época.
Por eso dice: “Vástagos de una democracia primitiva”.
Cuando nos asomamos al pasado tenemos que medir a la gente en el contexto de su época.
Digo esto porque Artigas, por ejemplo, le daba la libertad a los esclavos que asumían actitud de pelear por la independencia. A los que no, no les daba pelota. Y lo han criticado intelectuales contemporáneos.
Porque desde el punto de vista de los principios tal vez tengan para criticarlo, pero se olvidan de que es un hombre que está en guerra. Y se olvidan de los prejuicios de su época. Y cuando se está en guerra hay que mirar todo si conviene o no conviene para la guerra.
Porque la esclavitud… Montevideo tenía un tercio de su población esclava. ¿Ustedes creen que la esclavitud desapareció por una cuestión de derechos humanos? No. La esclavitud desapareció porque al final no era negocio. Salía muy caro.
La segunda actividad económica que va a surgir al lado del cuero es el tasajo, el charque.
¿Qué destino tenía el charque? No había heladera en aquella época. Y a la cantidad de esclavos que se traían para trabajar en el azúcar, en Bahía, en África y en el Caribe, había que darles un poco de proteína animal. Y la única manera de conservar la proteína animal era con sal: haciendo charque, tasajo.
Eso se transformó en una actividad económica importante. Tan importante que tiene que ver mucho con nuestra independencia.
Ya en los tiempos de Artigas había empezado, pero en plenas guerras se va a transformar en una actividad explosiva económicamente. Y es uno de los motores por los que nos invade Portugal y después Brasil.
Y es uno de los motores por los que, en el Uruguay primitivo, nunca hubo un ejército tan bien armado y con tantos recursos como el que sobrevino a lo que se llamó la Cruzada de los Treinta y Tres, que ni fueron treinta y tres ni eran todos orientales. Pero bueno, había de todo ahí y eran probablemente cuarenta o cuarenta y cinco, no importa.
Pero la estaban cotizando los saladeros argentinos, empezando por Anchorena, y el tercero era Rosas.
Un ejército que tuvo de inmediato 150.000 pesos duros, patacones, que era una fortuna para la época.
¿Por qué tanto patriotismo? Porque en la medida en que los portugueses ocupaban acá, y después los brasileños, no les compraban charque para la población esclava que tenían. Estaban perdiendo el negocio.
Hay pruebas de que don Juan Manuel de Rosas, con 20 años, recorrió la campaña uruguaya tres o cuatro meses antes de la invasión. Seguramente estaba haciendo los contactos. No tenían teléfono celular en aquella época.
Con un pretexto, colaboraron enormemente los intereses de los saladeros argentinos, porque había una cuestión económica.
Siempre está la economía acompañando las guerras.
Artigas como símbolo común
Por todo esto vale la pena hablar de Artigas.
Pero Artigas fue acá, hasta 1860 y pico, mala palabra. Traicionado y olvidado en el seno de nuestras guerras civiles.
Pero después de tantas guerras civiles, como dice Berro, tuvimos primero la Constitución, después había que hacer la patria. Y vaya que nos costó de desavenencias y conflictos. Pero necesitábamos algo que nos uniera, cuando estábamos tajeados entre blancos y colorados y colectivistas.
Necesitábamos una cosa común. Y se empezaron a acordar de Artigas.
Latorre llamó a Artigas. Y como recuerdo fue a Santos que se le ocurrió hacerle una estatua. Demoró como cuarenta años.
Pero discutieron en el Parlamento de aquella época si ponerle “fundador de la nacionalidad” y optaron por ponerle “José Artigas”. Porque decirle que era fundador de la nacionalidad, desde el punto de vista práctico, claro, en el acervo nuestro… él no se lo propuso.
Pero creo que nos metió algunos sellos, más allá de lo subjetivo, que están metidos en nuestra nacionalidad.
Ustedes saben que este país está lleno de defectos. No hay cosa humana que no tenga defectos. Pero en el contexto de América Latina es el que mejor reparte, el que siempre ha estado preocupado por políticas sociales, por atender a los más débiles, si comparamos con el resto de América Latina.
Es curioso, porque hasta los gobiernos más conservadores del Uruguay tienen que hacer algo de políticas sociales. No son como los conservadores de otros lados, que son más crudos.
Acá, “que los más infelices sean los más privilegiados” es algo que está metido, creo, culturalmente. Arranca de ahí, de que siempre estamos mirando para el que está más jodido.
Y nos cuestan líos internos y nos cuesta en pila, porque uno lo comprende y el otro no lo comprende. No importa.
He sentido por ahí que hay gente que apoyó la decisión del nuevo gobierno y ahora está desconforme porque el gobierno quiere hacer políticas sociales, y ellos querían que el Estado no gastara plata en eso.
Bueno, yo pensaba que eso venía del batllismo. Estoy dando historia y me doy cuenta de que precisamente viene del viejo Artigas, nos demos cuenta o no nos demos cuenta. Porque él se preocupaba de lo más desastroso de su época: de los indios, de la gente más pobre, de darle una salida.
Es reiterado en varias cuestiones de su literatura de gobierno. Se ve eso. Y creo que, en parte, culturalmente se lo debemos a él, en la impronta.
Por eso yo pienso que este ciclo de charlas, con buenos historiadores —no como yo, que soy un aficionado a la historia, pero trato de sacar conclusiones políticas útiles— vale la pena.
Vale la pena conocer nuestra historia. A los jóvenes, conocer nuestro Artigas. Conocer, en los pesares, a todos los libertadores que fueron derrotados.
San Martín terminó en Francia. Bolívar, refugiado en el agua. A Sucre lo asesinaron.
No comparto a Acevedo. Creo que por ahí dice Acevedo, que fue muy grande en su alegato histórico, que hace la defensa más documentada de todo lo que hizo Artigas. De todas maneras, desliza que cuando pide asilo en el Paraguay no estuvo a la altura de lo que era y de lo que había hecho. Poco menos que esperaba la inmolación de Artigas.
Acevedo es un gran intelectual, que hay que honrarlo y hay que conocerlo. Pero no fue un luchador encarnizado de los que se fajan con la historia real.
Tenía que darse cuenta de que en un hombre como Artigas siempre había un cachito de esperanza en el medio de la derrota. Porque eso es lo que es.
Rosas va a morir en Inglaterra soñando con invasiones, con desembarcar en la Argentina y todo lo demás. ¿Por qué? Porque no se entiende el temperamento de los luchadores: en el medio de la derrota guardan un hilito de esperanza.
Yo estoy seguro de que subjetivamente se internó en el Paraguay con la idea de, en algún momento, retomar. Pero la vida le fue pasando por arriba. Porque eso es el temperamento.
Bueno, queridos amigos, no sé si todo lo que he dicho les sirve para algo. Busquen por ustedes mismos.
Y pienso que este ciclo lo pueden adornar con buenos historiadores. Vale la pena. Pero no para gestualizar ante un monumento de bronce, sino para entender un jefe gaucho de nuestra historia, con un drama humano, seguramente con defectos y con chifladuras, enamorado como Patria.
Artigas, hombre raro.
Yo creo que nos dejó un mensaje formidable en su historia. Y vale la pena, pero no para adorar un monumento, sino para darnos cuenta del valor que creó y que está hoy en plena reivindicación en la Argentina.
Yo fui con la Andrésina a inaugurar un monumento en una plaza allá en Formosa. En el litoral hay una playa de nuevos historiadores argentinos que lo definen como el caudillo de la nacionalidad.
Artigas es tan nuestro como argentino, porque pensó para todo el Río de la Plata. Y esa cuña del federalismo tiene toda la historia de la Argentina.
Por eso yo no quise hablar de los pormenores artiguistas, que lo volvieron loco: los portugueses, la forma que inventó de resistencia como pudo. No quise hablar anecdóticamente porque pienso que esto va a seguir.
Pero vale la pena tener una cronología de los sucesos para ver, en un puñado de años, cuánta cosa pasó, cuánta cosa sucumbió y qué diferencia de estatura hay entre Artigas y lo que vino después.
Porque no sé hasta dónde me da la memoria: hay que esperar a Berro para que haya un gobernante que se acuerde de los peones rurales, de los pueblos. Van a pasar casi 40 o 50 años. Y así le fue a Berro: los carneros lo tiraron en un carro de basura.
Es decir, Artigas se sale de su tiempo. Y en alguna medida proyecta cosas que están latentes hasta hoy.
Termino.
Es muy probable que si cosas como la ley de tierra de Artigas se hubieran podido instrumentar y sostener en el tiempo, hoy seríamos un país mucho más parecido a Nueva Zelanda que al Uruguay de hoy.
Un país mucho más industrializado en términos de valor, definiendo el concepto de industrialización como generar más valor en menos tiempo. Que no equivale a llenar de chimeneas. A veces tenemos una idea primitiva: es un concepto económico.
A ver si me puedo explicar.
¿Saben quién es el segundo exportador de valor agrícola en el mundo? Es Holanda.
Holanda es grande como Canelones. El primero es Estados Unidos. El segundo es Holanda. No tiene proporción.
¿Pero qué es lo que vende? Sí, vende cuestiones agrícolas, pero a través de las cuestiones agrícolas lo que vende es talento, investigación, conocimiento.
Entonces, tú tienes que comprar un sobrecito de tomate que te cuesta cien dólares y que son dos tomates, porque estás pagando el talento que hay en esas semillas, la investigación.
Se hubieran generado las condiciones para hacer una especie de cosa así.
Pero bueno, no pudo ser.
Casi ciento y pico de años después, algunos patriotas, que siempre hubo, discutieron y discutieron y sacaron la ley de colonización en nuestro país. Algunos la votaron y dijeron: “La votamos, pero no le damos los recursos”.
Un proyecto mitigado, pero no por el lado de una derrota militar, sino por la trampa de no darle los recursos.
Pero hubo otra gente que recogió el guante de este desafío antes que nosotros y quiso contribuir a crear un Uruguay moderno, menos extensivo y más intensivo en materia de conocimiento y de inversión.
Estos sueños se los debemos a Artigas.
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